La última del verano
De ceja caídaUnas cejas caen por la edad; otras, por el peso de la culpa
Escucha el artículo. 3 min
Escucha el artículo. 3 min
Regala esta noticia Añádenos en Google Julito Martínez. (EP) 23/07/2026 Actualizado a las 00:04h.Se me está cayendo el pelo de las cejas. Al principio de la izquierda, en la parte más ancha, la que queda más cerca del ... ojo, tengo una calva extraña. Podría pasar por una cicatriz de malota, como si un quinqui me la hubiera partido en una pelea callejera. Pero no: es una calva absurda, fea, sin épica alguna. Y, encima, cuando intento rellenarme el hueco con un lápiz, el remedio resulta peor que la enfermedad, porque acabo con tal grosor cejil que parezco un secretario general del Partido Comunista de la URSS. Total, que desisto.
Las cejas de Julito Martínez son otra historia. También su nombre: a partir de una determinada edad, los diminutivos dejan de sonar cariñosos para convertirse en una condena. Que se lo pregunten a Joselito. El pequeño ruiseñor, no el jamón. Es oír Julito y acordarme de Nabokov: «Ju-li-to: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Ju. Li. To». Pero aquí hemos venido a hablar de cejas. Y las de Julito Martínez eran las de quien mira por encima del hombro porque va por la vida con impunidad. De quien cree que puede echarse dos güisquitos al coleto y coger el coche sin problemas, ponerle los cuernos a su pareja sin ser descubierto o zamparse media ristra de morcillas sin que se le dispare el colesterol. Hasta que llega el porrazo, la demanda de divorcio o la analítica. Entonces, por el peso de la culpa, el remordimiento, la preocupación o la angustia, las cejas empiezan a venirse abajo. Durante la comparecencia en la comisión de investigación del Senado, Martínez estuvo en silencio durante una hora. No le hizo falta abrir la boca, porque esas cejas ya hablaban por sí solas. Y lo que decían era que iba a cantar.
Licencia moral
Más de uno también anda de ceja caída. Por la pena. Por la decepción. Por la disonancia cognitiva: no les cabe en la cabeza que un tipo como Zapatero, símbolo de los valores progresistas, haya hecho algo delictivo. Ni a él tampoco. Cree que goza de una especie de licencia moral al considerar que haber actuado correctamente en el pasado le otorga permiso para actuar mal en el presente. Pero esa licencia no existe en el Código Penal.
Julito, por su parte, se encarga de confirmar la primera impresión que nos produjo. La punta de su lengua emprende un viaje de varios pasos paladar abajo para señalar a Zapatero, para decir que era quien marcaba la ruta a seguir en el rescate de Plus Ultra, para asegurar que ha cobrado comisiones por conseguir la financiación pública, para corroborar que se han hecho pagos a sus hijas. Por eso, en breve, volveremos a ver las cejas del empresario en su sitio. Porque no hay mejor bótox que colaborar con la justicia. De hecho, dos directivos de Plus Ultra van por el mismo camino. Igual que cuando una señora se hace un retoque favorecedor y les recomienda la clínica en cuestión a sus amigas. Cada uno evangeliza con lo suyo.
comentarios Reportar un error