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De caballas y canallas

De caballas y canallas
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Porque la ciudad, hoy por hoy, parece una mala dedicatoria a la convivencia y, si nadie lo evita, será la Jerusalem de Saladino

LA TRIBUNA

De caballas y canallas

Porque la ciudad, hoy por hoy, parece una mala dedicatoria a la convivencia y, si nadie lo evita, será la Jerusalem de Saladino

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JAVIER MURIEL. ABOGADO

18/09/2026 a las 02:00h.

No se trata de ser de ultraizquierda, o más de derechas que el grifo del agua fría. Es que ya van cincuenta y siete días ... de lucha ceutí por recuperar lo que nunca debieron arrebatarle. Casi dos meses, una eternidad en comparación con lo que tarda Pedro Sánchez en mentirle al espejo. Esto va de dignidad.

Un caballa nunca se rinde, y que nadie confunda aguante con aprobación. Ya nos dijo Hemingway que, si el pueblo español tiene un rasgo común, es el orgullo. El problema es cuando Sánchez, haciendo suya la fábula de Pedro y el bobo, teje un macabro laberinto de advertencias y prioridades para enturbiar sin éxito la senda de la verdad.

Qué ironía. Dicen escapar de su país buscando una vida mejor, y llegan a otro para imponer la peor versión del mismo país del que huyen

Si vas de playa Benitez hasta Benzú, subes al Príncipe, pasas por los Rosales y bajas Loma Colmenar, notas esa calma tensa que precisa de la chispa que avance el drama hacia un punto sin retorno. Andar por esa Ceuta es sortear una zona militarizada con pistolas de juguete. Lo que sí es muy real, y se te clava en la pituitaria, es el nauseabundo hedor a deshecho humano. Nadie, en ningún sitio, tiene por qué salir con miedo de su casa. Nadie, en ningún sitio, tiene por qué volver con asco a su casa.

Trece mil asaltantes merodean aún por Ceuta. Taimados artistas de la provocación que esperan su momento. Derrochan paciencia mientras les den, cada cinco de la tarde, una bolsa con las tres comidas del día. Ellos no tienen prisa y a nosotros, en cambio, nos sobra prosa. No es una crisis migratoria. Lo que yo he visto es un hormiguero perfectamente organizado: venden, compran, entrenan, avanzan, consiguen, regresan, y vuelta a empezar. Hasta los hay bien vestidos que se mezclan con los ceutíes, y otros que van a los centros comerciales con tarjetas bancarias y arrasan con todo el alcohol y cualquier otro producto que, curiosamente, no es de primera necesidad. Incluso he visto chicas marroquíes vestidas de fiesta que deambulan entre ellos.

Duermen de día, acechan de noche, y temen que llegue ese levante que cubrirá de espuma todo su campamento y les mudará en busca de opciones que allí nadie quiere imaginar. Pero los invasores saben que el gobierno terminará pronto de desempaquetar los colchones nuevos que hurtan a los policías y ya preparan en los campamentos alzados junto al hospital, guarderías o el banco de alimentos.

Es lo que tiene el chantaje. Que se empieza con asentamientos en la playa y se acaba casando a una infanta con el heredero marroquí. Puestos a dejarnos violar la integridad, hagámoslo con pompa monárquica y fanfarria medieval ¿O acaso las niñas de Ceuta valen menos que las palaciegas? Esto es lo que pasa cuando insultas el honor de una ciudad que ya llega tarde a los amores de este verano.

Qué ironía. Dicen escapar de su país buscando una vida mejor, y llegan a otro para imponer la peor versión del mismo país del que huyen. Vuelvo de noche en el ferry tratando de entender lo que he visto. A lo lejos escucho un grito. ¡¡Que viene el bobo, que viene el bobo!! Será por Pedro Sánchez, dice una señora. Yo, por mi parte, fusilo el silencio con una duda: y mañana, qué. Nadie me contesta. He aprendido que, si mañana Ceuta continúa siendo española, será por la valentía de hombres y mujeres caballas que seguirán defendiendo esa patria suya que, por ahora, es la nuestra. Aunque nadie dimita.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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