Ampliar
Un automóvil para turistas circula sin clientes por el centro de La Habana, lleno de basura. L. A. Gómez Cuba se apaga asfixiada por TrumpUn isleño relata a este medio la miseria creciente y la falta de comida y medicinas que sufre el país bajo un régimen que vive «lejos de la realidad»
Domingo, 8 de febrero 2026, 18:48 | Actualizado 19:10h.
... la que le agota el petróleo después de que Estados Unidos, una vez capturado Nicolás Maduro, cortara en enero el grifo del combustible venezolano. Sin gasolina, sin luz durante buena parte del día, sin casi comida, sin el turismo que ha huido de este paisaje lleno de miseria y con una moneda, el peso, que no pesa nada frente al dólar... «Esto no da para más. El gobierno está desconectado de la realidad», repite Raúl. Siente que su vida está trazada al revés. Le queda la fe, pero con mayúsculas: F.E. «Familia en el Extranjero», explica. Muchos cubanos viven de los envíos de dinero y bienes que mandan los exiliados. Fe en el más allá, en la otra costa, la de Florida o la vieja Europa. Así está Cuba, apagándose poco a poco como una vela que se queda sin cera.Cuba se muestra dispuesta a «hablar de todo» con EE UU tras quedarse sin petróleo
Sheinbaum anuncia que México enviará ayuda a Cuba pese a las restricciones de Estados Unidos
La falta de gasolina es sólo un síntoma. «Antes de lo de Maduro, Rusia ya mandaba menos petróleo. Hace tiempo que las gasolineras tienen poco suministro», cuenta Raúl, que precisa repostar para mantener su negocio. Y necesita paciencia. Hasta este fin de semana había que pedir turno. «Yo llevaba esperando mes y medio a que me atendieran en la gasolinera de Tropicana y aún tenía a unos ocho mil por delante», lamentaba el pasado viernes. El suministro llevaba ritmo de gota a gota. Ya ni eso. El Gobierno de Miguel Díaz-Canel ha cortado el surtidor: el escaso combustible que queda será a partir de ahora para «servicios esenciales», como la generación de energía, la sanidad y las actividades de defensa.
«No hay transporte público, en los hospitales dan altas masivas y se reducen las clases en las escuelas», detalla Raúl
«No hay transporte público, se han suspendido consultas médicas, en los hospitales están dando altas masivas y desde esta semana se van a reducir las clases en las escuelas», enumera Raúl. La isla se para, como un muñeco sin pilas. Sin casi nada. Los dólares son el nuevo oro. El salario medio en Cuba ronda los 6.500 pesos mensuales, que equivalen a unos 12 dólares. El litro de «gasolina regular costaba un dólar y 30 centavos», apunta Raúl. «Y te dejaban repostar 40 litros como máximo. Tengo un amigo con un coche que tiene un depósito en el que sólo entran 38 litros. Cuando le tocaba recargar, iba con él y me quedaba los otros dos litros, que me daban para algo», añade. Con el sueldo medio de tres meses no se cubría un repostaje. Ahora, el régimen le ha hecho un nudo a esa manguera.
En Cuba funciona un mercado negro. Eso sí, con precios disparados. Durante la conversación con este medio, Raúl nota que la conexión a internet falla. «Se va la señal –avisa–. Todos los días se apaga la luz en las ciudades, y en el campo ni hay». La red eléctrica es vieja y no hay repuestos para su mantenimiento. Cuando cae la noche, en las plazas y parques de La Habana próximos a hospitales o los pocos hoteles que siguen abiertos se ven decenas de luces. ¿Luciérnagas? No. Son ciudadanos con sus teléfonos móviles que tratan de conectarse a las redes de internet de esos edificios para mantener el contacto con los suyos y con el exterior, de donde les viene la fe en la familia exiliada. Su último recurso. «La clase privilegiada tiene de todo. Pueden vivir bajo este bloqueo durante tres o cuatro años», denuncia Raúl. «Dios nos ampare. Vienen tiempos muy negros. Aquí no hay solución, a no ser que haya una extracción como la de Venezuela», señala, en referencia a la captura de Maduro.
«Somos un pueblo cansado y hambriento»
«Somos un pueblo cansado, hambriento y sin medicamentos», resume. Para acceder a una farmacia también hay turnos. Y colas. «Empieza a faltar agua. Vamos a tener que hacer sopa con algún gato u otro animal con patas. No hay más nada». Hasta la pandemia del coronavirus, muchos cubanos se ganaban la vida con el turismo, que hoy es otro pozo vacío. Los que aterrizan hoy son familiares que vuelan llenos de maletas con bienes para repartir. «Las calles están llenas de basura. No se puede recoger porque no hay combustible. Tampoco hay comida para los hoteles y restaurantes. Hay robos, delincuencia... Los americanos no van a venir. No se ve la luz al final del túnel», concluye Raúl como si hubiera perdido la fe en el futuro y sólo se agarrara a la otra F. E. y al instinto de supervivencia del cubano, «que siempre resuelve». A esa pelea diaria por mantenerse en pie la denominan allá «luchar el pan».
Díaz-Canel anunció el jueves que vienen «tiempos difíciles». Cuba sobrevive parada en el tiempo tras casi 70 años de régimen castrista. Salió adelante cuando cayó la Unión Soviética (1991) pese a perder entonces casi todo su comercio exterior. Cada vez que la presión de EEUU ha aumentado, las autoridades de la isla han radicalizado su discurso antiimperialista y de resistencia. Con tantos exiliados y tanta represión, apenas se oyen voces opositoras. Hay miedo a los chivatos. Aun así, esta crisis puede acabar con el silencio de un pueblo al límite. Y el silencio no se termina; se rompe.
Cuando en enero una operación militar ordenada por Trump acabó con el arresto en Caracas de Maduro y la muerte de los 32 guardaespaldas cubanos del entonces presidente de Venezuela, la isla vio cómo se derrumbaban dos de sus pilares: el principal suministrador de petróleo y el mito de sus fuerzas armadas, de las que tanto alardea el régimen.
Washington, además, amenaza con aranceles a los países que vendan petróleo a La Habana. La asfixia es casi total. Y puede ser aún peor: dos legisladores republicanos estadounidenses de origen cubano han propuesto prohibir los envíos de dinero por parte de los exiliados que viven en EEUU. Los 9 millones de isleños perderían así hasta la F. E. «Mejor no pensar y rezar para ver si salimos de este infierno», se resigna Raúl, que cada vez que intenta hablar del futuro no encuentra palabras. Lo deja en puntos suspensivos.
Límite de sesiones alcanzadas
El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.
Por favor, inténtalo pasados unos minutos.
Sesión cerrada
Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.
Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.
Iniciar sesión Más información¿Tienes una suscripción? Inicia sesión