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«Cualquiera de mis amigos de Irán podría estar muerto y aún no lo sabemos»

«Cualquiera de mis amigos de Irán podría estar muerto y aún no lo sabemos»
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Una joven persa afincada en España desde hace cuatro años relata la angustia de seguir las protestas en la distancia y con las comunicaciones con su país cortadas

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La joven iraní se cubre el rostro para evitar represalias contra la familia que le queda en territorio persa. Luis Ángel Gómez «Cualquiera de mis amigos de Irán podría estar muerto y aún no lo sabemos»

Una joven persa afincada en España desde hace cuatro años relata la angustia de seguir las protestas en la distancia y con las comunicaciones con su país cortadas

Alin Blanco

Sábado, 17 de enero 2026, 18:01

... país persa que gritan en las calles occidentales tras escapar del régimen de los ayatolás. Es el caso de una joven residente en Bilbao junto a su marido, también iraní, que llegó hace cuatro años a España. Vino a cursar un máster y se quedó. «Aún me encuentro a mí misma evitando dar mi opinión en el día a día», asegura esta treintañera que «no cree en el islam ni en cubrirse el pelo» y que prefiere mantener su identidad en el anonimato. Estos días han sido un «infierno», retrata a este medio con la templanza de quien ha visto ya varias olas de protestas contra el Gobierno de Teherán y miles de muertos en ellas. Pero «esta vez es diferente. Es la definitiva».

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La grave crisis económica que sufre el país persa desató a finales de diciembre las últimas manifestaciones, con el desplome del rial como la chispa que prendió el territorio entero. Los choques entre quienes salieron a las calles y las fuerzas de seguridad se produjeron en ciudades de todo Irán. «Lo peor vino cuando cortaron internet», expone la joven sobre la decisión que el Gobierno islamista adoptó el 8 de enero –y que el sábado seguía en vigor– ante la creciente violencia. Organizaciones de derechos humanos estiman que entre 2.500 y 3.500 personas habrían perdido la vida en las marchas. «Pueden ser el doble», denuncia ella. «O el triple. No lo sabemos. Llevan años mintiéndonos».

Los padres de esta treintañera, como otros 14 millones de personas, viven en la provincia de Teherán. «Necesitaba hablar con ellos, saber que estaban bien». El pasado miércoles logró contactarles durante dos breves minutos. Un teléfono fijo que cuesta un «dineral» y que funciona solo a ratos fue el arma empleada. «Al menos supe que seguían vivos. Pero no pude preguntarles nada, porque noté que estaban cortados. Sabían que les escuchaban», recuerda. En medio de la barbarie, sus progenitores trataron de transmitirle calma. «Estamos bien, no te preocupes por nosotros…». Y silencio. La llamada se cortó. Los mensajes y vídeos que consiguen cruzar la frontera a través de un sistema vía satélite es la única forma de comunicación que escapa al régimen de los ayatolás.

Bromas sobre los ayatolás

«He estado cinco días llorando sin parar, con ataques de pánico. Pero me di cuenta de que lo único que podía hacer era ser su altavoz». Y fue por ello que decidió hablar con este medio. Entre la escasa información que llega de la república islámica, los compatriotas de esta joven piden a sus allegados y amistades en el extranjero que no lloren las muertes de los fallecidos, sino que luchen por la vida de quienes siguen en pie. «Yo siento que los que están muriendo son mis hermanos, mis hermanas… Toda la gente que sale en Irán es parte de mi familia», explica con rabia. La mayoría de aquellos que incendian las calles y reciben los golpes de las fuerzas de seguridad comparte su edad. «Me siento más segura aquí, pero estas semanas mi alma está en Irán», admite. «Espero que pronto devuelvan la conexión a internet, cualquiera de mis amigos podría estar muerto y aún no lo sabemos», agrega.

Eighteen days into the anti-government nationwide protests in Iran, at least 3,428 protesters have been killed, and thousands injured.
IHRNGO has learned through sources within the Islamic Republic’s Ministry of Health and Medical Education that, between 8 and 12 January alone,… pic.twitter.com/hAPdgiTrg4

— Iran Human Rights (IHRNGO) (@IHRights) January 14, 2026

Hace una década, cuando ella aún estaba en la universidad, donde cursó Filología Inglesa, sus profesores se burlaban de los ayatolás frente a los estudiantes. «Esa ideología es una mierda», cuenta que decían a sus alumnos. «¡Oh, no! Ahora me llevarán preso a Evin», bromeaban en referencia a la cárcel donde las autoridades persas trasladan a los detenidos por motivos políticos. Los mismos comentarios que se hacían entonces, hace una década, se escuchaban también hace diez días. «No mencionamos directamente a Jamenei (el Líder Supremo), pero sí se critica públicamente al régimen. Muchas mujeres van sin hiyab (el velo) en algunos lugares. Saben que les odiamos. Saben que estamos hartos», proclama.

– ¿Cuál es la solución a 47 años de represión?

– Solo hay dos vías: que el pueblo se arme, lo cual es imposible, o la ayuda de fuerzas extranjeras. Trump no es la mejor opción, pero es la única que tenemos. Alguien tiene que pararlos, están asesinándonos.

Pero el país se encuentra dividido. Los partidarios de Reza Pahlevi, hijo del último sha, abogan por la revolución y creen en las palabras del heredero, que promete una transición que resulte en un sistema menos autoritario. Por otro lado están los conservadores, que temen tanto la continuidad de la represión como una revuelta. La última, hace casi medio siglo, derivó en el actual régimen. La joven convive en su entorno con opiniones de todo tipo sobre el futuro de Irán. «Mis padres quieren un cambio, pero tienen miedo de que la historia se repita», se sincera. «Tengo amigos que trabajan como diplomáticos y creen que Trump es una esperanza, que la ayuda realmente está en camino. Solo que aún no se han dado más detalles porque tiene que ser inesperado, como en Venezuela», comparte.

Una protesta contra el régimen iraní y a favor de Reza Pahlevi en Nicosia; los persas vuelven a hacer vida normal, como en este supermercado en la capital. Alí Jamenei ha ofrecido este sábado un discurso en Teherán. Reuters

Ella no duda a la hora de opinar sobre la situación actual. «No creo en el islam, ni creo que debería cubrirme el pelo ni hacer ayuno. No creo en la forma en la que están gobernando mi país. Mi generación no se atrevía a cuestionar estos temas pero la generación Z, en cambio, es muy valiente. Salen a las calles, gritan sus derechos e incluso mueren. Son muy valientes y les admiro. Yo tuve que permanecer en silencio, no decir nada y marcharme», recuerda.

Su sufrimiento no transmite debilidad sino rabia, y lo demuestra en las marchas en las que participa aunque se vea obligada a ocultarse tras una mascarilla para evitar represalias contra la familia que le queda en territorio persa. Y le gustaría que sus actuales vecinos, los españoles, se movilizaran ahora igual que lo hicieron meses atrás en favor de Palestina. «No es un movimiento contra el islam. Han asegurado que no les importa matar a dos o tres millones de personas. Espero que España, Sánchez y otros presidentes luchen por nuestro pueblo. Nos están matando».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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