LA TRIBUNA
Con otra mirada Regala esta noticia Añádenos en GoogleLUIS UTRILLA NAVARRO
PRESIDENTE PROVINCIAL DE CRUZ ROJA
03/10/2026 a las 02:00h.Hace ya cuatro décadas, junio de 1985, que la portada de National Geographic publicaba la fotografía de una niña de 12 años, realizada por el ... fotoperiodista Steve McCurry. Los preciosos ojos verdes de la niña miraban con intensidad a la cámara. Desde la óptica occidental, la imagen poseía una enorme fortaleza estética que conllevó su difusión a nivel mundial. Sin embargo, pocas miradas se detuvieron ante el ajado burka que cubría a la niña. Y lo que es más triste, nadie se preguntó cómo, dónde y en qué circunstancias vivía la niña.
Tras años de sufrimiento, Gual regresó a Pakistán, donde fue arrestada con su familia y deportada a Afganistán. Allí, la llegada de los talibanes la situó en el objetivo de los extremistas islámicos. El haber sido vista y fotografiada por un hombre ajeno a su familia sirvió de excusa a la peor de las intolerancias. Amenazada de muerte, la mirada humanitaria de una organización italiana permitió evacuarla en 2021 y recibir la protección de la Unión Europea.
Es necesario que la mirada humanitaria tome cada día más fuerza. Una fortaleza que surja de los inalienables derechos humanos
En otro escenario totalmente diferente, en mayo de aquel mismo 2021, un grupo de migrantes subsaharianos, unas 10.000 personas, tras recorrer más de 2.500 kilómetros, consiguieron llegar hasta la frontera de Marruecos con Ceuta. Malviviendo entre los montes que rodean la ciudad, finalmente un grupo de senegaleses consiguió cruzar a nado hasta la playa ceutí. Allí, derrotados y ateridos de frío, recibieron una primera ayuda de los voluntarios humanitarios.
Uno de aquellos migrantes, Abdou Ngom, exhausto, de rodillas en la arena, se desplomó frente a la voluntaria de Cruz Roja que le ofrecía una botella de agua. Roto de dolor rompió a llorar. Su mirada, y el abrazo con la voluntaria, inundaron las redes sociales y los medios de comunicación, convirtiéndose en un ejemplo de la tragedia de la migración y del humanitarismo del siglo XXI. En este caso, la mirada humanitaria se dio de bruces con la mirada de la intolerancia, la intransigencia y el odio, fruto de los discursos xenófobos que recorrieron las redes sociales.
La hipócrita mirada administrativa de la Unión Europea permitió la devolución de Abdou a Marruecos días después, quien acabó refugiándose en Casablanca. Desde allí un nuevo intento de llegar a Europa lo convirtieron en mercancía de una patera que las mafias abandonaron frente a las costas de Lanzarote. Rescatado del mar junto a una veintena de personas recibió una precaria ayuda humanitaria que le permitió llegar a Barcelona, donde un amigo senegalés se ofreció a prestarle el apoyo necesario para malvivir. Buscando trabajo llegó a Málaga, mientras su salud se deterioraba por momentos. Desgraciadamente falleció en nuestra ciudad en junio de 2025 cuando acababa de cumplir 29 años. Cuando la tragedia de Abdou se conoció, y por las mismas calles por las que habitualmente transitaba el joven senegalés, lo hacía también Isabel.
Rondando los 70 años, Isabel, malagueña, vivía muy humildemente en un bloque de pisos del Llano de la Trinidad, ocupado por los clanes de la droga. Después de innumerables conflictos, el edificio fue desalojado por la Policía y los vecinos tuvieron que abandonar sus precarias casas ante la fría mirada de una mal entendida seguridad.
Su familia, también en una situación de precariedad, no pudo hacerse cargo de ella, a pesar de los esfuerzos en ayudarla, e Isabel se vio obligada a vivir en la calle, donde desarrolló una compleja patología que le obligaba a moverse permanentemente en una silla de ruedas. Fue en esa Málaga de los sintecho en la que conoció a otras personas que le ayudaban en el día a día. La mirada humanitaria de los voluntarios de Cruz Roja y otras instituciones similares, le facilitaban la comida y los productos de higiene y ropa para sobrevivir.
El agravamiento de su enfermedad la llevó al quirófano del Hospital Clínico esta última primavera. Tras su convalecencia hospitalaria ni los servicios sociales del hospital ni de Cruz Roja, pudieron evitar que Isabel regresara a la calle, aunque el informe médico señalaba la total incompatibilidad de su estado de salud con las condiciones de subsistencia de las personas sin hogar. Hace unas semanas Isabel moría ante la fría e implacable mirada de las instituciones públicas.
Al igual que Sharbat, Abdou e Isabel, miles de personas viven en una precariedad que los arrastra a situaciones de extrema necesidad, y cuyo denominador común es la pobreza. Una pobreza que la mirada del neoliberalismo deja al albur de la crueldad del mercado. Una pobreza que la mirada de las instituciones públicas esquiva. Una pobreza que la mirada política intenta utilizar como rédito partidista.
Una pobreza que la mirada racista convierte en insultos, amenazas, violencia y aporofobia. Por todo ello, y ante tamaño despropósito social, es necesario que la mirada humanitaria tome cada día más fuerza. Una fortaleza que surja de los inalienables derechos humanos. Una fortaleza que obligue a las instituciones públicas a evitar que casos como los de Sharbat, Abdou e Isabel se repitan. Una fortaleza que nos permitan mirar con otros ojos a los que son nuestros iguales.
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