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«¿Cuántos años me echas?» Por qué el DNI no dice tu edad real

«¿Cuántos años me echas?» Por qué el DNI no dice tu edad real
Artículo Completo 1,017 palabras
La edad cronológica y la biológica pueden no tener nada que ver. Igual que aparentar años de menos (o de más) no es señal de longevidad.
«¿Cuántos años me echas?» Por qué el DNI no dice tu edad real

La edad cronológica y la biológica pueden no tener nada que ver. Igual que aparentar años de menos (o de más) no es señal de longevidad.

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Ixone Díaz Landaluce

14/06/2026 Actualizado a las 19:16h.

El tiempo, ya lo decía Einstein, es relativo. Y la edad -esto no lo dijo el genio, pero funciona exactamente igual- todavía lo es más. ... A todo el mundo no le cunden los años de la misma manera. Por eso, hay quien «no los aparenta», y quien parece mucho más mayor de lo que dice su DNI. Tendemos a valorar la edad a ojímetro, apoyándonos en pistas como las canas, las arrugas, las gafas de la presbicia y, en general, la apariencia más o menos juvenil. Es, por supuesto, un error. O un espejismo. Porque la realidad es que no hay una relación directa entre el continente (parecer más o menos joven) y el contenido (serlo). «Son señales de envejecimiento, pero no están correlacionadas con el envejecimiento de tus órganos internos. Puedes estar súper arrugado y tener un cerebro, un hígado y unos pulmones en perfectas condiciones y al revés», explica Salvador Macip, catedrático y director de Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya.

Efectivamente, la velocidad a la que envejecemos depende tanto de factores genéticos, sobre los que no podemos hacer nada, como de factores ambientales sobre los que tenemos un poco más de control. Y que son los sospechosos habituales: la alimentación, el ejercicio (o el sedentarismo), el sueño, el manejo del estrés, la intensidad y calidad de las relaciones personales…

La edad de nuestros órganos

«Puede sonar aburrido, pero es que los buenos hábitos funcionan de verdad. Cuando los médicos empezaron a recomendar no fumar ni beber y comer sano, tenía que ver con el impacto en nuestra salud cardiovascular. Después se vio que reducía el riesgo de cáncer y ahora sabemos que tiene un efecto en la biología del envejecimiento, no solo en las enfermedades, sino en cómo envejecen, por ejemplo, los tejidos», señala Macip. ¿Y qué pesa más, la genética o los buenos hábitos? «Es difícil saberlo. En algunas personas, el componente genético influye mucho. Es el caso, por ejemplo, de las personas súper longevas que superan los 100 o 110 años. Ahí, seguramente, lo que más pesa es la genética. Pero para la mayoría de la población seguramente es un 50-50», apunta el experto.

Además, tratar de hablar de edad biológica como si pudiera condensarse en una única cifra es engañoso. «De la misma manera que cada uno envejece a su ritmo, cada uno de tus órganos envejece al suyo. Puede ser que tu hígado tenga 30 años, tu cerebro 28 y tu riñón 40», explica Salvador Macip, que es experto en bases moleculares y celulares del cáncer y enfermedades relacionadas con el envejecimiento. De hecho, el investigador lidera un estudio para identificar marcadores en diferentes órganos que ayuden a distinguir entre envejecimiento saludable y no saludable para poder predecir dolencias y tratarlas cuanto antes o, incluso, prevenirlas. «Lo que nos interesa es saber qué órganos están peor. Si, por ejemplo, existe un envejecimiento prematuro de tu hígado, podemos hacer cosas como frenar el consumo de tóxicos. Consiste en conocer nuestros puntos débiles».

«De la misma manera que cada persona envejece a su ritmo, cada uno de nuestros órganos lo hace al suyo»

Pero conviene tener paciencia y ser rigurosos. Mientras la industria global de la longevidad ya mueve más de 600.000 millones de dólares al año, la desinformación acerca de nuestra capacidad para tener un impacto real sobre ella es enorme. «Hay que ser conscientes de que no existen soluciones mágicas a algo tan complejo. Creo que algún día tendremos fármacos para retrasar el envejecimiento porque es algo que ya funciona en ratones. Pero hay que encontrar la manera de hacerlo en humanos y para eso, tardaremos tiempo. La ciencia es lenta. Lo que conviene dejar claro es que, ahora mismo, no hay ningún tratamiento antienvejecimiento real», advierte Macip, que señala que el objetivo, en realidad, es otro. Y, en realidad, es también muy ambicioso: separar envejecimiento de enfermedad. Es decir, llegar a viejos, incluso a muy viejos, estando sanos. «La meta no tiene que ser vivir 120 años, sino vivir sin enfermedades».

¿Y la edad epigenética? La polémica está servida

«Es un concepto muy efectivo a nivel poblacional, pero, persona a persona, las variaciones son demasiado grandes. Además, mide unos parámetros que aún no sabemos muy bien qué son. Son los cambios epigenéticos en sangre, pero no cómo están tu hígado, tu cerebro, tus pulmones… Necesitamos marcadores más finos y en eso estamos», explica Macip sobre los test de edad epigenética que se realizan en algunas clínicas privadas y que despiertan recelos entre los especialistas. «Los científicos todavía estamos discutiendo sobre qué es la edad biológica y ellos ya están vendiendo los test», denuncia el experto. Estos análisis se fijan en la metilación del ADN, que son los cambios químicos de nuestro material genético que se acumulan con la edad, pero también en la longitud de los telómeros, un marcador estructural del envejecimiento celular, para estimar el grado de envejecimiento general. A veces, se cruzan con análisis de sangre, que se fijan en biomarcadores de envejecimiento celular, y con analíticas bioquímicas que se detienen en variables como el colesterol o la glucosa.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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