El primer minsitro belga Bart De Wever con Carles Puigdemont en la presentación de su libro 'La crisis catalana' en 2018 en Amberes. X
Europa Críticas al primer ministro belga "amigo" de Puigdemont por pedir a la UE "normalizar" las relaciones con RusiaEl líder nacionalista flamenco es considerado en Bruselas como el principal freno a que los Veintisiete endurezcan aún más su pulso económico con Moscú.
Más información:La UE calcula que Ucrania necesitará 135.000 M en 2026: los fondos rusos congelados, la única solución sin costes
Luis Villajos Publicada 17 marzo 2026 02:47hLas claves nuevo Generado con IA
El primer ministro belga, Bart De Wever, se ha colocado en el ojo del huracán tras reclamar el pasado fin de semana a la Unión Europea que "normalice" sus relaciones con la Rusia de Vladímir Putin para volver a acceder a "energía barata" en plena crisis por el cierre del estrecho de Ormuz y la escalada del precio del gas y el petróleo.
El líder nacionalista flamenco y "amigo" del expresidente catalán Carles Puigdemont, considerado en Bruselas como el principal freno a que los Veintisiete endurezcan aún más su pulso económico con Moscú, enfrenta ahora un alud de reproches tanto de sus socios internos de coalición como de responsables comunitarios, que le acusan de alimentar la narrativa del Kremlin y de debilitar la unidad europea en plena guerra de Ucrania.
En una entrevista con el diario económico L’Echo, De Wever apeló al "sentido común" para justificar la reapertura del grifo energético ruso, al sostener que Europa debe "llegar a un acuerdo" con Putin si quiere contener la factura energética, aunque matizó que no se trata de ser "ingenuos" con Moscú.
Puigdemont y la 'Casa Rusia': así se le abrieron las puertas del Kremlin en momentos clave del 'procés'"En privado, los líderes europeos están de acuerdo conmigo, pero nadie se atreve a decirlo en voz alta", llegó a presumir el dirigente flamenco, a quien la revista Politico ya retrató como "el activo más valioso" del Kremlin por su resistencia a utilizar los activos rusos congelados en la UE como garantía de un macropréstamo de 140.000 millones de euros para Ucrania.
Las palabras del jefe de Gobierno belga han provocado un incendio político en Bélgica, donde socios de su coalición como los socialistas flamencos y los democristianos le han recordado que volver a comprar gas a Rusia significaría, de facto, financiar la maquinaria bélica que sostiene la invasión de Ucrania.
"Volver a comprar más gas a Putin solo dará de nuevo más dinero a Rusia para continuar su guerra", advirtió el partido Cristiano Demócrata y Flamenco, mientras el líder socialista Conner Rousseau recalcaba que el Gobierno federal nunca ha acordado "ir a suplicar a Putin por energía barata".
El comisario europeo de Energía, Dan Jørgensen, se encargó, por su parte, de recordarle que los Veintisiete habían tomado la decisión de dejar de importar energía rusa. "Antes de Navidad lo convertimos en ley", apuntó el socialdemócrata danés.
Sería un error repetir lo que hicimos en el pasado. En el futuro no importaremos ni una sola molécula de Rusia", sentenció.
Ante estas críticas, el ministro de Exteriores belga, Maxime Prévot, se ha visto obligado a salir para tratar de contener el daño diplomático, marcando una "distinción crucial" entre mantener canales de diálogo con Rusia y la "normalización" de unas relaciones que, a día de hoy, siguen marcadas por las sanciones y por el rechazo europeo a las "exigencias maximalistas" del Kremlin.
Prévot insistió en que Bélgica mantiene "inalterable" su apoyo a Ucrania, aseguró que el primer ministro no ha pedido aliviar las sanciones y subrayó que un eventual acuerdo de paz es condición previa para replantear el marco actual.
Las críticas a De Wever se enmarcan en el contexto del pulso que el propio De Wever mantiene desde hace meses con sus socios europeos sobre el uso de los más de 200.000 millones en activos rusos congelados en Europa, en buena parte depositados en Bélgica.
El primer ministro ha amenazado con bloquear los planes para emplear esos fondos como garantía financiera para Kiev si no se blindan al máximo los riesgos para el Estado belga, un endurecimiento de condiciones que, según diversas capitales, está retrasando la respuesta económica al conflicto bélico.
Su amistad con Puigdemont
El debate sobre este acercamiento a Rusia llega acompañado de la sombra de Cataluña, donde el 'RusiaGate' ha vuelto a cobrar protagonismo político al calor de las maniobras de De Wever.
El primer ministro belga no solo es el dirigente que hoy encabeza el Gobierno federal, sino también el viejo aliado del expresidente catalán Carles Puigdemont, a quien lleva años brindando apoyo político y logístico desde la N-VA, el partido nacionalista flamenco que ha sido uno de los principales valedores internacionales del líder de Junts.
"Carles Puigdemont es un amigo y los amigos son siempre bienvenidos", declaró De Wever en 2017, entonces alcalde de Amberes, cuando el expresidente catalán llegó a Bélgica huyendo de la Justicia española tras el referéndum ilegal del 1-O y la fallida declaración de independencia.
Bart de Wever y Carles Puigdemont en la presentación de un libro en 2018. Efe
Desde entonces, el hoy primer ministro no solo ha defendido a Puigdemont en público, lo ha arropado en actos como en 2018 en la presentación de su libro La crisis catalana en Amberes y ha convertido a la N-VA en uno de sus puntales en el Parlamento Europeo, sino que ha contribuido a consolidar el refugio belga del independentismo catalán.
Puigdemont, por su parte, ha agradecido públicamente el apoyo de De Wever y de la N‑VA desde 2017, destacando su papel a la hora de ofrecerle un entorno político amigo en Bélgica.
Cuando De Wever fue investido primer ministro en febrero de 2025, Puigdemont celebró su llegada al poder y escribió que "su voz es muy necesaria en el Consejo Europeo", en un mensaje de felicitación donde reforzaba esa cercanía política.
El 'RusiaGate'
El giro de De Wever hacia una hipotética "normalización" con Moscú reaviva, además, las sospechas sobre los contactos del entorno de Puigdemont con Rusia que investiga la Justicia española.
El llamadoRusiaGate catalán se centra en la figura de Josep Lluís Alay, historiador y fotógrafo, responsable de la oficina del expresidente en el extranjero y considerado el principal enlace de Puigdemont en Moscú, quien viajó en 2019 a la capital rusa para reunirse con exfuncionarios y personas vinculadas a los servicios de inteligencia del Kremlin, según documentos del caso Volhov y revelaciones del New York Times.
Alay, el historiador que juega a ser el James Bond del separatismo y define la estrategia de PuigdemontDe acuerdo con esas investigaciones, la oficina de Puigdemont llegó a sufragar al menos uno de los viajes de Alay a Rusia, donde este habría sondeado apoyos al movimiento independentista catalán, extremo que tanto él como el propio expresidente niegan, alegando que se trataba de contactos "regulares" con autoridades y periodistas extranjeros.
Sin embargo, los informes de la causa judicial encuadran esos movimientos en la estrategia del Kremlin de tejer lazos con fuerzas secesionistas y euroescépticas para desestabilizar la política europea, un patrón que analistas ven ahora reforzado por la coincidencia entre las posiciones de De Wever sobre Rusia y sus lazos políticos con Puigdemont.
En Bruselas, diplomáticos europeos sostienen que la combinación de factores —un primer ministro de un país clave para los activos rusos, defensor de una línea más blanda con Moscú, y al mismo tiempo aliado histórico del independentismo catalán salpicado por el RusiaGate— dibuja un escenario "explosivo" para la credibilidad de la política exterior de la UE.
Sin embargo, De Wever se victimiza por la "dimensión" que, a su juicio, se ha dado a sus palabras, pero el terremoto político que ha desatado en Bélgica y en las capitales europeas está lejos de remitir.