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De Guillermo de Osma y Cayón, en el centro de la Modernidad

De Guillermo de Osma y Cayón, en el centro de la Modernidad
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En la galería Guillermo de Osma, 'Óscar Domínguez o el Surrealismo híbrido' recorre una trayectoria marcada por la exploración técnica y la reformulación de su lenguaje. De origen canario e integrado desde 1934 en el Surrealismo, Domínguez reinventó la decalcomanía como procedimiento automático en el que presión, transferencia y azar hacen aflorar imágenes no previstas. La muestra reúne varias de su serie de leones de 1936 y, del posterior giro metafísico, el cuadro-objeto 'Camera Obscura', donde una antigua máquina para convertir el mundo en imagen acaba convertida ella en imagen.Durante buena parte de los cuarenta se intensifica la influencia de Picasso, visible sobre todo en el dibujo anguloso, los gruesos contornos negros y la fragmentación de las figuras. Hacia 1948 se produce un cambio decisivo: el trazo se afina, los colores se aclaran, aparecen amplios márgenes blancos y las composiciones ganan aire. Domínguez conserva parte de su repertorio temático habitual, pero reduce su dramatismo y lo trata con una nueva economía de medios: una pintura más ligera, lírica y rigurosa. La exposición reúne magníficos ejemplos de este periodo, en el que su poética alcanza una de sus formulaciones más personales.El último autorretratoEl recorrido culmina con 'Le Clown' (1957), recuperado tras décadas fuera de la vista pública. El crítico Isidro Hernández propone leer ese rostro deshecho y expresivo, pintado con impulso gestual, como su último autorretrato: una máscara tragicómica realizada pocos meses antes de que el artista se suicidara ese mismo año.En las imágenes, obras de José Guerrero y Esteban vicente de la muestra de Cayón y 'Le Clown' (1957), de Óscar Domínguez ABCCayón, por su parte, reúne obras del granadino José Guerrero y del segoviano Esteban Vicente en una selección distinta de la presentada este verano en Menorca, con especial atención al gran formato. Incluye, además, varias pinturas de Guerrero que no se mostraban públicamente hacía décadas. El conjunto se concentra en momentos muy avanzados de sus respectivas trayectorias: Guerrero, entre 1973 y 1990; Vicente, entre 1991 y 1999.Ambos se integraron plenamente en la escena artística norteamericana de posguerra: Vicente formó parte de la primera generación del Expresionismo abstracto y participó en la célebre 'Ninth Street Show' de 1951; Guerrero llegó a Nueva York en 1950 y en 1954 exponía con Betty Parsons, galerista decisiva para la Escuela de Nueva York.arte_abc_0724En Guerrero, el color posee peso y capacidad constructiva y, al tiempo, conserva un lirismo que la crítica puso en relación con la memoria cromática de su Granada natal. A comienzos de los setenta, su pintura causó un fuerte impacto entre una nueva generación de artistas españoles (el llamado 'efecto Guerrero'). Volver hoy a su obra permite entender aquella fascinación: formas y tonalidades se articulan en imágenes de una intensidad personalísima.Óscar Domínguez 'Óscar Domínguez o el Surrealismo híbrido' Lugar: Galería Guillermo de Osma (Madrid) Dirección: Madrid. C/ Claudio Coello, 4 Clausura: Hasta el 6 de noviembre Valoración: ****José Guerrero y Esteban Vicente 'Guerrero/Vicente' Lugar: Galería Cayón (Madrid) Dirección: C/ Blanca de Navarra, 7 y 9 Clausura: Hasta el 7 de noviembre Valoración: ****Vicente alcanza la intensidad por otra vía. Su evolución puede entenderse como un prolongado proceso de depuración: eliminar artificio y elementos superfluos hasta concentrar el cuadro en las relaciones esenciales entre forma, color y luz. «En la pintura todo lo artificioso es malo, pues indica falta de control», afirmó. Su pintura tardía lleva esa paradoja hasta el extremo: cuanto mayor es la disciplina compositiva, más libre parece respirar el color.

En la galería Guillermo de Osma, 'Óscar Domínguez o el Surrealismo híbrido' recorre una trayectoria marcada por la exploración técnica y la reformulación de su lenguaje.

De origen canario e integrado desde 1934 en el Surrealismo, Domínguez reinventó la decalcomanía como procedimiento automático ... en el que presión, transferencia y azar hacen aflorar imágenes no previstas.

La muestra reúne varias de su serie de leones de 1936 y, del posterior giro metafísico, el cuadro-objeto 'Camera Obscura', donde una antigua máquina para convertir el mundo en imagen acaba convertida ella en imagen.

Durante buena parte de los cuarenta se intensifica la influencia de Picasso, visible sobre todo en el dibujo anguloso, los gruesos contornos negros y la fragmentación de las figuras. Hacia 1948 se produce un cambio decisivo: el trazo se afina, los colores se aclaran, aparecen amplios márgenes blancos y las composiciones ganan aire.

Domínguez conserva parte de su repertorio temático habitual, pero reduce su dramatismo y lo trata con una nueva economía de medios: una pintura más ligera, lírica y rigurosa. La exposición reúne magníficos ejemplos de este periodo, en el que su poética alcanza una de sus formulaciones más personales.

El recorrido culmina con 'Le Clown' (1957), recuperado tras décadas fuera de la vista pública. El crítico Isidro Hernández propone leer ese rostro deshecho y expresivo, pintado con impulso gestual, como su último autorretrato: una máscara tragicómica realizada pocos meses antes de que el artista se suicidara ese mismo año.

Cayón, por su parte, reúne obras del granadino José Guerrero y del segoviano Esteban Vicente en una selección distinta de la presentada este verano en Menorca, con especial atención al gran formato. Incluye, además, varias pinturas de Guerrero que no se mostraban públicamente hacía décadas. El conjunto se concentra en momentos muy avanzados de sus respectivas trayectorias: Guerrero, entre 1973 y 1990; Vicente, entre 1991 y 1999.

Ambos se integraron plenamente en la escena artística norteamericana de posguerra: Vicente formó parte de la primera generación del Expresionismo abstracto y participó en la célebre 'Ninth Street Show' de 1951; Guerrero llegó a Nueva York en 1950 y en 1954 exponía con Betty Parsons, galerista decisiva para la Escuela de Nueva York.

En Guerrero, el color posee peso y capacidad constructiva y, al tiempo, conserva un lirismo que la crítica puso en relación con la memoria cromática de su Granada natal. A comienzos de los setenta, su pintura causó un fuerte impacto entre una nueva generación de artistas españoles (el llamado 'efecto Guerrero'). Volver hoy a su obra permite entender aquella fascinación: formas y tonalidades se articulan en imágenes de una intensidad personalísima.

'Óscar Domínguez o el Surrealismo híbrido'

Lugar: Galería Guillermo de Osma (Madrid)

Vicente alcanza la intensidad por otra vía. Su evolución puede entenderse como un prolongado proceso de depuración: eliminar artificio y elementos superfluos hasta concentrar el cuadro en las relaciones esenciales entre forma, color y luz. «En la pintura todo lo artificioso es malo, pues indica falta de control», afirmó. Su pintura tardía lleva esa paradoja hasta el extremo: cuanto mayor es la disciplina compositiva, más libre parece respirar el color.

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De Guillermo de Osma y Cayón, en el centro de la Modernidad

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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