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De izquierda a derecha, Lola Barés, Emilio Alba, Paqui Aguilar y María José Melero, en el Clínico. MIGUE FERNÁNDEZ Cuando el oncólogo es la curaSUR reúne a tres mujeres que han superado un cáncer de mama tratadas por el servicio de Oncología del Clínico, dirigido hasta ahora por el doctor Emilio Alba, para hablar de la importancia de la relación entre especialista y paciente a la hora de afrontar un proceso de estas características
Miércoles, 4 de febrero 2026, 00:58 | Actualizado 01:04h.
... crecer, ahora tengo una nieta de once años». Sorprende la tranquilidad con la que pronuncia la frase Paqui Aguilar, de 70 años, una mujer de cuerpo menudo y ojos azules nerviosos que hace más de tres décadas se enfrentó al cáncer de mama. Para superar la enfermedad fue fundamental la relación de confianza y empatía con sus médicos. A veces, el oncólogo es el mejor tratamiento o, incluso, la cura. Sigue a Diario SUR en Google DiscoverLos avances en treinta años han sido numerosos, disruptivos, casi, tantos que en el cáncer en general la supervivencia a cinco años ha crecido del 30% al 60%, recuerda el jefe de servicio de Oncología del Hospital Clínico Universitario Virgen de la Victoria, el doctor Emilio Alba, una leyenda de la especialidad que la semana pasada puso fin a su etapa en este puesto tras tres décadas, pero que seguirá pasando consulta, enseñando (es catedrático de la UMA) e investigando desde su puesto como director científico de la Fundación Centro de Investigación y Terapias Avanzadas del Cáncer (CITAC).
«La confianza que tienes en el profesional es muy importante, porque te la transmite y tú vas como más segura cada vez que te tienes que poner un tratamiento», asegura Paqui Vargas, expresidenta de ASAMMA
Con motivo del Día Mundial contra el Cáncer, que se celebra hoy, SUR ha reunido a tres pacientes con el doctor Alba, que ha liderado el servicio que las atendió, para analizar la importancia cada vez más destacada de la relación entre médico y enferma para superar esta patología, una vinculación en la que deben primar la empatía, la calidad de la información que se transmite y, sobre todo, generar una situación en el que la mujer confíe plenamente en su guía terapéutico. La cura, en este caso, se podría decir es el especialista. «La paciente tiene que notar que te preocupas por ella», dice Emilio Alba. Viene de dos reuniones y pide al periódico: «Pon ahí que voy a seguir pasando consulta, todos los lunes», ironiza. La gente cree que se retira. Ha atendido a más de 2.500 mujeres con cáncer de mama en su carrera.
«Te echa la vida por alto»
«Esta es una enfermedad muy jodida, te echa la vida por alto a ti y a tu familia y te cambia todo, aunque luego te cures, pero aunque lo hagas todos los días piensas en la enfermedad», precisa Alba. Y apunta a esa relación entre médico y paciente: «La confianza y la empatía son fundamentales, la paciente tiene que notar que te preocupas por ella», reflexiona. Tiene que sentir que su caso es importante». Para él, lo esencial es «irte a casa con la sensación de que tú lo has hecho bien y todo lo que podías hacer». Insiste en que ahora «los métodos de tratamiento son más sofisticados, menos agresivos, las cirugías son hoy mucho más precisas, menos agresivas», repasa.
«Tu médico tiene que ser uno, una persona tiene que tomar las decisiones, debe tomarlas contigo y tú tienes que conocerlas», dice el doctor Emilio Alba
En su opinión, la mayoría de las personas son buenas, «cuando un paciente tiene una actitud violenta es por miedo, la gente normalmente es amable», y deja una reflexión que cae en la habitación como una piedra pesada al fondo de un estanque: «En Andalucía nos tenemos que poner las pilas». Por ejemplo, en medicina de precisión o en el hecho de que «la gente tiene que tener su médico». «El sistema está organizado para los profesionales, no para los pacientes», reseña, y agrega: «Tu médico tiene que ser uno, una persona tiene que tomar las decisiones, debe tomarlas contigo y tú tiene que conocerlas».
«Emilio es muy claro»
Paqui, que fue presidenta de la Asociación de Mujeres Operadas de Cáncer de Mama de Málaga (ASAMMA) asegura: «Lo que te dice Emilio parece que va a misa. Yo empecé hace muchos años, ahora la cosa es distinta», recalca, pero insiste: «La confianza que tienes en el profesional es muy importante, porque te la transmite y tú vas como más segura cada vez que te tienes que poner un tratamiento, es importante que fluya y vaya bien». Paqui también agradece la claridad: «Emilio es muy claro, te gusta que te digan la verdad, al final es lo que te va a ayudar a seguir adelante». Ella tenía 33 años cuando se notó un bulto, «pero nunca pensé que pudiera ser cáncer». El cirujano le dio la noticia. Necesitó quimio y radio. Reseña la importancia de tener psicólogo y ser positiva.
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Una imagen de la conversación entre el doctor Emilio Alba y sus pacientes. MIGUE FERNÁNDEZMaría José Melero tiene 54 años y su proceso tumoral comenzó en Castilla-La Mancha. «Yo me noté el bulto con 39 años. Cuesta convencer al médico de primaria de que te hagan una mamografía, porque era una edad muy temprana», recuerda, aunque una vacuna que salió hace 25 años, «la niña bonita porque venía a curar a las que teníamos ese subtipo», la ayudó a superar el trance.
«Al principio estás en una nube»
«Cuando te dan la noticia estás como en una nube, no sabes por dónde va a ir tu vida, más con niños pequeños, pero ha sido un camino de aprendizaje: en esa primera etapa me hice muy amiga de los profesionales, son fundamentales, son los ángeles que nos cuidan». Conoció al doctor Alba ya en Málaga, en la época de revisiones. «Es una persona cercana, tienes una duda y siempre guarda un momento para escucharte».
«Cuando te dan la noticia estás como en una nube, no sabes por dónde va a ir tu vida, más con niños pequeños, pero ha sido un camino de aprendizaje», dice María José Melero, una de las pacientes ya curada
Es voluntaria de ASAMMA y trabaja mucho con el doctor Alba, que da charlas periódicas en la asociación. Tanto María José como Emilio Alba recuerdan el impagable trabajo de la doctora Nuria Ribelles, que ha atendido a muchas mujeres y que forma un tándem casi imbatible con él. «Es la oncóloga más antigua después de mí, es la arquitecta de la organización de este servicio, gran parte de lo que es el servicio es por ella», afirma el oncólogo.
Para ella, lo importante «es quedarnos con lo positivo de lo que nos trae el proceso, saber vivir la vida día a día y disfrutar de cada momento». Ahora, hace remo junto a muchas compañeras. E insiste: «A mí me sirvió la confianza con el médico, tanto Emilio como Nuria ofrecen mucha confianza a los pacientes, es esencial que te den la oportunidad de explicar cuáles son tus miedos o qué necesitas saber de tus tratamientos: cada vez que tenía una duda ellos me la aclaraban», apunta.
Loli Barés es administrativa del Clínico y su proceso comenzó hace 12 o 13 años. «Me pilló de sorpresa porque no noté nada. Un domingo por la noche me noté un bulto, y me vine para acá el lunes, me asusté claro y ya empecé con el tratamiento, aunque mi alrededor se asustó más que yo», cuenta a SUR. Sus compañeras sonríen mientras habla, aunque María José reconoce que aún piensa en la enfermedad: «Es un antes y un después en tu vida».
«El médico es fundamental»
Para ella, ha sido fundamental el papel de Nuria Ribelles y de Emilio Alba. «Cuando empiezas a tratar a Nuria te da mucha confianza, se acerca a ti, tú estás asustada». Lo ha pasado mal, pero superó el tratamiento de quimio, la cirugía y la radioterapia. «Ahora estoy en plena forma, hago remo y piragüismo», afirma mirando a María José, su cómplice en el terreno deportivo. Paqui tercia en la conversación e insiste: «El médico es fundamental».
«Un domingo por la noche me noté un bulto, y me vine para acá el lunes, me asusté claro y ya empecé con el tratamiento, aunque mi alrededor se asustó más que yo», afirma Loli Barés, otra de las pacientes del servicio de Oncología que dirige Emilio Alba
En estos treinta años han cambiado muchas cosas en el proceso para vencer al cáncer de mama, pero la mano tendida de los médicos a sus pacientes sigue siendo un camino seguro para abrir, aunque sea de forma tímida, la puerta a la esperanza.
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