Quizá la diputada del PP, Ana Vázquez, pensó que al exhibir contra el ministro Marlaska un spray de gas pimienta en el hemiciclo del Congreso de los Diputados había ganado el titular del día. No fue bien informada al trabajo y lo que ella esgrimía como boutade para recrudecer la crítica al desastre del Gobierno en Ceuta es un arma tipificada que poco después ella entregó a alguien que manipuló el recipiente (por lo que sea) hasta confirmar que es una herramienta agresiva: 12 personas atendidas por los efectos del compuesto químico. La diputada Vázquez, desgañitada, río abajo, desaforadísima, mintió al alegar que la muestra estaba vacía. Una ponzoña más como la que sueltan los coches por el tubo de escape. Bastaba con agitar levemente el bote para confirmar que traía veneno dentro. La rabia se ha convertido en un fermento social. Imagino que después del test de estrés fallido de colar gas pimienta en el Congreso, la semana próxima volverán al insulto como estrategia de placaje al adversario. En rifirrafes de salón sale más a cuenta el navajeo dialéctico de toda la vida.
Sin percatarse, la diputada Ana Vázquez simbolizó lo que es el fin de esta legislatura: el rebosante "todo vale" que ensucia aún más una atmósfera sobrada de carga explosiva. Que los diputados lleven juguetes para captar la atención de las cámaras de televisión es un recurso infantiloide, pero que esos juguetes sean material antidisturbios e intoxiquen al respetable aumenta el delirio. No les basta con el desperdicio que generan algunas sesiones de control, hay que esparcir un poco de aerosol tóxico para avivar la gran comedia. A la misma hora, más o menos, una jueza y una abogada y unos policías desahuciaban de su casa del Barrio de Retiro a una mujer de 87 años con una discapacidad del 50%, Maricarmen. Cumplían la ley, porque la ley no siempre es buena ni justa y hay quien la prefiere así, y favorecían la especulación de una empresa inmobiliaria descontrolada de odio contra la anciana. Este otro gas pimienta legal, inhumano, desconsiderado, feroz, barracuda y codicioso degrada un poco más este momento español de todos los demonios.
Por seguridad cerraron varias estancias del Congreso después del vertido. Este fue el resultado de la ocurrencia de Ana Vázquez. Hace una década, más o menos, se arengaba a "rodear el Congreso". Ahora los servicios de emergencias deben precintarlo un rato porque alguien del equipo de la diputada desaforada provoca una fuga, un Chernobil tonto, y deja el aire irrespirable. En las bancadas de la derecha se aplaudió mucho la escena, porque el sketch tuvo cierta gracia. Principalmente en el tira y afloja entre Francina Armengol y Vázquez (expulsada del hemiciclio), cuando todo era ya un marianapinedismo de moqueta. La política está rarísima. La calle nerviosa. Según los augures, pronto surgirá la chispa que se lo ha de llevar todo por delante. El "Todo" es Pedro Sánchez, que regresa del pasacalles de la ONU con la huella dactilar de la reversible Delcy Rodríguez en la solapa. Y mantiene Ceuta destartalada. Y no ha logrado frenar los atropellos del mercado de la vivienda. Sí ha conseguido atar la solución para el cuatrero Puigdemont, pero con un asunto de emergencia social extrema como es la posibilidad de acceder a un alquiler digno no hemos tenido fortuna. Los socios, los socios, malos como la quina. Los desalmados de Junts, que todo lo enredan, ahora dicen que sí negocian lo que tumbaron en abril: ven tajada. Vaya por dios. Cada cual tiene su gas pimienta esta semana, aunque lo disfracen de Ambipur.