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Internacional

Contra Ayuso había que "ganar el relato", para Ferraz rige el secreto en la Fiscalía

Contra Ayuso había que "ganar el relato", para Ferraz rige el secreto en la Fiscalía
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La fiscal general Peramato confirmó ayer que existen dos varas de medir en la Fiscalía: una para quienes cuestionan al Gobierno y otra para quienes lo protegen.

La fiscal general del Estado, Teresa Peramato, comparece este viernes en la Comisión de Justicia. EFE

Editorial EL RUGIDO DE EL ESPAÑOL Contra Ayuso había que "ganar el relato", para Ferraz rige el secreto en la Fiscalía Publicada 20 junio 2026 02:33h

La comparecencia de Teresa Peramato ante la Comisión de Justicia del Senado ha confirmado que la Fiscalía General del Estado sigue operando con criterios de oportunidad política al servicio del Gobierno, del PSOE y de Pedro Sánchez.

Porque este viernes, la fiscal general se negó a responder sobre las visitas de Leire Díez (la fontanera de Ferraz) a la sede de la Fiscalía.

Su respuesta fue taxativa: "No daré ninguna información" y "no es esta la sede". Si una de las dos cámaras en las que se sustancia la soberanía popular no es "la sede", ¿cuál es entonces esa sede?

Con su negativa, Peramato bloqueó el paso a cualquier control parlamentario sobre posibles contactos entre el aparato del PSOE, el partido en el Gobierno, y la cúpula de la institución que debería velar por la legalidad y el Estado de derecho. La burla está a la vista.

Lo que se le pedía a la fiscal general era elemental. El Partido Popular había solicitado la presencia de Peramato para aclarar dos asuntos vinculados entre sí: la política de nombramientos en la Fiscalía y, sobre todo, las reuniones mantenidas por Diego Villafañe, mano derecha del anterior fiscal general, con Leire Díez.

Pero Peramato optó por el refugio del secretismo. Alegó deber de reserva, dijo que los casos están en manos de los jueces y esgrimió que ya había entregado toda la información al instructor.

Argumentos formales que, sin embargo, contrastan de forma brutal con la conducta que la propia Fiscalía mantuvo cuando el objetivo era otro.

En marzo de 2024, cuando circuló la información de que Alberto González Amador, pareja de Isabel Díaz Ayuso, había ofrecido reconocer dos delitos fiscales, la Fiscalía de Álvaro García Ortiz activó un operativo interno frenético. Mensajes de WhatsApp que constan en la causa judicial lo demuestran sin ambigüedad.

García Ortiz escribió: "Hay que sacarla, si tardamos se impone un relato que no es cierto" y "si dejamos pasar el momento nos van a ganar el relato".

Horas después, uno de los correos confidenciales entre la defensa de González Amador y la Fiscalía apareció filtrado en la cadena de radio SER, muy cercana al sanchismo.

El Tribunal Supremo condenó a García Ortiz por revelación de secretos. La sentencia dice: "El fiscal general no puede responder a una noticia falsa mediante la comisión de un delito". El deber de reserva y confidencialidad prevaleció sobre cualquier pretensión de "ganar el relato".

Peramato, sin embargo, ha elegido otro camino. En su toma de posesión, y de nuevo ayer, expresó su "admiración" por García Ortiz y su propósito de "sanar las heridas" que su condena causó en la institución. Esa herida, según ella, debe curarse manteniendo la lealtad a la carrera fiscal y evitando que el Ministerio Público entre en debates políticos.

La contradicción es evidente. Cuando la filtración servía para contrarrestar un relato perjudicial para el Gobierno y para la Fiscalía, se consideró una necesidad institucional.

Cuando se pregunta por contactos de una figura próxima al PSOE en la propia sede de la Fiscalía General, de repente rige el secreto más estricto y se deriva todo a la vía judicial.

El doble rasero es palmario, aunque previsible, por habitual, en las instituciones ocupadas por el sanchismo.

La negativa de Peramato a informar al Senado tiene además un alcance institucional más profundo. Al recordar que "ni la Constitución ni las Cámaras establecen un régimen de control" sobre la Fiscalía, la fiscal general vacía de contenido la función de control que corresponde al Parlamento. Si ni siquiera puede preguntarse en sede parlamentaria por las visitas de una operadora socialista a la cúpula fiscal, ¿qué sentido tiene su comparecencia?

Se consolida así una concepción de la Fiscalía como poder autónomo y ajeno a los controles institucionales de la democracia, sin rendición de cuentas efectiva ni ante los representantes de la soberanía popular ni ante la opinión pública.

A ello se suma su política de nombramientos. Peramato defendió que sus decisiones responden a "mérito y capacidad". La oposición, sin embargo, ve en los ceses (como el de la fiscal superior de Madrid, Almudena Lastra) y en los ascensos de personas vinculadas al anterior equipo una continuación de la purga iniciada tras la condena de García Ortiz.

La fiscal general rechazó el término "purga", pero no ofreció explicaciones convincentes sobre por qué determinados fiscales críticos han sido apartados mientras otros, muy cercanos al condenado, han sido promocionados.

La "sanación de heridas" parece consistir, en la práctica, en ahondar en el sometimiento ideológico y funcional de la Fiscalía a la Moncloa y a Pedro Sánchez.

El problema no es sólo de coherencia personal. Es de diseño institucional. Una Fiscalía que filtra cuando le conviene para dañar a un adversario político y que se cierra en banda cuando se le pregunta por sus propios contactos con el partido en el Gobierno es la antítesis de una institución democrática.

El Estado de Derecho exige que las instituciones apliquen las mismas reglas con independencia de quién resulte afectado. El Supremo ya estableció que no cabe vulnerar el secreto para "ganar el relato". Peramato aplica ahora ese principio de forma selectiva: con toda su fuerza cuando se trata de proteger información que podría incomodar a Ferraz y con notable flexibilidad cuando el objetivo era otro.

La comparecencia de ayer no aclaró nada. Confirmó, en cambio, que la Fiscalía General del Estado sigue inmersa en una dinámica de politización que el Tribunal Supremo intentó cortar con su sentencia. Peramato ha preferido el refugio del secretismo antes que ofrecer explicaciones.

Con ello no sólo ha defraudado la expectativa de transparencia que genera cualquier comparecencia parlamentaria, sino que ha reforzado la percepción de que existen dos varas de medir: una para quienes cuestionan al Gobierno y otra para quienes lo protegen.

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    Fuente original: Leer en El Español
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