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Craxi, el primer ministro que se fugó de su juicio por corrupción y que Peinado invoca para retirar el pasaporte a Begoña

Craxi, el primer ministro que se fugó de su juicio por corrupción y que Peinado invoca para retirar el pasaporte a Begoña
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Bettino Craxi se fugó en 1994 a Túnez antes de que le retirasen el pasaporte y fue condenado en rebeldía en el macroproceso 'Manos Limpias'. Más información: Tomás Gómez: "Pedro Sánchez pasará a la historia como el Bettino Craxi español. No descarto que huya del país"

El ex primer ministro italiano Bettino Craxi en los años 80. Fondazione Craxi.

Europa Craxi, el primer ministro que se fugó de su juicio por corrupción y que Peinado invoca para retirar el pasaporte a Begoña

Bettino Craxi se fugó en 1994 a Túnez antes de que le retirasen el pasaporte y fue condenado en rebeldía en el macroproceso 'Manos Limpias'.

Más información: Tomás Gómez: "Pedro Sánchez pasará a la historia como el Bettino Craxi español. No descarto que huya del país"

Publicada 9 julio 2026 02:41h Las claves

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La fuga en 1994 de Benedetto 'Bettino' Craxi, primer ministro de Italia de 1983 a 1987, para refugiarse en Túnez justo antes de su imputación en el macroproceso por corrupción 'Manos Limpias' (Mani Pulite) ha sido el precedente citado por el juez Juan Carlos Peinado para justificar la retirada del pasaporte a Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

"No sería la primera ocasión en la que un presidente del Gobierno de un Estado Miembro de la Unión Europea de un país mediterráneo (Italia) se fuga ante un procedimiento de una trama de corrupción a un país del continente africano (Túnez)", argumenta el magistrado para esgrimir que la "escolta" no impidió en ese caso la huida de Craxi.

El veterano socialista, no obstante, ya no estaba en el poder en el momento de marcharse de Italia. Acababa de hecho de perder la inmunidad parlamentaria de la que disfrutó durante un cuarto de siglo. Una longevidad política excepcional en un sistema como el italiano, solo superada por su sucesor en el cargo Silvio Berlusconi, y actualmente por Giorgia Meloni.

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Las circunstancias de la fuga de Craxi fueron chocantes. El tribunal de 'Manos Limpias' ordenó retirarle el pasaporte el 12 de mayo de 1994, apreciando 'riesgo de fuga'. Pero el ex primer ministro ya se encontraba en Hammamet bajo la protección de Ben Alí, 'padre' del Túnez moderno. Previamente había intentado refugiarse en Francia junto a un viejo amigo, el presidente François Mitterrand.

No volvería a pisar Italia. El ex primer ministro moriría sólo y repudiado en el año 2000, condenado in absentia por dos cargos, corrupción y financiación ilegal de su partido. Siempre defendió su inocencia, pero en unos términos que sacudieron al país: no negó haber pagado sobornos, sino que los presentó como parte indisociable del sistema.

"Basta de hipocresía, todos los partidos han usado los sobornos para autofinanciarse, incluso los que aquí se las dan de moralistas", pronunció desafiante en 1993 ante la Cámara de los Diputados. La revelación de que la corrupción estaba imbricada a todos los niveles de la clase dirigente le otorgó al proceso su mote popular: Tangentopoli, 'la ciudad de los sobornos'.

Craxi, gran referente del socialismo europeo de los años ochenta, siempre defendió que no había delinquido en provecho propio. Se presentó como il Cinghialone, ('gran jabalí') la 'pieza de caza mayor' que perseguía el juez Antonio Di Pietro. Hoy, reconocido como uno de los grandes modernizadores de la política italiana, su rehabilitación pública no llegó hasta 2010.

Del prestigio a la caída

Bettino Craxi nació en 1943 en Milán en el seno de una familia socialista opuesta al régimen fascista de Benito Mussolini. Siguiendo los pasos de su padre Vittorio, estudió derecho y se afilió al Partido Socialista Italiano (PSI). Fue elegido por primera vez diputado en 1968, y en 1976 se convirtió en el secretario general del partido.

Bautizado como 'Don Nadie' (Signore Nessuno) por la prensa al tratarse de un desconocido para el público, el joven Craxi supo maniobrar al margen del Partido Comunista Italiano (PCI), que dominaba con su influencia a la izquierda italiana. El principal punto de ruptura fue el secuestro y asesinato del primer ministro democristiano Aldo Moroa manos de las Brigadas Rojas.

Bettino Craxi junto a Felipe González. EFE

El intento de mediar con los terroristas para salvar la vida de Moro permitió a Craxi tender lazos con la Democracia Cristiana (DC) y resolver su dilema: deseaban integrar a fuerzas de izquierdas en la coalición de Gobierno, pero los comunistas, en el contexto de la Guerra Fría y la violencia política, eran intocables.

El giro al centro y el abandono del marxismo brindaron a Craxi el éxito en las elecciones de 1983 y su primer mandato como primer ministro apoyado por la DC. Una trayectoria que le llevó a encontrar un aliado en Felipe González, flamante primer presidente socialista de España desde el año anterior.

González fue uno de los primeros en definir el estilo particular de gobierno de su colega italiano: Decisionismo. Craxi impuso un modelo legislativo a golpe de decreto, para evitar que los proyectos de ley quedasen indefinidamente relegados por las constelaciones de grupos parlamentarios que caracterizan a la Cámara en Italia.

También imprimió su particular personalidad a la política internacional. Aunque se mantuvo como aliado de Washington, la crisis del crucero Achille Lauro, asaltado por terroristas palestinos, le llevó a chocar directamente con el presidente estadounidense Ronald Reagan.

Reagan reclamó la entrega de los palestinos capturados para responder por el asesinato de un turista estadounidense, pero Craxi insistió en que le correspondía a Italia juzgarlos. EEUU trató entonces de llevárselos a la fuerza, una crisis que acabó con los Delta Force y los Carabinieri encañonándose. Finalmente, Reagan cedió.

El proceso 'Manos Limpias'

El segundo gobierno Craxi cayó en 1987, pero él siguió liderando el partido socialista, prosiguiendo con su política de amenazas de ruptura seguidas pactos con los demócrata-cristianos. Una táctica que pasó a llamarse movimientismo y que, pese a las críticas, sostuvo la relevancia del socialismo en la oposición.

Bettino Craxi, segundo por la izquierda, en el G-7 de 1985. White House Photographic Office

El comienzo del macroproceso que supondría su fin ocurrió en 1992 con la detención de un cargo subalterno del PSI, Mario Chiesa, por cobrar un soborno de una empresa de limpieza. Craxi restó importancia al arresto calificando a Chiesa de "truhán", pero él describió a los fiscales la existencia de una red de corrupción institucionalizada.

La Fiscalía de Milán organizó un tribunal bajo el mencionado juez Di Pietro y el fiscal Francesco Saverio Borrelli. Entre 1992 y 1996, se investigaron a más de 4.500 personas y fueron condenados 1.233 políticos y empresarios por diversos indicios de corrupción, malversación y cohecho.

La 'ciudad de los sobornos' no era otra que la propia Milán. Según descubrió la investigación, todos los contratos públicos aparejaban un porcentaje que se cobraba como 'mordida'. Esta, a continuación, se repartía entre los partidos según su representación municipal: un 50% al PSI, un 20% a la DC, otro 20% a los comunistas y el resto a los minoritarios

El primer impacto fue electoral, con el desplome de las formaciones implicadas en el reparto y el auge de movimientos en los extremos, como la Liga Lombarda, germen de la Liga Norte que ya en 1992 se convirtió en primer partido en Milán.

Mientras el magistrado Di Pietro se convertía en un héroe popular, Craxi se enfrentaba al descrédito. El ex primer ministro no dudó en atacar directamente al juez. "No es oro todo lo que reluce, pronto descubriremos que el juez Di Pietro no es el héroe que parece. Hay demasiados aspectos poco claros sobre 'Manos Limpias'", denunció.

Pero el daño estaba hecho. En 1993, la Cámara de los Diputados tuvo que rechazar hasta cuatro veces los intentos del Tribunal por procesar a Craxi, lo que indignó a los italianos. Un grupo de manifestantes le esperó frente a su residencia en la Plaza Navona de Roma y le arrojó monedas y billetes de cinco liras. "¿Estas también las quieres, Bettino?", gritaban.

Muerte en el 'exilio'

Las manifestaciones terminaron forzando a Craxi a no presentarse de nuevo en 1994, lo que coincidió con el momento álgido del Tangentopoli, ya convertida en "padre de todos los procesos". Llamado a declarar, siguió sosteniendo que el sistema de sobornos existía con la connivencia de todas las fuerzas políticas.

Para cuando se solicitó la retirada de su pasaporte, el ex primer ministro ya se encontraba en Hammamet, en una residencia de su propiedad, acompañado de su mujer Anna Maria Moncini y sus dos hijos, Stefania y Bobo. Aunque se reclamó su extradición, las autoridades tunecinas la denegaron.

Bettino Craxi Ansa

El tribunal le condenó por la financiación ilegal del PSI y también por corrupción, inicialmente por un total de 27 años y finalmente a 9 años y ocho meses confirmados en apelación. También se le inhabilitó a perpetuidad de todo cargo público y se le impuso una multa de 23 millones de dólares.

Craxi siempre negó haber actuado por provecho personal, aunque el tribunal apreció que había cometido cohecho al usar parte del dinero opaco para favorecer a dos de sus amantes, Ania Pieroni y Patrizia Caselli. Él siempre mantuvo que había una 'mano negra' tras el proceso, acusando a la CIA de vengarse por el caso Achille Lauro.

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Los últimos días del líder italiano estuvieron marcados por el deterioro de su salud debido a la avanzada diabetes que padecía, hasta el punto de provocarle una cardiopatía. El temor a ser detenido si abandonaba su residencia tunecina le impidió ser tratado en Europa. La enfermedad crónica le afectó a los riñones, lo que derivó en un tumor renal.

Debido a su deterioro, la Justicia italiana le ofreció conmutar la pena de cárcel por el arresto domiciliario. "Si no puedo volver como un hombre libre, prefiero quedarme aquí muerto", respondió. El 19 de enero del año 2000, su hija lo encontró cadáver, muerto a los 65 años de un ataque al corazón.

El comunista Massimo d'Alema, primer ministro italiano que había chocado poco antes con Felipe González en la Internacional Socialista cuando el español defendió a su "amigo Craxi", ofreció a la familia un funeral de estado, pero lo rechazaron. Su cuerpo descansa en Hammamet, bajo el epitafio: Mi libertad equivale a mi vida.

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