Los famosos agonistas del receptor GLP-1, entre los que destacan algunos protagonistas como el Ozempic, han revolucionado el tratamiento de la diabetes de tipo 2 y de la obesidad. Sin embargo, desde hace tiempo pacientes y médicos venían reportando un "efecto secundario" tan sorprendente como esperanzador, puesto que se veía que este tratamiento hacía que la gente no tuviera ganas de beber alcohol o fumar.
Nuevas vías. Lo que empezó como un goteo de anécdotas en las consultas de los médicos ha acabado siendo objetivo de estudio por diferentes equipos de investigación que han visto aquí una nueva forma de entender el mecanismo de las adicciones en los humanos. Ahora, un reciente estudio publicado en BMJ respaldado por nuevos ensayos clínicos, apunta a que estos medicamentos podrían ser la clave para tratar los trastornos por uso de sustancias adictivas.
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Cómo se vio. El peso pesado de esta nueva investigación es un gigantesco estudio de cohorte publicado en 2026, donde se analizaron los datos de 606.434 veteranos de Estados Unidos con diabetes de tipo 2. Aquí se dividió en dos grupos: aquellos que iniciaron el tratamiento con fármacos GLP-1 como Ozempic y aquellos que tomaron inhibidores de la SGLT2, que es uno de los tratamientos aceptados para la diabetes tipo 2 avanzada.
Los resultados. Pero el dato más impactante llegó al analizar a los pacientes que ya tenían un historial previo de adicciones. En este grupo, el uso de Ozempic se tradujo en un descenso drástico de los problemas de adicciones que requerían tratamiento urgente, pero también se vio una menor tasa de ingresos hospitalarios, una menor mortalidad relacionada con las drogas, una caída en las sobredosis e, incluso, una reducción significativa en la ideación y los intentos suicidas.
Los ensayos. Aunque los estudios observacionales son muy valiosos, también hay que ir al laboratorio para ver qué está ocurriendo. Aquí, un ensayo aleatorizado de 2025 demostró que la toma de Ozempic reducía drásticamente la autoadministración de alcohol en un entorno de laboratorio. Aquí los pacientes reportaron menos ansiedad por tener que tomar una copa o un cigarro, menos días de consumo intensivo e incidentalmente, una disminución en el número de cigarrillos que fumaban al día.
En el pasado, un estudio publicado en 2022 evidenció que utilizando exenatida no se logró reducir de forma general los días de consumo de estas drogas, pero sí se pudo ver cómo el fármaco tenía un efecto directo en algunas partes concretas del cerebro que están relacionadas con los centros de recompensa.
¿Por qué? Que un fármaco diseñado para el páncreas afecte a nuestra relación con el alcohol y el tabaco, la verdad es que puede plantear muchas dudas. La respuesta está en el cerebro, puesto que algunas revisiones apuntan a que los receptores GLP-1 no solo regulan el azúcar en sangre o ralentizan el vaciamiento gástrico.
Estos receptores también se encuentran en áreas cerebrales clave que controlan la vía de la dopamina, y es por ello que, al activarlos, los fármacos como la emaglutida o la liraglutida atenúan la sensación de recompensa. En roedores, por ejemplo, bloquean el refuerzo que producen sustancias como la cocaína, los opioides o la nicotina y, básicamente, la droga deja de "sentirse bien".
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Un cambio de paradigma. Como se puede ver a diario, el consumo de drogas de manera constante en el tiempo puede tener consecuencias devastadoras para la vida de las personas y de las que las rodean. El problema es que ahora mismo hay pocas terapias farmacológicas aprobadas para brindar un apoyo a estos adictos, y esto hace que cualquier pista para tener una nueva puerta terapéutica se celebre.
Aunque se necesita más investigación y ensayos de fase III a gran escala para que las agencias reguladoras aprueben oficialmente su uso psiquiátrico, los fármacos GLP-1 parecen estar haciendo algo que la medicina llevaba décadas buscando: "saciar" no solo el hambre físico, sino también el hambre química del cerebro.
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Creíamos que los fármacos GLP-1 iban a cambiar solo la obesidad. Acaban de poner patas arriba cómo tratamos las adicciones
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Xataka
por
José A. Lizana
.
Creíamos que los fármacos GLP-1 iban a cambiar solo la obesidad. Acaban de poner patas arriba cómo tratamos las adicciones
Ozempic está mostrando efectos secundarios que son positivos para tratar adicciones
Los famosos agonistas del receptor GLP-1, entre los que destacan algunos protagonistas como el Ozempic, han revolucionado el tratamiento de la diabetes de tipo 2 y de la obesidad. Sin embargo, desde hace tiempo pacientes y médicos venían reportando un "efecto secundario" tan sorprendente como esperanzador, puesto que se veía que este tratamiento hacía que la gente no tuviera ganas de beber alcohol o fumar.
Nuevas vías. Lo que empezó como un goteo de anécdotas en las consultas de los médicos ha acabado siendo objetivo de estudio por diferentes equipos de investigación que han visto aquí una nueva forma de entender el mecanismo de las adicciones en los humanos. Ahora, un reciente estudio publicado en BMJ respaldado por nuevos ensayos clínicos, apunta a que estos medicamentos podrían ser la clave para tratar los trastornos por uso de sustancias adictivas.
Cómo se vio. El peso pesado de esta nueva investigación es un gigantesco estudio de cohorte publicado en 2026, donde se analizaron los datos de 606.434 veteranos de Estados Unidos con diabetes de tipo 2. Aquí se dividió en dos grupos: aquellos que iniciaron el tratamiento con fármacos GLP-1 como Ozempic y aquellos que tomaron inhibidores de la SGLT2, que es uno de los tratamientos aceptados para la diabetes tipo 2 avanzada.
Los resultados. Pero el dato más impactante llegó al analizar a los pacientes que ya tenían un historial previo de adicciones. En este grupo, el uso de Ozempic se tradujo en un descenso drástico de los problemas de adicciones que requerían tratamiento urgente, pero también se vio una menor tasa de ingresos hospitalarios, una menor mortalidad relacionada con las drogas, una caída en las sobredosis e, incluso, una reducción significativa en la ideación y los intentos suicidas.
Los ensayos. Aunque los estudios observacionales son muy valiosos, también hay que ir al laboratorio para ver qué está ocurriendo. Aquí, un ensayo aleatorizado de 2025 demostró que la toma de Ozempic reducía drásticamente la autoadministración de alcohol en un entorno de laboratorio. Aquí los pacientes reportaron menos ansiedad por tener que tomar una copa o un cigarro, menos días de consumo intensivo e incidentalmente, una disminución en el número de cigarrillos que fumaban al día.
En el pasado, un estudio publicado en 2022 evidenció que utilizando exenatida no se logró reducir de forma general los días de consumo de estas drogas, pero sí se pudo ver cómo el fármaco tenía un efecto directo en algunas partes concretas del cerebro que están relacionadas con los centros de recompensa.
¿Por qué? Que un fármaco diseñado para el páncreas afecte a nuestra relación con el alcohol y el tabaco, la verdad es que puede plantear muchas dudas. La respuesta está en el cerebro, puesto que algunas revisiones apuntan a que los receptores GLP-1 no solo regulan el azúcar en sangre o ralentizan el vaciamiento gástrico.
Estos receptores también se encuentran en áreas cerebrales clave que controlan la vía de la dopamina, y es por ello que, al activarlos, los fármacos como la emaglutida o la liraglutida atenúan la sensación de recompensa. En roedores, por ejemplo, bloquean el refuerzo que producen sustancias como la cocaína, los opioides o la nicotina y, básicamente, la droga deja de "sentirse bien".
Un cambio de paradigma. Como se puede ver a diario, el consumo de drogas de manera constante en el tiempo puede tener consecuencias devastadoras para la vida de las personas y de las que las rodean. El problema es que ahora mismo hay pocas terapias farmacológicas aprobadas para brindar un apoyo a estos adictos, y esto hace que cualquier pista para tener una nueva puerta terapéutica se celebre.
Aunque se necesita más investigación y ensayos de fase III a gran escala para que las agencias reguladoras aprueben oficialmente su uso psiquiátrico, los fármacos GLP-1 parecen estar haciendo algo que la medicina llevaba décadas buscando: "saciar" no solo el hambre físico, sino también el hambre química del cerebro.