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Crítica de 'La ciudad de las luces muertas', la novela de David Uclés: demasiadas gracietas y ganas de epatar

Crítica de 'La ciudad de las luces muertas', la novela de David Uclés: demasiadas gracietas y ganas de epatar
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El autor de 'La península de las casas vacías' despliega una poderosa capacidad fabuladora, pero esta obra, ganadora del Premio Nadal, fatiga por reiterativa. Más información: La novela de un David Uclés en el pico de la polémica encabeza la lista de libros más esperados de febrero

David Uclés. Foto: Nieves Díaz

Letras Crítica de 'La ciudad de las luces muertas', la novela de David Uclés: demasiadas gracietas y ganas de epatar

El autor de 'La península de las casas vacías' despliega una poderosa capacidad fabuladora, pero esta obra, ganadora del Premio Nadal, fatiga por reiterativa.

Más información:La novela de un David Uclés en el pico de la polémica encabeza la lista de libros más esperados de febrero

Publicada 3 febrero 2026 13:57h Actualizada 3 febrero 2026 14:07h

David Uclés (Úbeda, 1990) ha sido el gran fenómeno comercial de los últimos tiempos de la literatura española. Publicada en marzo de 2024, La península de las casas vacías anda por la vigésima edición. Y lleva 57 semanas en puestos cimeros de la lista de libros de ficción más vendidos de El Cultural, aunque hace quince días perdió el primer lugar (la desplazó el destacado pero más modesto éxito de Lucía Solla con Comerás flores).

La ciudad de las luces muertas

David Uclés

Premio Nadal. Destino, 2026
282 páginas
22,90 €

En estos años, Uclés ha logrado fama, ha sido objeto de polémicas, ha estado presente en incontables foros y ha forjado una singular imagen personal. Su nueva novela, La ciudad de las luces muertas, confirma la persistencia de una estética que combina referencias históricas y libérrima invención. Uclés sigue aferrado a lo que se ha calificado, con poca propiedad, como realismo mágico.

La ciudad de las luces muertas se abre con un prólogo en el que quien fue el más cercano precedente de fenómeno comercial, Carlos Ruiz Zafón, anda por Nueva York, percibe señales inquietantes en el mar y observa que un cielo oscuro se aproxima a la metrópolis desde Europa. Un barco "ingente" que carga con el templo expiatorio de la Sagrada Familia se dirige a la ciudad y alguien con aspecto idéntico a Gaudí da la señal de alarma: Barcelona se está muriendo y "una oscuridad total rodea la ciudad".

Es el anuncio del motivo central de la fábula de Uclés, realzado por el título del libro: una ciudad de la que ha desaparecido la luz. Por esa Barcelona en tinieblas desfilan el amplísimo número de personajes, 74, que figuran en el índice preliminar del libro.

Se trata de una nómina variopinta de nombres acompañados de sendos calificativos. Con frecuencia son ocurrentes: el "anisero" García Lorca, el fotógrafo Cortázar, el dramaturgo Bolaño, el egipcio Terenci Moix, el moribundo Gil de Biedma, el mago García Márquez, el detective Vázquez Montalbán, el extraterrestre Eduardo Mendoza, la niña Matute, la promesa Rosalía… Otros se definen por su actividad real: el poeta Machado, la soprano Caballé, el médico Marañón…

David Uclés y la voz de los vencidos

En su mayor parte pertenecen al mundo del arte y la cultura, pero también figura alguno de otro ámbito (el atleta Fermín Cacho) e incluso uno procede de la ficción (el "ayudante" Biscúter). Tienen presencia escasa, salvo Carmen Laforet. Presentada en sugestiva mezcla de biografía y ficción (vive con sus tíos, como Andrea, la protagonista de Nada, en la casa de la calle Aribau 36 donde se localiza la acción de esta novela), "la veinteañera" Laforet aporta un hilo de continuidad a las acciones dispersas.

En esa Barcelona en tinieblas se enraciman sucesos variopintos e inconexos con múltiples protagonistas y en un marco temporal de absoluta flexibilidad. Existe un foco principal, centrado en la posguerra, pero ese núcleo rompe toda magnitud física real y se dilata. Hacia atrás, encontramos al dictador Primo de Rivera. Hacia delante, se llega al siglo XXII y sabemos que hay libros o recuerdos que vienen del futuro. En el medio, Picasso no vuelve a su época, se queda en 2026 y muere un 8 de abril.

Un trabajo meritorio, aunque el cúmulo de invenciones y ocurrencias pierden el efecto sorpresa

En ese "caos espaciotemporal", por decirlo con palabras de la propia novela, la instalación de una bombilla en el cielo que ilumine la ciudad y la rescate de la opresiva negrura supone un empeño colectivo que proporciona un leve hilo argumental. Pero se imponen los episodios sueltos de pura imaginación. Pueden ser varias apariciones: de una torre inmensa llena de espejos en mitad de la ciudad, de unas casas o de un pueblo entero llamado Iberona salidos de la nada.

O puede tratarse de encuentros sorpresivos de personas: de Josep Pla y Rubén Darío, de Dalí y el olímpico Fermín Cacho. Tampoco faltan conjeturas intencionadas y graciosas: Vargas Llosa va a un hospital para que le muevan el corazón de sitio, de la izquierda a la derecha de la cavidad torácica, pues ya no piensa ni siente como un progresista y busca que la sangre le sea bombeada en el lado conservador del cuerpo.

A tales fantaseamientos acompaña también una materia crítica de base testimonial centrada, sobre todo, en la capuchinada de 1966 que congregó a estudiantes y gente de la cultura en el convento de Sarrià y constituyó una sonora manifestación pública contra la dictadura. Por otra parte, la denuncia explícita se encuentra al identificar oscuridad y fascismo y al atribuir al fascismo la oscuridad que padece la ciudad.

Tal dañina situación generada por el franquismo se resolverá cuando retorne la luz, y ello sucede al final de la novela con un desfile de personajes que supone un desenlace positivo de la historia. Lo encarna bien Machado. Tras alojarse en una suite del hotel Majestic con la esperanza de encontrarse con Lorca vivo, la llegada de la claridad le inspiró "un último verso", "estos días azules y este sol de la infancia".

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David Uclés ha querido que la libertad imaginativa sin fronteras aplicada a personajes, anécdotas y tiempo tuviera su correspondencia en el plano formal. Así lo manifiestan un desarrollo argumental fraccionado y caprichoso próximo a un puzle y el recurso a procedimientos heredados de la vanguardia.

Uclés juega con la presentación gráfica de la historia. Encontramos múltiples manifestaciones en este sentido: nada menos que ocho páginas sustituyen el texto por una mancha negra; se intercalan varios textos manuscritos; una página solo lleva la primera y última línea y el resto queda en blanco; dos páginas nada más indican sendas horas (12:00 y 12:01); otra muestra una cuña tipográfica triangular a partir de las letras de una única frase.

El conjunto de rasgos señalados evidencia la tajante voluntad de Uclés de alejar su novela de la copia mimética de la realidad y de acogerse a un modelo narrativo vanguardista. Su propósito se inscribe en forjar una parábola en la que las referencias funcionan por elástica semejanza con el mundo real. Su poderosa inventiva y su capacidad fabuladora más un sentido lúdico de la escritura sirven bien a esta intención.

Aunque todo ello suponga un trabajo meritorio, si bien algo manierista, también merece serios reparos. La contraposición entre la oscuridad y lo luminoso resulta un simbolismo esquemático. Se incurre en un culturalismo inocentón: que Cortázar ande interrogándose sobre quién es la Maga o que a Ana María Matute se le diagnostique "sobredosis de realismo traumático".

Y no faltan gracietas que suenan a chistes. En resumidas cuentas, el cúmulo de invenciones, agudezas o simples ocurrencias y las ganas de epatar pierden el efecto sorpresa buscado y la novela fatiga por reiterativa.

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