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Política

Confesión urgente en un mundo que "no siempre tiene a Dios presente"

Confesión urgente en un mundo que "no siempre tiene a Dios presente"
Artículo Completo 940 palabras
Hay quien reza por su marido antes de conocerlo y quien dejó a su novia por Dios Leer

Madrid más allá de todo lo que rodea a la plaza de Lima, punto de encuentro de la vigilia, seguía como siempre. En Sáinz de Baranda dos hombres de mediana edad compartían varias latas de cerveza sentados en un banco y uno le contaba al otro un problema que había tenido con el coche. Se miraban con cierta ternura. «La vida es una mierda», se decían en el desconsuelo.

En uno de los metros que se dirige hacia los alrededores del distrito de Chamartín se escuchaba otro tipo de conversación. «Todo mi Instagram son fotos del Papá, qué guay». Este grupo de jóvenes escucha Despistaos. Uno de ellos lleva el rosario de madera abrazándole la muñeca. Son fácilmente reconocibles los asistentes a la vigilia, llevan casi todos algún distintivo religioso en la muñeca. Tienen como amuleto una pulsera del camino de Santiago o de Effetá (una iniciativa católica dirigida principalmente a jóvenes que organiza retiros espirituales).

Este grupo de amigos había decidido ir porque no se le puede hacer ghosting al Papa. «Nos ha llamado. No podemos no contestar al Papa, vamos a escuchar lo que nos tiene que decir. Ya fuimos a Lisboa [en la visita del Papa Francisco, en la Jornada Mundial de la Juventud de hace tres años], y fue muy guay ver a todos los jóvenes juntos, a toda la Iglesia unida» explica Julia.

Dentro del recinto que rodea el escenario donde dio su discurso el Papa León XIV, en uno de los sectores que acoge la plaza de San Juan de la Cruz, había personas de todas las edades. Algunas, muy mayores. Belén, de 78 años, quería disfrutar de tener cerca a su Santidad. Iba acompañada de su hija, que aguardaba a su derecha, y de amigos de su parroquia. «Me llena que venga, tenerlo tan cerquita. A la edad que tengo puede que no tenga otra oportunidad», confesaba a este diario ante la atenta mirada de su hija y un despliegue de mochilas en el suelo con todo lo necesario para soportar el calor.

ÁNGEL NAVARRETE

Muchos se engañan a sí mismos con un pequeño ventilador portátil. También las consagradas. Entre ellas estaba la hermana María, que lleva colgando del hábito un rosario. Son de la congregación de las Siervas de María. Se han reunido de todas las ciudades. «Hermanas de Santander, de Almería, de Salamanca, de Valladolid... y podría seguir, eh». Admira al Papa León XIV por sus referencias. «Siempre responde con una palabra del Evangelio. Y además, es un hombre de conciliación».

-¿Cuál es su Papa favorito?

-Para mí, todos. Es un embajador de Cristo en la tierra. Y creo que tenemos a los Papas que necesitamos en cada momento.

Sor María cuenta que profesó en la orden a los 18 años.

Con los sacerdotes no era tan fácil mantener una conversación porque estaban trabajando. Confesaban a cualquiera que se lo pidiese. «No lo conocía de nada», dijo un chico sobre el religioso con el que había llorado hacía menos de cinco minutos. «Necesitaba confesarme. Se lo he dicho a mi amigo. Era algo que estaba posponiendo. La constancia de estar todos los días teniendo presente a Dios me cuesta. Se me complica porque mi entorno no lo tiene presente». Se sintió aliviado. «Volver nunca es difícil».

A unos metros de él otro sacerdote espera a que alguien se le acerque para pedir perdón por sus pecados. «Acabo de llegar, así que todavía no ha venido nadie. Pero siempre vienen». Este sacerdote sintió la vocación de una forma que le hizo dejarlo todo. «Llevaba siete años con mi novia, pero estaba más cerca de Dios que nunca. Y nunca me he arrepentido», confesaba, bajo el sol.

En las horas previas a la vigilia del Papa algunos no hablaban de nada. Un chico, sentado en el suelo, cerraba los ojos y no estaba rezando. «Estoy reventado, no rezando», se reía. «Me apetecía venir. Cuando vino el Papa a España la última vez tenía diez años y me llamó la atención. Me parece una oportunidad bonita. Piensas en la iglesia y no piensas en esto, en tanta gente reunida. Me parece impresionante que nos reunamos todos los jóvenes». Álex no ha venerado del todo a todos los Papas. «Era hater del papa Francisco, y luego maduras en la fe y entiendes que era un Papa para el pueblo y para los misioneros». A Álex le acompañaban dos amigos y los tres llevaban una pulsera del camino de Santiago. La enseñaban con todo el orgullo.

ÁNGEL NAVARRETE

«Es más fácil creer en Dios», explicaba un matrimonio. Llevan cinco años casados y ayer se refugiaban en una esquina de la calle porque en la entrada de su sector había un tapón y traían a su hijo de tres meses. El bebé estaba dormido. «La idea es estar, pero no sabemos cuándo». Alberto y Alicia fueron vírgenes hasta el matrimonio. «Hay una donación física y la entrega es total. Siempre supe que esperaría. Rezaba por él antes de conocerle. Este amor es distinto, hay eternidad».

-¿Los católicos son más felices?

-Puede que haya más ateos felices. No tienen conciencia, no entienden del pecado, pero nosotros somos muy felices. Pensamos en la eternidad.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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