En el libro 'El deseo de los otros' la antropóloga brasileña Hanna Limulja aborda la interpretación de lo soñado como una forma de hacer política para los chamanes de las aldeas del Amazonas
Regala esta noticia Añádenos en Google Mujeres y niños yanomami en la selva de Brasil. (Fiona Watson / Survival)Madrid
24/08/2026 a las 00:08h.La antropóloga Hanna Limulja convivió con una comunidad de los yanomami, uno de los pueblos indígenas del Amazonas y el más aislado de la civilización, ... durante casi un año, con un propósito: conocer sus sueños. Los Pya ú, de la región Toototopi, en Brasil, cerca de la frontera con Venezuela, le revelaron que «es por medio de sus sueños que ellos hacen política», lo que implica «reconocer que todo lo que existe merece consideración e implica no soñar con uno mismo», dice Limulja en su libro 'El deseo de los otros' (Pepitas editorial). «Para hacer política es necesario el otro y es necesario tener cuidado, en el sentido de cuidar, de pensar en el otro».
La historia trágica de esta mujer tuvo su inicio cuando los mineros ilegales atacaron su poblado original, Haximu, y asesinó a 16 niños, mujeres y ancianos. Una masacre a la que están expuestos a diario los yanomami, dueños indefensos de un vasto territorio codiciado por los buscadores de oro. En este contexto, Limulja realiza una investigación que comenzó en 2008, cuando tuvo su primer contacto con la tribu, y se extendió en el tiempo hasta hacer su tesis doctoral, de la que nace este libro. Ella también comenzó a soñar con los yanomami.
Hechiceros y serpientes
Interesada «no por lo que dicen los sueños, sino por lo que los yanomami hacen con ellos», la investigadora explica que la interpretación puede ser literal o metafórica (sin haber oído nunca de las teorías de Jung, por ejemplo). «Claudio, un chamán de 45 años, va hasta el centro de la maloca y empieza a contar un sueño que tuvo su mujer, Lenita. Los 'oka pé' están cerca, hay que tener mucho cuidado. Son hechiceros que matan a sus víctimas de manera astuta, soplando veneno», narra. «En general, estos temidos enemigos atacan a las personas que están solas en la selva. La víctima siente una especie de mareo cuando la atacan, regresa a casa sintiéndose extraña y cae postrada en su hamaca. Si los chamanes no logran curarla, puede morir en cuestión de días». Al amanecer, todos los de la aldea conocen la advertencia de Claudio. Hacen sus quehaceres, incluida la caza, atentos.
Otros presagios que surgen al dormir: personas adornadas se asocia a lo funesto y un machete que cae al agua, con las serpientes. Pero «los chamanes experimentan una realidad completamente distinta a la ordinaria y son elevados a otro plano. Atraviesan el cosmos yanomami interactuando con los más diversos seres que lo componen e incluso ven los mitos desarrollándose en un presente continuo», explica la autora. «Lo que sueñan se relaciona principalmente con aquello que experimentan en la vida diurna bajo el efecto de la 'yakoana' (sesiones chamánicas)». Hacen política, y así dirigen a los «comunes» que sueñan «cosas muy cercanas» con las personas que desean o con quienes tienen amistad.
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