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Cordones sanitarios

Cordones sanitarios
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La brutal guerra de desgaste entre el PSOE y el PP bloquea al sistema político y dispara a la ultraderecha

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Pedro Sánchez, da un discurso durante la clausura de la jornada 'Desigualdad: es hora de actuar' el viernes en Madrid. EFE

Alberto Surio

San Sebastián

Domingo, 22 de febrero 2026, 00:12

... intensas -el conflicto es algo normal en democracia-, sino de una dinámica estratégica en la que los principales partidos del sistema han terminado reforzando aquello que dicen combatir. Y en ese terreno, quien más rentabilidad obtiene es la ultraderecha, encarnada en Vox. Lo ocurrido esta semana en el Congreso -cada pleno es una exhibición soez- constituye un botón de muestra revelador del grado de descomposición al que está llegando el sistema político. No hay un solo puente de indulgencia sino una estrategia de bloques y de tierra quemada que tendrá efectos muy perniciosos en una España en la que la historia se ha escrito con tintes de tragedia no hace demasiado tiempo.

Esa estrategia es, además de moralmente discutible, tácticamente errónea. Cuando la derecha tradicional valida el marco conceptual de la ultraderecha, termina reforzando el original frente a la copia. El votante que busca confrontación sin matices suele preferir al actor más coherente en ese registro. Así, el PP se debilita estructuralmente mientras legitima el discurso que lo desborda.

Pero sería cómodo -y falso- presentar a los socialistas como simples víctimas del proceso. El PSOE bajo el liderazgo de Pedro Sánchez también ha jugado con fuego. Sus acuerdos con los independentistas han dado una valiosa munición a sus adversarios y han generado un gran desconcierto en parte de su base social. La estrategia de polarización como mecanismo de movilización electoral ha sido evidente: convertir cada elección en un plebiscito entre democracia y reacción, dramatizar el riesgo sistémico y utilizar la amenaza ultra como aglutinante del voto progresista.

A corto plazo, la lógica funciona. Moviliza el electorado propio, cohesiona bloques y reduce fugas internas. Pero a medio y largo plazo erosiona la convivencia institucional. Si todo es excepcional, nada lo es. Si cada adversario es presentado como una amenaza existencial, desaparece el terreno para el acuerdo estructural.

El resultado es un sistema político organizado en bloques irreconciliables, donde el incentivo para moderarse es casi nulo. En ese contexto, el verdadero cordón sanitario no pasa por declaraciones retóricas ni por exclusiones parlamentarias tácticas, sino por un gran acuerdo estratégico entre el PP y el PSOE en materias de Estado: modelo territorial, política exterior, reformas institucionales, reglas de gobernabilidad.

Sin embargo, ese escenario hoy parece imposible. Con Alberto Núñez Feijóo condicionado por su competencia con Vox y con Sánchez instalado en una lógica de resistencia permanente, el espacio para un pacto estructural es mínimo. Ambos liderazgos están atrapados en incentivos de corto plazo.

La paradoja es evidente: mientras PP y PSOE se neutralizan mutuamente en una batalla de desgaste, Vox consolida su posición como actor imprescindible del bloque conservador. La polarización no es un accidente del sistema; se ha convertido en su combustible.

España no necesita menos pluralismo ni menos debate. Necesita menos estrategia de demolición. Porque cuando la política se convierte en una guerra cultural permanente, el daño no es solo electoral: es institucional y generacional. Y ese daño, a diferencia de una derrota en las urnas, tarda décadas en repararse.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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