Carlos Fontán pasea concentrado por el antiguo balneario del río Lérez, en Pontevedra, y comparte orgulloso detalles de su época dorada. Inaugurado en 1906, lo frecuentaban familias acomodadas, políticos e intelectuales de la España de comienzos del siglo XX y vio brotar una de las aguas más prestigiosas de la época. Lamenta que la estructura permanece hoy abandonada, parcialmente derruida y cubierta de grafitis, pero presume orgulloso de que el agua con gas que hace 120 años llevó el nombre de la ciudad por medio mundo vuelve a ser hoy una realidad. Ha recuperado Aguas de Lérez, misma marca y filosofía para un proyecto que aspira a devolverle el hueco que tuvo y «merece» como sinónimo de lujo y calidad.
Apasionado de la historia, de su ciudad y del emprendimiento, uniendo sus tres vocaciones, ha logrado rescatar esta joya olvidada que viajaba desde Pontevedra hasta las mesas de las casas reales española e inglesa, se bebía en hospitales ingleses, americanos y españoles y se vendía en mercados de Inglaterra, Escocia, Irlanda, Estados Unidos, Canadá, África, Australia, Nueva Zelanda, la India y Egipto. Una marca que logró tal distinción entre las familias adineradas que se sirvió, junto a una francesa y otra alemana, en la primera clase del fatídico viaje inaugural del Titanic.
Esta historia de esplendor tiene un nombre propio, el del empresario gallego Casimiro Gómez, fundador del balneario Villa Buenos Aires y cuya visión logró rentabilizar la riqueza de los dos manantiales minero-medicinales de Monte Porreiro y As Aceñas. En la época protagonizó anuncios en prensa con el eslogan «La Mejor Agua Mineral natural de mesa, recomendada por la ciencia», y fue galardonada en la Exposición Internacional de Higiene en Madrid en 1907 y en la Internacional de Higiene de Buenos Aires.
Según el libro El balneario del Lérez. La aventura termal de Casimiro Gómez, de Xosé Manuel Pereira Fernández, su principal mercado se localizaba en Sudamérica, de forma mayoritaria en Argentina, donde su fundador amasó su fortuna, y en Inglaterra. Casimiro Gómez se encargaba de su distribución en Sudamérica y el resto de la expansión internacional se realizó a través de The Lerez Natural Mineral Water-Company, con sede en Southampton y sucursales en Londres y Liverpool.
A través de esa compañía, llegó al Titanic, pues era proveedora oficial de la naviera White Star Line. No hay fotos ni facturas que acrediten esa presencia, pero sí en el HMHS Britannic y RMS Olympic, barcos hermanos, y «por lógica comercial» compartían marcas, insiste Fontán. Añade que «en esa época, los grandes transatlánticos funcionaban como hoteles de lujo flotantes y buscaban productos exclusivos de distintos países» y Aguas de Lérez era, en aquellos años, el agua más demandada de las clases adineradas británicas.
Ese episodio del Titanic es, quizás, el más llamativo, pero no el más importante en la crónica de una marca que tuvo una red comercial global envidiable un siglo después y cuya producción de hasta dos millones de botellas anuales llegaba a cuatro continentes. Un esplendor que empezó a apagarse con la I Guerra Mundial, en 1914, un duro golpe para el turismo del balneario, para la estructura comercial de su agua y para la economía mundial. Y que la Guerra Civil española fulminó.
Cartel de Aguas Lérez en su época dorada.EL MUNDOTuvo que pasar casi un siglo hasta que, en plena pandemia, Carlos Fontán registró la marca como un «proyecto a futuro», sin hoja de ruta clara, hasta que, con un proyecto de mentorización de la Asociación de Jóvenes Empresarios (AJE), analizó el mercado y todo encajó. «Se juntaron tres ingredientes», explica. El lema de la ciudad -Pontevedra é Boa Vila, dá de beber a quen pasa, que ahora va en las botellas-; los datos que confirman un incremento exponencial del consumo de agua con gas -un informe Nielsen de 2025 confirma un crecimiento interanual del 14,3% en España-; y el «storytelling brutal detrás de la marca».
«Aguas de Lérez no es sólo agua. Es una historia recuperada, un homenaje a una de las aguas más icónicas del siglo pasado», presume, tras cerrar seis meses de testeo en 50 establecimientos para «entender el mercado antes de crecer». Este marzo encara su lanzamiento oficial con el objetivo de posicionarse en la hostelería y la restauración más selecta, «situarla en el lugar que merece dentro del consumo premium y la gastronomía», como sinónimo de pureza, naturaleza y calidad.
A su favor juega esa historia, «recuperar la memoria empresarial y cultural» de Casimiro Gómez y de Pontevedra; dignificar al Lérez, principal río de la provincia; y las propiedades del propio producto. El estado actual del río, la presencia de presas eléctricas y las limitaciones normativas le impidieron recuperar los dos manantiales originales y se ha trasladado al de Sanxinés en Vilagarcía de Arousa, donde encontró un agua con cualidades que la diferencian y hacen única. Con menos de 20 mg/l de sodio, límite recomendado por la OMS, se convierte en ideal para personas con tendencia a la retención de líquidos, hipertensión o con dietas reducidas en sal.
Presume Fontán de que es suave el paladar y fácil de beber, muy ligera para el riñón y de digestión fácil y la propuesta idónea ante esa demanda creciente de agua con gas como alternativa saludable. «El consumidor evoluciona hacia opciones más saludables y el agua con gas vive un crecimiento sostenido en toda Europa», recuerda este empresario, que no busca «estar en todas partes», sino «en los lugares adecuados», establecimientos alineados con sus valores. «No buscamos clientes; buscamos socios que compartan nuestra visión».
Incluso lleva esa filosofía a sus botellas. En la época de testeo, las usó de plástico, pero ahora las incorpora de vidrio premium procedentes de Alemania, reutilizables y que conjugan la sostenibilidad con ese homenaje al territorio y a la historia, pues simulan la etiqueta original, que tan solo se conserva ya en pequeños coleccionistas y en el Museo de Pontevedra.