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«Con las redes sociales puedes radicalizar a una persona en horas»

«Con las redes sociales puedes radicalizar a una persona en horas»
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Defiende la regulación, como ya se hizo con el alcohol y el tabaco en menores: «Antes se mojaba el chupete en anís»

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Carlos Barea atiende a SUR en su consulta, en el barrio de Teatinos. Migue Fernández

Carlos Barea, psicólogo

«Con las redes sociales puedes radicalizar a una persona en horas»

Defiende la regulación, como ya se hizo con el alcohol y el tabaco en menores: «Antes se mojaba el chupete en anís»

Matías Stuber

Lunes, 30 de marzo 2026, 00:42

... de la historia de la humanidad. Posiblemente, una amenaza para la democracia y para la salud mental de la población. Moduladores de cerebros, especialmente de los jóvenes que ya no conocen un mundo sin teléfono.

–Hay una generación que ya no conoce una vida sin móvil. ¿Qué consecuencias tiene esto?

–La tecnología nos ha adelantado por la derecha y estamos intentando aprender a usarla. Estamos viendo las consecuencias en las primeras generaciones que han crecido con el smartphone. Los millenials han salido a la calle sin apenas supervisión. Los niños que han estado expuestos al teléfono han tenido mucha supervisión para salir a la calle, pero han estado con el móvil sin, prácticamente, ninguna supervisión. Hay una diferencia bastante marcada por géneros. Las mujeres han sufrido más el tener que adecuarse a un canon de belleza o un canon de aspiraciones. En los hombres tiene más que ver con que se les ha frito el circuito de recompensa con la pornografía y los videojuegos. Tenemos muchos hombres que prefieren masturbarse con pornografía a tener sexo real.

–¿Por qué uno puede pasar horas en las redes sociales sin darse cuenta de cómo pasa el tiempo?

–Ofrecen un estímulo que se parece mucho a como la mente procesa el contenido propio. Entonces, entra muy fácil a nuestro sistema nervioso. Además, las plataformas han evolucionado mucho en ese sentido, se copian las unas a las otras. Empezaron con una fijación de la atención más sacádica, parecida a la lectura o como un péndulo en la hipnosis. Cuando salieron las historias en Instagram, el contenido te entraba por la derecha. Luego, se dieron cuenta de que el 'scroll' hacia abajo es mucho más potente, es un gesto más fácil de ejecutar. Ver a alguien hacer actividades placenteras es mucho más fácil que hacerlas tú mismo. El sistema de recompensa se ve reforzado de forma vicaria.

–Parece que muchas veces navegamos en las redes, pero sin razón aparente.

–Lo hacemos porque se trata de una adicción conductual, que son las adicciones más complejas. A los pacientes que quieren dejar de fumar les pregunto por el momento en el que fuman. Me contestan que, por ejemplo, en la parada del autobús o esperando a algún amigo en una esquina. Les resulta raro estar sin hacer nada. Lo del móvil es extrapolable.

–Después de ver una infinidad de vídeos, sin embargo, llega una sensación de malestar. ¿A qué se debe?

–Es como ver disfrutar a los demás. Tiene un placer vicario al principio, pero después de haber estado fatigado cognitivamente por una tarea casi hipnótica referente a ver a otros disfrutar, te va a llegar el momento de estar fatigado por no haber hecho nada. Ahí entra en juego la comparación social. Estoy viendo Instagram en vez de hacer Instagram. Eso hace que te sientas mal.

–En TikTok e Instagram todo es excelente. La piel, la cara, los músculos… ¿Cómo nos afecta tanta perfección?

–Afecta alterando la percepción que tienes del mundo. Si la mayor parte de la información que estás obteniendo del mundo es en tu cama tumbado y haciendo 'scroll', cuando luego conoces a gente que no está así, pues empiezas a hacerte preguntas. Esas preguntas son muy difíciles de responder. Ves una foto de alguien musculoso, por ejemplo. Seguramente, llevará deshidratándose tres días para hacerse esa foto. Pero eso el chaval de 16 años que se cría consumiendo redes sociales no lo sabe. Alguien se lo tendrá que decir.

–¿Cómo se puede luchar contra esa distorsión?

–Con educación específica. Si no hay una educación en la que tú explicas que la gente que está en las redes está buscándose la vida o tratando de lograr un efecto en los demás, los chavales no lo van a saber por su cuenta. Precisamente, porque son nativos en las redes sociales y para ellos es su realidad.

–Consultas un vídeo sobre una temática y el algoritmo te bombardea con más vídeos sobre el mismo tema. ¿Podemos hablar de monocultivo digital?

–Es uno de los efectos más peligrosos de las redes sociales. Si entras en los surcos del algoritmo, o lo que llamamos agujeros de la madriguera del conejo, como en Alicia en el país de las maravillas, vas a caer en una caja de resonancia de pensamiento. Ahora, por ejemplo, se puede radicalizar a una persona en horas. No hacen falta años o meses. Lo que hay que entender es cómo funciona un algoritmo. Es como una red de puntos conectados. Y eso de caer en una caja de resonancia es porque el algoritmo empieza a coger atajos que intentan predecirte.

«Los jóvenes están perdiendo competencias sociales, es más fácil tirar de DM»

–¿Intentan mantener nuestra atención, que no dejemos el móvil?

–Es que ese es su negocio. Se le puede buscar toda la intencionalidad del mundo. La máquina está aprendiendo de ti y lo que intenta es que la uses más, claro. Lo estamos viendo con Chat GPT. Si lo tienes de pago, ahí te puedes tirar horas charlando con la IA.

–¿Cree que los jóvenes están perdiendo competencias sociales por culpa del móvil? Hablo de una conversación simple, mantener el contacto visual…

–Claro que se están perdiendo. Es mucho más fácil tirar DM's o reaccionar con un corazoncito a alguna historia. Ahora, quien se atreve a hablarle a alguien en la calle tiene bastante éxito. Porque no pasa normalmente.

–¿Las redes contribuyen al deterioro de la salud mental?

–Sin duda alguna. En eso puedo ser categórico. Las redes sociales, tal y como las hemos usado hasta ahora, nos han hecho daño a todos. Hay gente a la que hemos dejado de llamar porque no tiene Whatsapp, es más fácil mandarle un mensaje a alguien que acabas de conocer, que llamar por teléfono a tu tía abuela que vive sola.

–Australia fue el primer país en prohibir las redes sociales en adolescentes. Es un debate que se está extendiendo a toda Europa. ¿Usted que cree que hay que regularlas?

–Por supuesto. Lo dije al principio. La tecnología nos ha adelantado por la derecha. Ahora, nosotros tenemos que aprender a usarla en función de cómo te puede hacer daño y cómo no. Antes, los niños bebían cerveza o les mojaban el chupete en anís y esas cosas. ¿Acaso no se han cambiado las edades con las que se consume alcohol o tabaco? Todo eso se ha regulado. Cuando hay evidencias de que algo te hace daño, hay que regular. Igual que antes se podía ir en moto sin casco y ahora no.

–Hace poco, Matt Damon explicó en el podcast de Joe Rogan que las grandes productoras de Hollywood ya le piden a los directores que haya una escena de gran impacto en los primeros cinco minutos de la película, con la justificación de evitar así una pérdida de atención por parte del espectador. ¿Qué le sugiere esto?

–Seis capítulos, por ejemplo, tenías que ver de 'Los Soprano' para medio enterarte y poder empezar a disfrutarla. Ahora tienen que sobreexplicarte la trama porque saben que no vas a prestar toda tu atención, que algo te va a interrumpir, que vas a mirar el móvil. Estamos perdiendo nuestra capacidad de atención porque se la estamos dando al teléfono.

«Las redes sociales, tal y como las hemos usado hasta ahora, nos han hecho daño a todos»

–¿Hay ya evidencias científicas de cómo tanto consumo de pantalla está afectando a nuestro cerebro?

–Todo eso se está estudiando ahora, pero claro que está afectando. Además, se va a poder estudiar de manera segmentada porque a la tecnología nos hemos visto expuestos de forma dispar. No es lo mismo el que ha tenido el teléfono con diez años que con 16.

–¿Qué edad cree usted que es la ideal para que los padres le compren un móvil a sus hijos?

–La más tardía posible. Casi es mejor la sensación de estar fuera y de no estar en la onda. Las consecuencias de eso van a ser menos dolorosas que las otras. El que entre más tarde a la parte fea de la tecnología llegará a las jerarquías más altas en un futuro.

–Steve Jobs, fundador de Apple, decía que sus hijos tenían muy limitado el uso del iPad.

–Como decía la canción… 'Don't get high of your own supply' (No te hagas adicto a tu propia droga). Él sabe cómo funciona el cacharro y sabe bastante cómo funciona la mente. Él le ofrecía a sus hijos una infancia basada en el juego y en lo analógico. Ya tendrían tiempo de una vida digital.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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