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Con 'principio de ordinalidad', pero sin AVE

Con 'principio de ordinalidad', pero sin AVE
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Tomás Serrano

Columnas NEWSLETTER Con 'principio de ordinalidad', pero sin AVE

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Publicada 23 enero 2026 10:47h

Uno despega un momento la vista del periódico y se percata de que el Gobierno ha demostrado más urgencia por cuadrar la financiación de Cataluña en un cuarto oscuro con los separatistas, que por enderezar una red ferroviaria de la que los profesionales llevaban tiempo advirtiendo de su deterioro.

Puede parecer una afirmación ventajista, pero la realidad es que mientras se encajaba a toda prisa un modelo que rompe la solidaridad entre españoles con el único empeño de mantener a Pedro Sánchez en el poder, las señales rojas que marcaban la situación de la infraestructura ferroviaria se ignoraban olímpicamente.

Nadie habría puesto el grito en el cielo, es verdad, si no hubiera ocurrido la catástrofe de Adamuz. Pero cuando sucede algo así, ya no hay rincón donde esconderse.

La paradoja es evidente: el Estado se traga el indigesto principio de ordinalidad mientras la Alta Velocidad, aquella que algunos describían como "la joya de la corona", se desliza hacia una obscena mediocridad.

Se vendía como referente internacional y modelo tecnológico para exportar, y hoy se multiplican los tramos en los que los trenes avanzan pendientes del limitador de velocidad.  

Cómo será de hediondo el privilegio del "principio de ordinalidad" que resulta imposible encontrar en la hemeroteca la expresión en boca de alguien tan parlanchín como Gabriel Rufián.

Los esfuerzos comunicativos de la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, tratando de explicar ese principio manifiestamente antisocialista, sólo son comparables a los codazos que, como candidata a la Junta, ha dado estos días para salir en las fotos de Adamuz, junto a los Reyes y junto a Sánchez.

La prioridad en el PSOE sigue siendo clara: primero las elecciones. Después, si eso, el resto.

Y mientras tanto, los torquemadas de la dana, aquellos que montaron una manifestación contra Carlos Mazón cuando aún se recogían cadáveres en Valencia, piden ahora prudencia, luto y unidad.

Son los mismos que, al día siguiente de la tragedia, no dudaron en celebrar un pleno en el Congreso para repartirse los puestos de RTVE.

Que hoy el incendiario número uno del Gobierno, Óscar Puente, pretenda encarnar la prudencia y el decoro sólo añade una ironía más.

España, con principio de ordinalidad, pero sin AVE: la velocidad sólo parece alta cuando de lo que se trata es de aferrarse al poder.  

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    Fuente original: Leer en El Español
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