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¿Cuánto va a medir mi hijo? Esta es la fórmula matemática para saber su altura cuando sea mayor«Es curioso que todos queremos hijos altos y esbeltos: los padres altos quieren hijos altos, pero resulta que los bajitos... también. Y esto no funciona así», advierten los pediatras
Sábado, 28 de marzo 2026, 00:06
... consulta y, antes de dar los buenos días, ya te preguntan en qué percentil están sus hijos», cuenta la pediatra Lucía Galán. «De hecho, el momento en el que abres la cartilla de salud y pones el puntito sobre la gráfica de la altura es uno de los momentos más tensos en las revisiones de un niño sano», reconoce la especialista.Y no funciona así, entre otras cosas, porque la altura depende en gran medida de la genética. «La diferencia de estatura entre un individuo y otro se explica por millones de pequeñas variantes genéticas. Son muchas y cada una de ellas aporta a la estatura entre uno y dos milímetros», explican en la Asociación Española de Genética Humana (AEGH). De manera que si unos padres son bajos, lo más probable es que sus hijos también lo sean, aunque también hay excepciones.
«Los genes nos marcan un techo del que no vamos a poder pasar, pero nuestros hábitos de vida –ese 20% que no depende de la genética– nos colocarán más cerca o más lejos de esa estatura máxima. Esa frase tan manida de que si comemos bien y hacemos ejercicio creceremos más es totalmente cierta», coinciden los expertos. Al margen de estos pequeños condicionantes, la altura que alcanzará un niño en la edad adulta va a depender, básicamente, de la estatura de sus padres.
Cinco centímetros de margen
Si quieres hacerte una idea aproximada de lo que puede llegar a medir tu hijo de mayor, existe una fórmula matemática que te lo 'chiva'. Este método predice la talla diana, «que es la altura final esperable para un niño en función de la estatura de sus padres». Y es la siguiente: primero ponemos la altura del padre en centímetros (176) y le sumamos la de la madre (162). El resultado (338) se divide entre dos (169) y se le suman 6,5 centímetros si es chico o se le restan 6,5 si es chica. El resultado de esa fórmula es la altura estimada que alcanzarán ambos en la edad adulta, con un margen de error aproximado de 5 centímetros arriba o abajo. Es decir, la talla diana del niño es de 175,5 centímetros (cinco arriba, cinco abajo) y la de la niña es de 162,5 con el mismo margen de error.
Los resultados son tan solo una aproximación, ya que el crecimiento es un fenómeno mucho más complejo, en el que intervienen multitud de factores. Además, cabe precisar que si la diferencia de estatura entre ambos progenitores es muy llamativa (uno muy alto y el otro muy bajito), este cálculo puede resultar más impreciso, «ya que es posible que el niño 'salga' a una de las dos ramas familiares», precisan los especialistas.
Prueba de la muñeca
Las personas crecen mientras sus huesos no se calcifiquen del todo, por eso es habitual que cuando un niño tiene problemas de talla o pega un estirón desproporcionado se le haga una prueba en la muñeca para saber de una manera aproximada cuánto le queda por crecer todavía o si ya ha alcanzado su techo. «La osificación se hace desde el centro hacia los extremos y viceversa, de tal manera que cuando ambas partes se encuentran, el hueso deja de crecer. Y lo que se mide en esa prueba es precisamente el tamaño del disco del cartílago que queda en medio (metáfisis). Cuanto más grande sea, más le quedará a ese hueso por crecer», explican en la AEGH.
¿Cuándo debemos preocuparnos?
Si tu hijo está en el percentil 20 de altura, significa que de cada 100 niños de su misma edad, 19 miden menos que él y 80 miden más. «Esto no quiere decir que tu hijo sea bajo. Si el niño siempre se ha movido en ese carril, no tienes que darle más vueltas. Es más, si a tu pediatra no le preocupa, a ti tampoco debería preocuparte», aconseja la doctora Lucía Galán.
Sin embargo, se pueden dar casos en los que el ritmo de crecimiento del peque no es el adecuado para su edad y entonces conviene hacerle algunas pruebas complementarias.
En primer lugar, cuando el niño es anormalmente bajito. Es decir, cuando su talla está por debajo del percentil 3. En segundo lugar, cuando su crecimiento se estanca claramente y se empieza a desviar de la curva, «observándose una velocidad de crecimiento menor a la esperada», detalla la pediatra.
También cuando se desvía mucho del percentil en el que debería estar en función de la talla de sus padres y su talla diana. Por ejemplo, si su talla diana se corresponde a un percentil 85 a los 18 años (1,85 centímetros) y el niño se mueve en percentiles 3-10 (entre 1,65 y 1,70 centímetros) de manera continuada.
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