En total, el gobierno cubano presentó el jueves nada menos que 176 propuestas agrupadas en 23 ejes con el objetivo de evitar que su economía colapse por completo. «Es tiempo de cambiar todo lo que tiene ser cambiado», justificó el presidente Miguel Díaz-Canel en lo que pareció la admisión de que el sistema comunista no resulta operativo. Se acaba, por ejemplo, con la fijación de precios y los subsidios estatales que eran la base del sistema. «Se reducirán los requisitos, trámites y términos para la creación, conversión y operación de las formas no estatales de gestión», anunció el primer ministro Manuel Marrero, que prometió la aprobación de las más de 7.000 solicitudes para la creación de Mipymes no agrícolas pendientes de resolución, y se modernizarán sectores críticos como la banca.
Destaca también el permiso para importar petróleo. Es una medida que trata de poner fin a la grave crisis de los combustibles que sufre la isla caribeña, donde el litro de gasolina ha superado los diez dólares. Por ponerlo en perspectiva, ese es el sueldo mensual de muchos médicos. También se incrementará en un tercio el salario mínimo hasta los 3.210 pesos. No obstante, continuará siendo uno de los más bajos del mundo, porque, aunque al cambio oficial equivalen a algo más de 110 euros, con el cambio extraoficial se quedan en prácticamente en seis euros al mes.
La escasez de combustible ha impulsado los carros de caballos. (Zigor Aldama) «Vivimos en la miseria», sentencia la activista, que aprecia en las reformas un intento de copiar el modelo chino para romper con el círculo vicioso de la pobreza. «Un sistema de gobierno autoritario, con el Partido Comunista al mando, y una economía semicapitalista dirigida desde el régimen pero con más margen de maniobra para la iniciativa privada», señala. Y no está desencaminada. El milagro económico del gigante asiático ha servido de faro para otros regímenes comunistas, como Vietnam, que ven en su sistema la fórmula mágica para sobrevivir en el mundo globalizado del siglo XXI. Cuando Raúl Castro sucedió a su hermano Fidel ya buscó soluciones en su aliado oriental, pero implementó pocas. «Es evidente que el régimen no lleva a cabo las reformas porque confía en ellas, sino porque quiere evitar una intervención estadounidense», señala Roberto. «A mí me da igual por qué lo hace si eso beneficia a los cubanos», apostilla.
«Estos no son cambios superficiales, representan una reforma radical. Por ejemplo, ya no habrá solo pequeñas y medianas empresas, sino que será posible establecer una gran empresa privada en Cuba», explica el economista cubano Daniel Torralbas. La incógnita que aún no se ha disipado es si será suficiente para que Trump retire sus amenazas.
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