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Ciencia

Crece por decenas el número de enfermedades atribuibles al alcohol, pero algunas son reversibles, dice estudio

Crece por decenas el número de enfermedades atribuibles al alcohol, pero algunas son reversibles, dice estudio
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El alcohol sigue siendo uno de los factores de riesgo más importantes para la muerte prematura en el mundo. Sin embargo, la relación entre consumo y salud es mucho más compleja de lo que suele presentarse en el debate público.
Javier CarbajalSalud17 de mayo de 2026revista científicaAddiction, fue elaborado por investigadores de universidades y centros de salud pública de Canadá, Estados Unidos y Europa. Los autores revisaron metaanálisis de estudios de cohorte (investigaciones que siguen a miles de personas durante años) y también estudios de aleatorización mendeliana, una técnica genética diseñada para estimar revelaciones causales con menor riesgo de sesgos.

evidencia causal sólida para al menos siete tipos de cáncer: boca, faringe, esófago, colon y recto, laringe y mama. Además, hay señales crecientes de que también podría aumentar el riesgo de cáncer de estómago, páncreas y vías biliares.

Las razones biológicas son muchas. Cuando el cuerpo metaboliza el alcohol, produce acetaldehido, una sustancia capaz de dañar el ADN. Además, el alcohol favorece el estrés oxidativo y la inflamación, altera hormonas como el estrógeno y facilita la absorción de otros carcinógenos, como los presentes en el humo del tabaco. A mayor consumo, mayor riesgo.

Respecto al corazón

La situación se vuelve más compleja en las enfermedades cardiovasculares. Los metaanálisis revisados por los autores muestran una relación en forma de “J” para enfermedades cardíacas y algunos tipos de infarto cerebral. Esto significa que las personas que consumen pequeñas cantidades de alcohol, sin episodios de consumo excesivo, podrían presentar un riesgo ligeramente menor que quienes no beben nada. No obstante, a partir de ciertos niveles de consumo, el riesgo aumenta rápidamente.

El problema es que los estudios genéticos más recientes no confirman con claridad ese posible efecto protector. La mayoría encontró asociaciones nulas o incluso perjudiciales. Aun así, los autores consideran que la evidencia genética todavía es insuficiente para descartar completamente la famosa curva en “J”, porque muchos de esos estudios no lograron diferenciar entre consumo moderado y episodios intensos de bebida.

“Aunque ahora sabemos mucho sobre los efectos del alcohol en la salud, sigue siendo controvertido si un consumo moderado es beneficioso para el corazón”, apunta Jürgen Rehm, coautor y científico senior del Centro Canadiense para la Adicción y la Salud Mental (CAMH). “Tras analizar tanto los estudios de cohortes como los estudios de aleatorización mendeliana, con todas sus posibles ventajas y sesgos, concluimos que no hay suficiente evidencia para descartar un efecto beneficioso del consumo de alcohol en la cardiopatía isquémica y el accidente cerebrovascular isquémico”.

Cabe mencionar que el patrón de consumo parece ser tan importante como la cantidad total ingerida. Los llamados episodios de consumo excesivo (ingerir grandes cantidades de alcohol en una sola ocasión) eliminan cualquier posible beneficio cardiovascular y aumentan el riesgo de hipertensión, arritmias, accidentes cardiovasculares y muerte súbita.

Respecto al cerebro

El consumo excesivo de alcohol aumenta el riesgo de deterioro cognitivo y demencia. Los autores citan estudios donde la dependencia al alcohol se asocia fuertemente con demencia de aparición temprana, antes de los 65 años.

En cambio, el efecto del consumo ligero o moderado sobre la demencia sigue siendo incierto. Algunos estudios observacionales sugieren posibles beneficios en adultos mayores, mientras otros detectan daño cerebral incluso con niveles menores de consumo. Ante esas contradicciones, los investigadores recomiendan un enfoque conservador, es decir, considerar únicamente el efecto perjudicial del consumo pesado al estimar la carga de enfermedad atribuible al alcohol.

Respecto daños a terceros

Otro aspecto importante del estudio es que reconoce que el daño del alcohol no afecta únicamente a quien bebe. La nueva clasificación internacional CIE-11 incluye explícitamente los daños a terceros, como las alteraciones durante el embarazo que pueden causar trastornos del espectro alcohólico fetal. También se destaca el enorme peso de las lesiones relacionadas con intoxicación aguda, como accidentes de tránsito, caídas, violencia y autolesiones.

Incluso concentraciones relativamente bajas de alcohol en la sangre deterioran la coordinación, el tiempo de reacción y la toma de decisiones. Por eso, el riesgo de lesiones aumenta desde niveles bajos de intoxicación y se intensifica rápidamente conforme sube el consumo.

Fuente original: Leer en Wired - Ciencia
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