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Julieta Cañavate, Cristina Cánovas, Lourdes Luque, Claudine Paulson, Ana Cánovas y Andrea Martos, en el nuevo restaurante René. Marilú Báez ¿Dónde están las mujeres en la alta cocina?Pese a ser aún minoría, empiezan a dar un paso al frente para ser más visibles y luchar contra una desigualdad histórica. Hablamos sobre ello con algunas de las más destacadas en Málaga
Sábado, 7 de marzo 2026, 01:06
... más al escenario, aún es una abrumadora mayoría masculina la que acapara los focos en el universo de la alta cocina. El arraigo de un gremio que históricamente ha tenido nombre masculino, la falta de confianza y las dificultades para conciliar con la vida familiar se esgrimen como algunas de las causas que han frenado ese despegue femenino.En las guías
Con motivo del 8M, nos paramos en ellas. Si barremos para casa, en Andalucía, únicamente lucen la codiciada chaquetilla dos cocineras: la malagueña Cristina Cánovas (Palodú) y Cristina Jiménez (Faralá), precisamente las dos recién estrenadas en la guía de esta edición 2026. Algo parecido ocurre en la Repsol. En Málaga sólo hay un Sol con nombre de mujer: Charo Carmona y Arte de Cozina. Además del que también comparte la mencionada Cristina Cánovas con Diego Aguilar, su cómplice en los fogones y en casa.
Tanto unas como otras han ido abriendo puertas a las que vienen. De hecho, entre los restaurantes andaluces reconocidos o presentes en las guías más prestigiosas despuntan ya muchas mujeres al frente de la cocina o de la sala. Más en el segundo caso: en nuestra provincia es más que reconocida la labor de Lourdes Luque en José Carlos García Restaurante; Andrea Martos en Beluga, Kraken, Pez Wanda y René; Pía Ninci en Messina o Susana Almirón en Sollo. Forman parte del tándem cocinero-jefa de sala/pareja, cada vez más habitual.
Sólo la malagueña Cristina Cánovas y la granadina Cristina Jiménez lucen la chaquetilla Michelin en Andalucía
Aunque también se empieza a notar más liderazgo de la mujer en cocina. Ejemplos de ello pueden ser Nini Rivera, jefa de cocina de Bardal (dos estrellas Michelin) o Claudine Paulson, que en 2025 decidió poner en marcha su propio restaurante (Clómada) en la calle Méndez Núñez, en el Centro de Málaga, y en menos de un año ha conseguido colarse entre los recomendados tanto de la Guía Michelin como de la Repsol.
Extenista profesional, la joven ecuatoriana cambió la raqueta por las sartenes. Sabía que asumía un riesgo pero quería apostar por lo que realmente le gusta: la cocina. «Yo venía de un mundo en el que había más igualidad, aquí he notado que tienes que demostrar más, te tienes que esforzar más, aunque es verdad que se están viendo avances como en la última gala Michelin, me alegró ver más mujeres», reconoce Paulson, que de hecho trabaja rodeada de mujeres ya que son tres en cocina.
«Nos entendemos bien, intento ponerme en su lugar y ayudarles en lo que pueda porque esta es una profesión que requiere mucho, es muy sacrificada, te obliga a trabajar fines de semana, festivos... hay que dedicarle muchas horas pero es importante creer en lo que haces y disfrutar con ello. Yo soy feliz cocinando para la gente en mi restaurante, no para mí en mi casa. Sólo tienes que tener la confianza y la seguridad de estar en el camino, perder el miedo, lanzarnos y ser más valientes como mujeres, valorarnos nosotras mismas», anima.
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Nini Rivera, en el centro, con su equipo femenino de cocina al frente de Bardal.«Hoy nos atrevemos más. Puede que te encuentres restaurantes que te pongan límites por ser mujer, es verdad que cada vez menos, pero a mí me ha pasado y lo que hay que hacer es aprender a lidiar con eso. A mí al principio me costó integrarme con tantos hombres, pero tienes que tener confianza en ti misma. Siempre se ha visto una profesión muy sacrificada y muy masculina pero si no damos pasos eso nunca va a cambiar», advierte Nini Rivera, que cuenta en su cocina con mayoría femenina. «Yo ni imaginaba que podría llegar hasta aquí, estaba en pastelería, me dieron la oportunidad y por supuesto la acepté. Y eso quiero transmitir a las chicas que llegan, que se den cuenta de que pueden».
De chicas que empiezan sabe mucho Yolanda Hernández. Más de veinte años como profesora de la Escuela de Hostelería de Benahavís le confirman que las mujeres «somos más luchadoras y guerreras, y se nos dan mejor las tareas de coordinación y organización». Eso explica que detrás de esos grandes hombres de la gastronomía haya muchas mujeres a cargo de la gestión.
«Ha cambiado mucho»
«Este mundo ha cambiado mucho. Ya cuando yo dije en casa que me quería dedicar a esto hasta mi padre me dijo que estaba loca. Me preguntaban si, siendo mujer, me veía capaz de dirigir equipos de hombres, yo decía que sí, aunque en el fondo no lo pensara. Es importante la actitud. Yo no he dejado de ponerle ganas y seguir aprendiendo constantemente, la actitud es muy importante, por eso a mis alumnos les intento inculcar que dejen a un lado los miedos y las inseguridades», cuenta Yolanda Hernández.
Ella las tuvo y no quiere que las tengan también las nuevas generaciones. Especialmente, si son chicas. Sabe que buena parte de ellas pueden llegar lejos. Ahora cuentan con más oportunidades: «Hoy la cocina se ve de otra forma, hay mejores condiciones laborales y más igualdad, nada que ver con la época en la que yo empecé. De hecho, casi todas mis alumnas tienen grandes puestos, lo que ocurre es que aún siguen siendo minoría».
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Yolanda Hernández, con sus alumnas de la Escuela de Hostelería de Benahavís.«Históricamente, el hombre ha sido más visible en gastronomía, a la mujer no se le ha dado esa misma visibilidad», considera Cristina Cánovas. «Es algo tan arraigado que no se puede cambiar de la noche a la mañana», apunta su hermana Ana, al frente de la sala en Palodú. «A mí, por ejemplo, en la escuela de hostelería me insistían en que si realmente era lo que quería porque tradicionalmente ha sido una profesión más masculina y muy esclava», apunta Cristina, convencida de que «nosotras mismas nos hemos impuesto responsabilidades y nos hemos frenado a la hora de dedicarnos a ella».
«A veces nos ponemos nosotras los límites», coincide Andrea Martos. A su juicio, «se están dando pasos pero nos queda mucho». «Todavía se echa en falta que se valore más a la mujer en gastronomía», constata por experiencia propia en más de un evento al que ha acudido junto a Diego René –su pareja tanto fuera como dentro de casa– y se ha sentido en la sombra. A eso, destaca, se suma la falta de valoración que todavía cree que hay del trabajo de sala. De hecho, la figura del cocinero es la que hoy por hoy se sigue llevando los laureles en general.
«Es una profesión muy sacrificada y masculina, pero si no damos pasos eso nunca va a cambiar», advierte Nini Rivera
Eso considera Pía Ninci que ha sido un añadido para restarle protagonismo a la mujer en este mundo de la hostelería, y en particular en el de la alta gastronomía. «Actualmente, el cocinero tiene más visibilidad, pero si te pones a repasar los restaurantes gastronómicos, en ellos hay mucha presencia de mujeres, quizás más en sala y en la parte administrativa y de gestión», subraya la jefa de sala de Messina, haciendo hincapié en la realidad de cada género: «Hay circunstancias objetivas, el hombre y la mujer tienen cualidades diferentes por naturaleza, a nosotras siempre se nos ha dado bien la multitarea, y somos capaces de dividirnos tanto física como mentalmente, tenemos la mente en varias cosas y sabemos gestionarlo mejor, pero todo es cuestión de saber aprovechar esas virtudes de cada uno».
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Charo Carmona acaba de celebrar sus 30 años de Arte de Cozina. Antonio J. GuerreroEn ese sentido, Charo Carmona recuerda la doble faceta que ha tenido, y tiene, la mujer: «Nos encontramos con mil frentes, tanto dentro como fuera de casa. Eso ha hecho que muchas se frenen a la hora de dar el paso y crecer laboralmente». Lo dice quien lleva treinta años al pie del cañón y sabe bien lo que es restarle tiempo a los hijos por el trabajo.
«Yo tengo muchas ganas de ser madre, pero lo pienso y no sé cómo hacerlo», comenta Claudine Paulson. «Llega un momento en el que te tienes que debatir entre ser madre y crecer profesionalmente», confirma Andrea Martos. Con un hijo de dos años, hace malabares para poder organizarse y que no la echen en falta ni el pequeño ni sus equipos, especialmente el del recién estrenado René, donde precisamente uno de los fichajes estrella es la pastelera Julieta Cañavate, mejor pastelera de Francia en 2024.
Vínculo especial con los hijos
«Hoy en día vemos cada vez más parejas en los restaurantes y eso es un impulso para las que empiezan». Cristina Cánovas es un ejemplo de ello. Junto a Diego Aguilar compone uno de los dúos culinarios más sólidos del firmamento malagueño. Ambos fueron padres en plena mudanza del restaurante al Centro y en pleno crecimiento hacia esa alta cocina que les dio en noviembre la estrella Michelin. «El padre es igual de importante, pero las madres tenemos un vínculo especial con los hijos, eso es innegable y te ata aún más con esa responsabilidad». A pesar de ello, luchó y llegó a la cima. A costa de quitarles horas al sueño.
Lo ratifica Lourdes Luque: «A mí nunca me ha gustado separarme de mis hijos, si quieres formar una familia no es fácil». Desde el primer ojo que abre, ya está mirando el correo. Ella también se encarga de todas esas labores de gestión. Como tantas otras mujeres que, como recordaba Pía Ninci, están detrás de las caras conocidas de la cocina.
Poco a poco todo va cambiando. Se nota en esta y en tantas otras profesiones tradicionalmente masculinas, a pesar de que, como advierte Ana Cánovas, «la mujer haya sido siempre la que ha cocinado en casa». «Es una desigualdad histórica muy difícil de cambiar de un día a otro», destaca Charo Carmona. La antequerana abrió una puerta importante a todas esas que hoy ya se atreven a dar un paso al frente, tanto en sala como entre fogones. La mentalidad es otra. «Hoy, quien quiere participar en esto, participa, pero hay que tener paciencia, equipararnos es un proceso muy lento». Ella asegura que nunca se ha sentido inferior. Todo es cuestión de actitud.
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