Cuando llegamos a los estudios Halley Music Hub de Madrid, en el barrio de Lucero, David Summers está sentado tranquilamente escuchando las mezclas del que será su próximo disco rodeado de las fotografías de Tom Waits, Paul McCartney, Michael Stipe, Johnny Cash, Kurt Cobain ... y Thom Yorke. La mitad del trabajo ya está hecho. A su lado, el guitarrista Daniel Mezquita improvisa unas notas al piano. Suena bonito, a música clásica. El resto aprovecha para mandar mensajes, apurar el cigarro y recordar alguna vieja batalla.
Les he traído la página de ABC en la que fueron citados por primera vez, del poeta Santiago Castelo, histórico subdirector de esta casa, en 1985. Hacía pocas semanas que Hombres G había publicado su debut homónimo y mencionaba de pasada el éxito que «este conjunto revelación» había obtenido en las verbenas de Felanitx, en Mallorca. A continuación, recogía su primera polémica: «Tienen una canción titulada 'Matar a Castro' que ha provocado que sean vetados en algunos programas de radio y televisión. Según ellos, no es más que el relato de un atentado político. Y explican: 'No tiene nada de especial, pero siempre está el típico rojillo que, cuando oye ciertas cosas, se cabrea'». Tras leerlo, el también guitarrista Rafael Gutiérrez reacciona: «¡Ahí es cuando nos empezaron a llamar fachas!» [risas].
Javier Molina interrumpe: «Esa no es la primera vez que nos sacasteis». El batería cuenta que ABC ya les había entrevistado en 1983, mucho antes de publicar su primer disco. «Nos hizo mucha ilusión. Tuve ese artículo colgado en mi cuarto toda la vida», reconoce. «En ese momento no éramos nadie, así que lo guardamos con cariño –añade Summers–. No lo olvidamos, porque fue la primera vez que la prensa nos sacó». Todos recuerdan el titular: 'Hombres G, los chicos de la puerta de al lado'. «Siempre me sentí identificado con él, porque crecimos en paralelo a todas las modas», asegura Molina. Mezquita me escribirá después un WhatsApp sorprendido: «Ahora me doy cuenta de que fue dos días antes de mi cumple. Tenía 17 años».
«¡Pisha, mis compadres de ABC!»: dentro de la gira con Los Delinqüentes
En aquella primera entrevista se describían así: «La vanguardia es una rotunda tontería, enmascaramiento, morralla. El punk no tiene sentido a estas alturas. Los grupos siniestros no hacen más que disfrazarse. Nosotros queremos que cada concierto sea una fiesta, que la gente se divierta sin que tengamos que salir vestidos de Tonetti [famosos payasos españoles]. Queremos ser diferentes, más felices que los otros». «¿Has visto? –bromea ahora Summers–. No hemos cambiado mucho». Y reconoce: «Quisimos que la película se llamara así. Representa perfectamente lo que somos y nos gustaba, pero al final, nada, ¡joder! Por lo menos bautizamos así la empresa con la que gestionamos todo lo de Hombres G».
El bajista y compositor se refiere a 'Los mejores años de nuestra vida', el documental dirigido por Charlie Arnaiz y Alberto Ortega –en los cines el 8 de mayo y en Movistar Plus+ después–, que recorre los cuarenta años de carrera de estos cuatro amigos de la infancia que tocaron el cielo con su música, a pesar del menosprecio sufrido cuando su éxito crecía. Un largo camino que Loquillo resumió así hace pocos días: «Los Hombres G llevan haciendo el mismo disco cuarenta años y siguen petándolo. No creo que haya un grupo con más insultos por metro cuadrado que ellos en los 80 y 90, pero están haciendo una gira mundial que te mueres. ¡Y con las mismas canciones de cuando tenían 25 años! ¿Quién manda? El público».
—¿Pusieron alguna línea roja en el documental?
—Rafael Gutiérrez: Ninguna. No tenemos nada que ocultar ni episodios tenebrosos. Hemos hecho muchas de las cosas que la gente se imagina del mundo del rock, pero queríamos huir de esas obviedades y centrarnos en la historia de la amistad de aquellos cuatro niños que convierten la música en su vida, hasta cumplir los 60, sabiendo que ahora son los mejores años de nuestra vida.
—David Summers: ¡No nos arrepentimos de nada! La carrera de Hombre G ha sido impecable. Hemos tenido el cariño del público desde el primer minuto y no parece haber techo, es una locura. Cada vez llenamos recintos más grandes y llegamos a chavales de 10 años que en el futuro estarán en primera fila. Es acojonante.
—¿Qué es lo que determinará entonces el final de Hombres G?
—David Summers: La salud, que alguno tenga unos dolores tan fuertes que no pueda tocar. Eso es lo único. Mientras tengamos energía e ilusión, vamos a seguir subiéndonos al escenario. Nos mantiene vivos y felices.
—Viendo esa foto de Michael Stipe, me he acordado de R.E.M. Sus cuatro integrantes originales también eran muy amigos, pero cuando su batería, Bill Berry, dejó la banda en 1997 tras sufrir un aneurisma cerebral, el resto decidió continuar. ¿Seguirán ustedes si alguno lo deja?
—David Summers: No sé, nunca lo hemos pensado, la verdad. No entendemos Hombres G si no somos los cuatro. No creo que a ninguno de los otros tres nos apetecería seguir como Hombres G, haríamos otras cosas.
—Hablando de otro grupo, Metallica. En 2004 estrenaron un documental, 'Some Kind Of Monster', en el que ves que funcionan más como una empresa. ¿Alguna vez les preocupó convertirse en una empresa?
—Rafael Gutiérrez: ¡Somos una empresa! [risas].
—David Summers: Hombres G es un grupo de amigos a los que les gustaba tocar y se juntaron para hacer canciones. Con el tiempo, se convirtió en una gran empresa que da de comer a veintitantas familias. Las giras que montamos ahora son tremendas y el dinero que generan, muy grande. Sabemos que nuestra marca es muy importante en todo el mundo y trabajamos para que esa marca sea cada vez más grande. Alimentamos a nuestro monstruo, pero nunca esa empresa va a ser más importante que nuestra amistad.
—¿Hombres G fue lo más cercano a los Beatles en España en lo que respecta al fenómeno fan?
—David Summers: No ha habido tantos y, desde luego, ninguno como el nuestro. Lo de Tequila, donde tocaba el hermano de Rafa, Felipe Lipe, fue tremendo, pero nada que ver con lo que nos ocurrió a nosotros, porque se extendió a México, Perú, Colombia, Centroamérica, China y Estados Unidos.
—Rafa Gutiérrez: Es curioso, porque cuando se habla del fenómeno fan de Hombres G, se asocia a niñas de los años 80 y 90, pero hace tiempo que se amplió. Nuestros seguidores ahora son también los padres y abuelos. Hace un rato se nos han acercado dos personas de 70 años para contarnos que vendrán al Madrid Arena [11 y 12 de diciembre, las entradas están agotadas].
—Daniel Mezquita: Cuando empezamos era un nicho muy pequeño, solo de chicas jóvenes. Un tío de 40 no sabía quiénes eran Hombres G. Le sonaba si tenía una sobrina, pero con los años se ha ampliado mucho.
—Javier Molina: Eso le ha pasado a gigantes como Led Zeppelin, Beatles, Rolling Stone y Elvis Presley. En sus primeros conciertos solo había chavalas de 15 años chillando y luego ampliaron su espectro. Recuerdo cuando Paul McCartney tenía 40 años y venía a España en solitario, pensaba: 'Qué cabrón, viene toda la familia a verle, desde los nietos a los abuelos'. Lo decía con envidia, pero nos ha pasado lo mismo. También hemos sido pioneros en eso en España, como en tantas otras cosas. No quiero ser repelente, pero es la puñetera verdad. ¿Quién más queda así? U2, que también siguen siendo los mismos cuatro gilipollas.
—Rafael Gutiérrez: La señal es cuando rompes el techo de cristal y un tema tuyo se convierte en una canción popular. Hace poco vimos una versión de 'Sufre mamón' en coreano y a un chico de ese país cantándola mientras conducía. ¿Nos conoce? Creo que solo conoce la canción, que se ha vuelto más importante que sus autores. Es acojonante.
—¿Su éxito cogió por sorpresa a la industria?
—David Summers: La descojonamos por completo, porque en esa época quienes la integraban eran Camilo Sesto, Rocío Jurado e Isabel Pantoja. Lo nuestro era un batiburrillo de grupitos molestando por ahí, todo muy 'underground'. De repente, ¡boom!, vendimos 700.000 discos estando en un sello independiente, sin una gran compañía detrás ni promociones. También desconcertamos a los grupos de La Movida. Nos colamos por el medio y lo cambiamos todo, porque la industria se empezó a interesar por grupos de nuestro entorno.
—¿Alguna multinacional habló con ustedes?
—David Summers: Cuando se produjo el pelotazo de 'Sufre mamón' y 'Venecia', el presidente de CBS, Manolo Díaz, me dijo: 'Si hubierais fichado con nosotros, habríais vendido el doble'. Y le respondí: 'Sí, claro, pero cuando fuimos con la maqueta nos mandasteis al carajo'.
—Javier Molina: Y nos quedamos siempre en Twins, que era un sello independiente. Luego este se asoció con Dro, más tarde con Grabaciones Accidentales (GASA) y, al final, Warner compró el paquete. Nos vimos involucrados en esa operación, pero fuimos fieles a Twins, los únicos que apostaron por nosotros.
—En el documental reconocen que el concierto por el que les fichó fue el más caótico de su carrera.
—David Summers: Bueno, es que casi todos eran caóticos. Ese fue en el Rockola. Habíamos ensayado solo una semana y hubo muchos problemas técnicos. Además, era un martes y Javi se pilló un pedo bestial. Se desmayó durante el concierto, pero la gente se lo pasó de puta madre y Paco Martín, el jefe de Twins, también, que incluso hipotecó su casa para pagarnos el disco. El público estaba feliz de vernos ahí borrachos, cantando fandangos de Huelva, contando chistes y haciendo el gilipollas.
—Tuvieron éxito sin pertenecer a ninguna tribu urbana. Sus seguidores decían: «No somos punks, heavies ni rockabillies. A nosotros nos gusta Hombres G».
—David Summers: Es que había muchas tribus, pero bandas de gente normal, que no se disfrazara, ninguna.
—¿Hubo muchos prejuicios por eso con respecto a Hombres G?
—David Summers: ¡Claro! La crítica estaba obsesionada con nosotros, no podía soportar que un grupo con esas canciones tan sencillas y letras tan cachondas montara el pollo que montamos. No lo podían entender y tuvimos unas críticas terribles, pero nos daba exactamente igual.
—Rafael Gutiérrez: A veces veo conciertos de esa época y me fijo en las primeras filas. Eran niñas de 14 años. ¿Qué pasa? Que los periodistas creían tener un sentido crítico más maduro y despreciaban los gustos de esas niñas y, por consiguiente, cargaban contra nosotros. Creo que ahí había celos… ¡yo qué sé!
—David Summers: En este trabajo siempre te van a intentar joder. ¡Siempre! En España el éxito es difícil de digerir y provoca mucha envidia, pero siempre les digo a los jóvenes que no se rindan por las críticas ni por el odio. Que sean fieles a ellos mismos y confíen en sus canciones. Las críticas las van a recibir igual si tienen éxito. A los Rolling, los Beatles y Frank Sinatra les pasó. Un amigo decía: «En Estados Unidos, cuando un artista tiene éxito, el público lo mira y quiere ser como él. En España, lo miran porque quieren que él sea como ellos».
—Javier Molina: Pero ellos no tenían el problema de ser de España, donde a todo el que tiene éxito se le tira piedras. Los señores que dirigen el cotarro se han encargado toda la puta vida, desde antes de la Guerra Civil, de convencernos de que todo lo nuestro es una mierda. Por eso los españoles tenemos el complejo. ¡Y no me quiero meter en política porque me cago en…! [risas].
—Rafael Gutiérrez: Las heridas de esas críticas se nos curaban cuando nos metíamos en la furgoneta, íbamos a tocar a una discoteca de la playa de Alicante y nos lo pasábamos de puta madre con nuestros seguidores. Quédate con la gente que te quiere y los que no, que les den por culo. Nunca le vas a gustar a todo el mundo. Si me lo dice Paul McCartney, dejó la música, pero que me lo diga un pavo que no tiene ni puta idea por envidia, me da igual. Que venga un heavy, un rockabilly o un punk a insultarme con la de noches que me he pasado yo con ellos en la antigua sala Canciller… ¡bah!
—Daniel Mezquita: Que nadie piense que llevamos toda la vida jodidos por eso y llenos de rencor. No le damos ninguna importancia.
—¿Cuál fue el año en el que se dieron cuenta de que el éxito les había sobrepasado?
—David Summers: El año del primer disco ya fue demencial. En realidad, toda esa primera etapa entre 1985 y 1992 fue una locura, algo absurdo. No tuvimos que estar años luchando y recorriendo garitos pequeños. Todo ocurrió muy rápido y éramos muy jóvenes. El éxito nos explotó en la cara y lo gestionamos como pudimos, pero en esa época nos divertíamos mucho porque todo nos parecía surrealista.
—Javier Molina: He visto a muchos artistas que el éxito les provoca depresión y necesitan descansar, pero nosotros éramos conscientes de que teníamos el mejor trabajo del mundo. ¡Recorrer el planeta con tus amigos y pasártelo de puta madre es el trabajo más bonito que existe! No hay nada comparable. ¿Cómo te puede provocar depresión o ataques de ansiedad?
—Rafael Gutiérrez: No hay que confundir las depresiones con las resacas. Resacas hemos tenido muchas, depresiones, ninguna.
—¿Cuál es la escena más loca que vivieron?
—David Summers: Hubo muchas, como el estreno de las películas en Gran Vía. Nuestra vida normal era así. Yo siempre tenía en la puerta de casa a 40 o 50 personas esperando a que llegara o saliera. Se echaban encima del coche cuando quería arrancar. No podíamos ir al cine ni a la discoteca porque nos comían. Sin embargo, cuando llegamos a Lima por primera vez en 1987 y miles de seguidores rompieron las vallas del aeropuerto para llegar al avión, pensamos que había estallado una revolución. Las niñas hacían melés delante de nuestra furgoneta para que no pudiera avanzar. Sacamos una recopilación allí y se convirtió en el disco más vendido de la historia de Perú, por encima de los Beatles y los Rolling Stones. Este año, por cierto, tocamos dos días seguidos en el Estadio Nacional de Lima, con un aforo de 50.000 personas, y está todo vendido.
—En el documental dicen que «fue más duro de lo que la gente cree».
—David Summers: Porque cree que estás todo el rato de cachondeo, pero había viajes muy duros, madrugones terribles, noches de insomnio y ansiedad por el exceso de trabajo. La adrenalina es una droga que si abusas de ella, te da el bajonazo. Cuando acababa una gira de 80 o 100 conciertos y me iba de vacaciones, me invadía una tristeza enorme. Detrás de todo esto también hay problemas de salud y la gente no lo percibe. ¡Todos nos hemos casado y divorciado dos veces, pero nosotros seguimos juntos! [risas]
—Rafael Gutiérrez: El escenario lo cura todo.
—¿Y han tenido que ir a terapia por toda esa montaña rusa en la que han vivido?
—David Summers: Sí. Yo fui al psiquiatra por primera vez cuando escribí la canción 'Te necesito', del disco 'Voy a pasármelo bien' (Twins, 1989). Tenía un insomnio terrible. Pasaban las noches y nada. Tenía terror a que anocheciera porque sabía que iba a estar jodido y me di cuenta de que necesitaba ayuda.
Debió ser esa época cuando apareció en Televisión Española contando que su padre había sido operado de un cáncer, desahogándose, sin darse cuenta de que estaba en un programa de máxima audiencia. Un momento de incertidumbre mientras el tren de Hombres G no paraba.
—David Summers: Se lo conté a Consuelo Berlanga en directo, así soy yo de gilipollas. En ese momento no sabíamos que era tan grave. No sé por qué se lo conté a ella, soy imbécil.
—Javier Molina: Así de gilipollas somos los cuatro. A veces decimos cosas de las que luego nos arrepentimos, pero somos así de naturales y sencillos, tanto musical como personalmente. Eso es lo que nos ha llevado a ser lo que somos. No hay artificios ni disfraces. Seguro que hoy he dicho alguna cosa que, cuando la lea, me preguntaré: «¿Por qué leches dije eso?».
—En 1992 perdieron la ilusión y decidieron dejarlo. Estuvieron más de una década distanciados. Algunos, incluso, se dejaron de hablar, hasta ese reencuentro en un restaurante. ¿Qué se dijeron?
—Javier Molina: Aclaramos unas cuantas cosas y hablamos de por qué habíamos estado tanto tiempo sin vernos ni hablarnos. Que cada uno hubiera emprendido un camino diferente no tiene que significar que dejemos de llamarnos por teléfono. Era absurdo, porque éramos amigos desde niños
—Daniel Mezquita: En esa comida dejamos claro que, si volvíamos, nosotros íbamos a dirigir el destino de Hombres G. No íbamos a confiar en un manager ni en un abogado y ha funcionado. Queríamos ser independientes y controlarlo todo. Desde entonces, hemos sido más felices.
—David Summers: Quedamos a comer porque nos habían hecho una oferta para un concierto de reencuentro en México. Pero, ¿nos íbamos a poner a ensayar después de diez años sin tocar juntos y recuperar la química para un solo concierto? Si volvemos es para hacer una gira. Y así lo hicimos.
—Rafael Gutiérrez: Recuerdo que llegamos al local para el primer ensayo y alguien preguntó: «¿Qué tocamos?». David eligió 'Venezia' y, desde la primera nota, sonó que te cagas. ¡Fue cojonudo! Como el primer día.
—David Summers: Y lo que en principio iba a ser un reencuentro para ver cómo nos sentíamos, se convirtió en una gira de puta madre de dos meses por México. ¡Lo pasamos tan bien, tío! Recuperamos el cachondeo, la amistad y salimos de fiesta como al principio. Nos hermanamos tanto, que ya no nos hemos vuelto a separar jamás.
—Javier Molina: Antes disfrutábamos cogiéndonos un pedo con cuatro litros de kalimotxo y ahora lo hacemos con una copa de buen vino cuidado en una bodega a la temperatura perfecta. Eso es la vida, nada más.
—Daniel Mezquita: ¡Ahora sí que somos pijos!
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