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Con 93 años Taty sólo vive para encontrar al hijo desaparecido por la dictadura argentina: "No me iré sin tocar sus huesos"

Con 93 años Taty sólo vive para encontrar al hijo desaparecido por la dictadura argentina: "No me iré sin tocar sus huesos"
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Este martes se cumplen 50 años del golpe de Estado en Argentina, medio siglo en el que organizaciones civiles de familiares desaparecidos y asesinados por la dictadura han mantenido la lucha por la memoria, la verdad y la justicia. Más información: El golpe de los 'milicos' 50 años después: nadie los justifica pero los recortes de Milei debilitan la memoria

Taty Almeida, presidenta de la organización de derechos humanos Madres de Plaza de Mayo, Reuters

América Con 93 años Taty sólo vive para encontrar al hijo desaparecido por la dictadura argentina: "No me iré sin tocar sus huesos"

Este martes se cumplen 50 años del golpe de Estado en Argentina, medio siglo en el que organizaciones civiles de familiares desaparecidos y asesinados por la dictadura han mantenido la lucha por la memoria, la verdad y la justicia.

Más información: El golpe de los 'milicos' 50 años después: nadie los justifica pero los recortes de Milei debilitan la memoria

Buenos Aires (Argentina) Publicada 24 marzo 2026 02:50h

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El 17 de junio de 1975 era martes. Alejandro había salido de su casa por la mañana para ir a estudiar uno de los exámenes de primero de Medicina que tenía días después. Llamó para avisar de que iba a comer. "Espérame, ya vengo", le dijo apurado a su madre desde un teléfono público. Unos minutos después, en las inmediaciones de su domicilio, un vehículo se paró a su lado. Tenía 20 años cuando fue secuestrado, cuando desapareció.

Ha pasado medio siglo, pero su rostro sigue siendo joven. La imagen de Alejandro cuelga en un gran pin que lleva orgullosa en el pecho su madre, una mujer que a sus 95 años pide no morirse sin poder ver los restos de su hijo: "No pierdo la esperanza, pero dios mío, no me quiero ir sin por lo menos poder tocar sus huesos. Que digan dónde está", dice Taty Almeida.

Ella es una de las últimas caras vivas de la lucha de las Madres de Plaza de Mayo, un grupo de madres y abuelas que con sus pañuelos blancos, que simbolizaban la tela del pañal de sus hijos desaparecidos, fueron la principal resistencia pacífica a la dictadura Argentina y las que consiguieron que el mundo supiera lo que ocurría en el país.

Imagen de los desaparecidos en las paredes de la ESMA, antiguo centro de detención durante la dictadura Carlos Palomino

Durante siete años, las Juntas Militares comandadas por las Fuerzas Armadas argentinas crearon un sistema de represión y exterminio contra guerrilleros, militantes de izquierda e, incluso, ciudadanos sin adscripción política. Una dictadura que empezaría en 1976, pero que un año antes ya empezaba a sacar sus dientes, creando una red de desapariciones, robos de bebés, secuestros de ciudadanos y torturas a miles de argentinos en más de 700 centros clandestinos en todo el país.

Llegada la democracia, esos mismos centros pasaron a manos de organizaciones como Madres de Plaza de Mayo, Abuelas de Plaza de Mayo o H.I.J.O.S. , los familiares de los desaparecidos que cincuenta años después siguen buscando verdad, memoria y justicia.

La justicia que hay detrás de unos restos

María Teresa Trotta y Roberto Castelli fueron secuestrados en febrero de 1977. El día que se los llevaron de casa estaba presente su hija, Verónica Castelli, que tenía poco más de dos años. Fueron trasladados a una comisaría conocida irónicamente como El Sheraton, por ser el lugar donde albergaron a intelectuales, y después los llevaron al centro clandestino El Vesubio.

"Mi madre fue secuestrada embarazada de 6 meses y cuando salió de cuentas fue llevada al Hospital Militar de Campo de Mayo, donde se le practicó una operación con cesárea y le separaron de su bebé", cuenta Castelli, que reconoce que toda la historia de sus padres la pudo conocer ya siendo adulta.

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Después del secuestro asumió su tutela su tío paterno, comisario de la Policía Federal. "Durante años me dijeron que mis padres estaban de viaje y que volverían en mi 15º cumpleaños. Estaba prohibido que la gente me hablara de ellos o de su militancia política y mis abuelas lo hacían a escondidas. Cuando tuve edad suficiente me fui y me declararon persona non grata en mi familia", dice mientras termina de preparar un cartel con la imagen de sus padres que usará durante la manifestación de este 24 de marzo por el aniversario del golpe de Estado.

Para Castelli, como para miles de familias todavía, la posibilidad de encontrar los restos de sus padres "es incierta". El plan perpetrado por la dictadura era precisamente que no se encontraran los cadáveres, y por eso en cada centro de detenciones se practicaron diferentes maneras de asesinato: desde el enterramiento en fosas comunes y la quema de cuerpos, hasta los conocidos 'vuelos de la muerte', en los que se lanzaban desde aviones los cuerpos de los detenidos, en ocasiones todavía vivos, sobre el Río de La Plata.

Manifestación en conmemoración del 49º aniversario del golpe militar de 1976, en la Plaza de Mayo de Buenos Aires. Reuters

Los supervivientes de aquellos centros son fundamentales para los procesos judiciales que en 20 años han podido condenar a más de 1.200 personas por crímenes de lesa humanidad. Castelli reconoce que no está claro cómo acabaron con la vida de sus padres, pero que desde hace tiempo han instado al juez a que analice todo el terreno de El Vesubio.

Un proceso que, según explica, se ha ralentizado, entre otras cosas, por la falta de financiación y los despidos en organismos de derechos humanos que ha realizado el Gobierno de Javier Milei. Es por ello que la labor de organizaciones de familiares y de otras, como el Equipo Argentino de Antropología Forense es fundamental para seguir investigando y presionando a la Justicia y al propio Estado para que no abandone los casos.

Cincuenta años después los cuerpos siguen apareciendo. Hace escasas semanas en el centro clandestino de La Perla, en la provincia de Córdoba, se encontraron unos restos. Doce de ellos han podido ser identificados y entregados a sus familiares. Un proceso de justicia necesario no solo para poder explicar qué es lo que ocurrió en ese periodo histórico, sino también para las propias familias.

Verónica Castelli busca a sus padres, 50 años después.

Para Paula Eugenia Donnadio, integrante junto a Castelli de la organización H.I.J.O.S., las familias hacen una compleja operación mental para asumir que, sin saber cómo, cuándo o dónde, sus familiares fueron asesinados. Aunque su madre fue secuestrada y luego liberada, sus tíos no corrieron la misma suerte y siguen desaparecidos desde 1976.

"Recuerdo que cuando salieron los primeros testimonios del represor Adolfo Scilingo y lo que se hizo en la ESMA, el mayor centro de detención y tortura de la dictadura, mi abuela compró un ramo de flores, tomó un taxi, fue hasta la costanera del Río de La Plata y tiró las flores al agua. Era la única forma que tenía de despedirlos", narra desde una pequeña sala de la propia ESMA, un espacio por el que pasaron sus tíos y que ahora ha sido cedido a organizaciones como la suya.

La búsqueda de los vivos

A Miguel Santucho le dicen 'Tano' por los años que vivió en Italia. Aunque ya tiene una inevitable conexión con ese país, lo cierto es que no fue un viaje que hiciera por gusto. Cuando su madre, militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores, fue secuestrada, su padre estaba en el extranjero y le dijeron que no volviera.

Tano y su hermano se reencontraron con él en el exilio, donde estuvieron hasta que regresó en 1985, a los diez años y con la dictadura siendo juzgada en los tribunales. Fue ya en Argentina cuando descubrió que su abuela estaba en la organización de Abuelas de Plaza de Mayo, algo que solo podía significar una cosa: estaba buscando a un nieto desaparecido. Es decir, que tenía un hermano que no conocía.

Su madre había sido secuestrada embarazada, como pudo descubrir su abuela por unas notas que vio en la casa de su hija poco después de la desaparición. Algo que pudieron corroborar años después cuando algunas compañeras que sobrevivieron reconocieron que, a pesar de las torturas y los tratos a los que había sido sometida, ella había mantenido ese embarazo. Nunca les pudieron asegurar que hubiera nacido el bebé, pero su abuela nunca dejó de buscarlo. Lo hizo hasta el día de su muerte.

Todavía en dictadura las abuelas iban al extranjero con restos de pelos de los bebés robados

El proceso de búsqueda de los nietos apropiados es complicado. En ocasiones lo que hay es información del entorno de los apropiadores con el que ir a la Justicia, abrir una causa y tratar de investigar el origen de esos chicos. Todavía en dictadura las abuelas salían al extranjero a contar sus historias con fotos y algunos restos de pelos o huellas digitales de los bebés que habían sido robados.

Pero el caso de los que nacían en centros clandestinos, como era el caso del hermano de Tano, era diferente. No había nada. Solo quedaba esperar que en algún momento de su vida su hermano tuviera dudas sobre su pasado y que se acercara a Abuelas de Plaza de Mayo, se investigara el caso y el banco nacional de ADN hiciera el resto.

Es lo que ocurrió en julio de 2023. Tano estaba pasando unos días en Italia cuando recibió una llamada de sus compañeros de la asociación Abuelas de Plaza de Mayo, donde había empezado a trabajar después de que muriera su abuela. "Yo pensé que me llamaba por algo de trabajo, pero en un momento de la conversación me pidieron que pasara a videollamada. Nunca se me ocurrió que me llamaban por algo personal, hasta que me preguntaron si estaba sentado. Ahí me di cuenta, porque a otros nietos le habían dicho lo mismo antes de darle la noticia", relata.

Miguel Santucho (izquierda) junto a su hermano Daniel Santucho (derecha). Cedida.

"Empecé a decirles que si era una broma no tenía gracia. Saltaba con el móvil en la mano, me puse muy nervioso. Entonces me lo confirmó y me dijo que mi hermano estaba allí con ellos y que me quería conocer. Casi me da un infarto, me quedé sin palabras. Dieron la vuelta al teléfono y lo vi en la pantalla. Había pasado toda mi vida imaginando ese momento y cada vez que aparecía un nieto me preocupaba de entender que sentían por si me llegaba a pasar a mi. Y ese día me llegó", cuenta todavía emocionado.

Los hermanos Santucho tardaron décadas en recomponer la familia, pero gracias al trabajo de organizaciones como Abuelas, lo han podido hacer. En total 140 nietos han sido recuperados en estos años de lucha. Una búsqueda personal que se cierra cuando aparece un nieto robado, se encuentran unos restos o se condena a un represor, pero que a nivel colectivo tiene también que combatir contra un Gobierno que no siempre les apoya.

A la desfinanciación se le suma las críticas sobre el pasado de sus familiares, a los que se les acusa de terroristas o de haber hecho una guerra armada que llevó al golpe de Estado. Una retórica que defendían los líderes de la dictadura y que hoy defiende una parte importante del actual Gobierno argentino. En este sentido, varios diputados de La Libertad Avanza, el partido de Javier Milei, visitaron en 2024 la cárcel de Ezeiza y se reunieron con militares condenados por crímenes de lesa humanidad.

"¿Qué hizo mi hermana para ser torturada en el vientre de su madre?"

"¿Qué es lo que tendría que haber hecho una persona para que el Estado lo secuestre, torture, asesine y que los restos no hayan sido devueltos a la familia? ¿Qué se supone que hizo mi hermana para ser torturada en el vientre de su madre? ¿Qué es lo que están queriendo justificar? Me impacta el regreso de la crueldad, que era algo ya superado hace años", dice Castelli cuando es preguntada por las críticas que recibe por la militancia de sus padres.

Sobre esto insiste también Taty Almeida, que sabe que cuando se vaya la última Madre de Plaza de Mayo habrá que seguir haciendo memoria. "Que dejen de negar o justificar lo ocurrido. Tantos años después y seguimos encontrando evidencias. Entre todos estamos demostrando que la pelea no termina, porque la única lucha que se pierde es la que se abandona. ¡No nos han vencido!", concluye.

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