- Third Point entra en Indra y pide la compra de EM&E
- TCI y los fondos cazaopas revolucionan la Bolsa española con 8.000 millones
- El activismo accionarial se abre paso en el Ibex
Por qué Third Point, TCI o Sachem Head se atreven a retar a accionistas con mucha mayor participación en las grandes empresas estratégicas españolas.
La irrupción de Third Point en el capital de Indra, con carta incluida de ese fondo de inversión al consejo de la empresa para reclamar que compre Escribano Mechanical & Engineering (EM&E), es un nuevo paso significativo en el desafío de los inversores activistas a los núcleos duros del Ibex.
Puede resultar sorprendente que la firma estadounidense, con menos del 3% de Indra, trate de influir en la estrategia de un grupo con accionistas mucho más significativos como el propio Gobierno español, que a través de la Sepi posee el 28% de las acciones de la compañía de Defensa.
Para su ofensiva, Daniel Loeb, socio fundador de Third Point, puede haberse visto animado ante la capacidad de otros inversores activistas para desatar terremotos en otras grandes empresas estratégicas españolas con núcleos duros de accionistas locales.
El caso más evidente es el de TCI, la entidad de inversión de Chris Hohn, que tiene participaciones entre el 5% y el 10% en Aena, Ferrovial y Cellnex, y en los tres grupos ha logrado sacar adelante iniciativas pese a tener menos acciones que la Sepi, la familia Del Pino y Edizione, respectivamente.
En Aena, Hohn forzó la puesta en marcha de un plan de sostenibilidad; en Ferrovial promovió el traslado de la sede a los Países Bajos para cotizar en Nueva York: y en Cellnex desató el cambio de su cúpula. TCI tiene representación en el consejo de Cellnex, y estuvo en el de Aena.
Otro ejemplo de la disputa entre activistas y núcleos duros es el de Grifols. Durante la frustrada opa de Brookfield sobre la farmacéutica, una alianza de fondos formada por Sachem Head, Mason Capital y Flat Footed logró entrar al consejo al sumar más del 8% del capital. La familia fundadora de la empresa controla el 30%.
Un caso aparte es el de Elliott -el mayor fondo activista del mundo-, que tiene una posición bajista en Repsol, sin derechos de voto, ya que sirve para cubrir parte de su presencia en la petrolera británica BP.
Amber Capital, un activista con un estilo menos agresivo, participa desde hace años en Prisa e Indra.
Los cambios en el modelo de gobierno corporativo en España durante los últimos años, que permiten ahora a los minoritarios tener más peso en la supervisión y limita el control de los consejos de administración por los socios significativos, explican la posibilidad de que los activistas busquen oportunidades en el Ibex.
Pero al final, la clave del éxito de sus campañas es ganarse el respaldo de otros accionistas y del conjunto del mercado para alcanzar sus objetivos. Y en el caso de las empresas españolas, eso pasa por llegar a pactos con los núcleos duros, algo que sucedió en Aena, Cellnex, Ferrovial y Grifols, y que ahora podría suceder en Indra.
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