Andrea Abreu. Lilia Ana Ramos
Letras Crítica de 'Pajaritos preñados', el regreso de Andrea Abreu tras el éxito de 'Panza de burro': un libro excepcionalSu nueva novela es una historia pequeña de personitas heridas que intentan subsistir en un mundo insoportable.
Abreu consigue que el fracaso sea triste y sea hermoso y que podamos amarlo y que a la vez nos azote.
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Begoña Méndez Publicada 8 septiembre 2026 02:36h SíguenosEn Pajaritos preñados, Andrea Abreu (Tenerife, 1995) despliega una tercera persona coral, una polifonía de omnisciencias que nacen de la entretela, del intestino, de los deseos y los sueños arruinados de cada uno de los protagonistas. El resultado es una prosa a la vez íntima y populosa, magmática y confesional: un torrente de falsas primeras personas que configuran una historia contemporánea de la Tenerife guanche, de esos hombres y mujeres sistemáticamente colonizados, marcados por su origen, por su estatus cultural, económico y social, sin posibilidad de futuro, dentro de una estructura sistémica de violencias y abusos y de marginalidad.
Cubierta de 'Pajaritos preñados'. Anagrama
Pajaritos preñados
Andrea Abreu
Anagrama, 2026
504 páginas. 23,90 €
Y es que la novela sitúa al lector en los años 90 del siglo pasado, en una isla atravesada (¿Debería, tal vez, escribir 'arrasada'?) por el turismo de masas y por el bum del ladrillo, en un barrio proletario marcado por el alcohol y las drogas como formas de consuelo frente a la precariedad: la promesa de abundancia que se rompió o ni siquiera alcanzaron a tocar porque no era para ellos. Sin embargo, que nadie se confunda o me malinterprete: no se trata en absoluto de un texto manifiestamente político o con afán de denuncia.
Es una historia pequeña, de gentes particulares, de personitas heridas en un mundo insoportable que intentan subsistir e incluso ser felices con sus escasos recursos. Lo que hace Andrea Abreu es contar en clave de fábula o relato antiépico una historia de derrota colectiva y consigue que el fracaso sea triste y sea hermoso y que podamos amarlo y que a la vez nos azote.
Digamos que, de algún modo, convierte la mierda en un parque de Disney y luego apaga las luces y cierra las puertas y nos pone a recoger la basura que han dejado los turistas. No romantiza y tampoco sermonea, lo que hace es transformar los materiales innobles de la vida de los parias en un texto literario que nos deja tiritando la mayor parte del tiempo porque no existe un escenario posible que los pueda redimir.
La prosa de Abreu es frenética, extremadamente oral, arriesgada en el tumulto de imágenes y comparaciones, enfangada en el exceso escatológico de cuerpos calenturientos, en la carne y el deseo (caca-culo-pedo-pis, tetas y refregaduras, bragas mojadas y penes enhiestos, sudor, sexo, mucho sexo).
Una presunta biografía de Rachel Cusk implacable con Natalie Portman sacude el Reino UnidoLa lectura es exigente: si no entras, estás fuera. Hay que aceptar su propuesta y dejarse arrastrar. No funciona por igual en todas sus páginas; a veces nos quedamos sin aliento como, imagino, se quedó Andrea Abreu al escribir alguno de sus pasajes. Respira, por favor, amiga, me salía suplicarle de vez en cuando.
Y sin embargo y con todo, es un libro excepcional. Incluso, ahora que lo he metabolizado, que se ha asentado en mí, pienso que la experiencia lectora es magia pura, que en todo caso es mejor derrapar contra el canon literario que no ir a ningún sitio.
'Pajaritos preñados' es magia pura, picaresca, rabia... Nos invita a mirar con devoción un mundo lleno de mierda
Carne famélica, cuerpos vivos, picaresca, rabia, vergüenza, dolor, máquinas tragaperras, alcoholismo, tarotistas de cuarta, telenovelas, verbenas y letras de cumbia; los pandilleros, las motos, las amigas, los pretendientes, las mujeres amargadas, los hombres alcoholizados, el deseo de salir de ese círculo vicioso al que muchos llaman suerte, donde si eres varón acabarás en la obra y si eres hembra estarás condenada a limpiar habitaciones de hotel. Y también a repetir la vida matrimonial de tu padre y de tu madre.
La amargura. El destino aciago. Ese es el contexto en el que crece la protagonista, María Cathaysa, una adolescente de dieciséis años con una madre que le avienta cuando quiere y un padre huido incapaz de hacerse responsable de su vida y de los suyos. Sin herramientas para emanciparse de la suerte que le espera, su pulsión de fuga choca constantemente contra una realidad cruda e ingobernable.
Cathaysa tiene un cuerpo que despunta sexualidad y despierta el deseo en los demás, tiene su miedo y su alegría, sus ganas de ser amada, de construir un hogar, su egoísmo esencial de animalito herido y asustado. Como su padre, el Tiznado, chatarrero, vago, ludópata, mentiroso, borracho, pícaro en los caminos, enamoradizo, roto.
Reflejo uno de otro, la novela se construye como un juego de espejos donde a veces se encuentran y otras veces están lejos. Solo al final sabremos qué pasa con la distancia, con el amor que se tienen, con sus ganas de vivir y de morir.
La matanza de Puerto Hurraco: cuando se superaron los límites del horror, pero también del amarillismoPajaritos preñados sigue las aventuras de padre e hija, cada uno por su lado, en busca de una Arcadia, de un Edén que no existe, y en sus caminos Abreu deja hablar a la isla. Tenerife no es tan solo un marco o un paisaje, es un personaje protagonista que habla a través de las vidas de sus guanches, de los fenómenos atmosféricos, de un estado constante de fin del mundo a las puertas o que ya está ocurriendo, pero no nos damos cuenta porque no es un estallido, sino una panza de burro, una lluvia que no cesa, una plaga de ciempiés, un mundo cruel y absurdo.
Y con todo, el amor, el pensamiento mágico. O el amor como forma de pensamiento mágico, es decir, de subsistencia. La mentira necesaria que nos contamos para no estar tan solos. Los vínculos son reales, pero están hechos de odios, de celos y violencias, de desprecios, de egoísmos. No es que sean malas personas, es solo que están perdidos y hacen daño sin querer. Son amorales y brutos, y tienen todo perdido. Entonces, como escribe Abreu, no queda otro remedio que ahogarse una vez y otra vez más "en el charco profundo de la inventadera".
Porque esto es Pajaritos preñados: un caballo blanco que galopa y nos invita a mirar con devoción un mundo lleno de mierda.