Con el ambicioso objetivo de "cero víctimas mortales" para 2050, la marca japonesa refuerza su apuesta por la formación en España. Acudimos a uno de sus cursos para comprobar si, tras 15 años de carné, todavía queda algo por aprender.
"El 94% de los accidentes de tráfico están relacionados con el factor humano". La cifra, lanzada por Honda durante la presentación de su estrategia de seguridad vial, es fuerte. Frente a un exiguo 2% atribuible al estado del vehículo y otro 2% al entorno, el mensaje es cristalino: el problema, y por tanto la solución, somos nosotros.
Honda no es nueva en esto. En 1970 ya crearon su División de Promoción de Seguridad Vial y en España llevan 34 años picando piedra en la formación de motoristas. Sin embargo, su nueva hoja de ruta es más agresiva que nunca: reducir a la mitad las muertes en vehículos Honda para 2030 y alcanzar las cero víctimas en 2050. Pero, ¿cómo se traslada esa ambición corporativa al asfalto? Para entenderlo, nos hemos puesto el casco.
El reto de "desaprender"
Llego al curso con cierta confianza. Llevo 15 años montando en moto, miles de kilómetros en las espaldas y la sensación de que "ya sé de qué va esto". Es el perfil más peligroso: el del veterano que ha normalizado sus vicios.
Los instructores de Honda —y de su nueva red Honda Approved Centre, estrenada por la escuela ASR en Madrid— tienen un ojo clínico casi quirúrgico. No tardaron ni 30 kilómetros en detectar que mi postura de conducción era deficiente. Al principio, sus correcciones me resultaron exageradas. "Pon los pies así, mueve la cadera, relaja los hombros". Me sentía contra natura, forzado, como si estuviera aprendiendo a montar en bici de nuevo.
"Se te pasará en pocos kilómetros y tu cerebro empezará a funcionar con la nueva postura al ver que es mejor", me soltó el instructor con la calma de quien ha visto a mil alumnos cometer el mismo error. Y tenía razón.
La magia ocurre cuando te ves desde fuera. Gracias al uso de dispositivos de grabación, te ves a ti mismo en vídeo. Es ahí donde la cura de humildad es total: lo que en mi cabeza se sentía como una postura extrema y forzada, en la pantalla se revelaba como la posición técnica perfecta. De repente, la moto iba mejor, la trazada era más limpia y el control, absoluto. El cerebro, efectivamente, hace clic.
Un ecosistema de formación que se expande
La seguridad vial se ha convertido en uno de los grandes campos de batalla de la movilidad contemporánea, y el mundo de la moto no es ajeno. Con 1,19 millones de fallecidos al año en accidentes de tráfico en todo el mundo -y un peso significativo de los motoristas en esa estadística-, el margen de mejora no está tanto en la máquina como en quien la conduce. Honda lo resume en esa cifra: el 94% de los siniestros tiene su origen en el factor humano.
Sobre esa premisa pivota desde hace décadas la estrategia del fabricante japonés. Y ahora da un paso más en España con la expansión de su modelo formativo más consolidado, el del Honda Instituto de Seguridad (HIS), mediante un nuevo formato: la certificación de centros externos bajo el sello "Honda Approved Centre".
El HIS no es un experimento reciente. En España acumula más de tres décadas de actividad y cerca de 34.000 alumnos formados, lo que lo sitúa como uno de los referentes europeos en formación poscarné. Su enfoque combina técnica de conducción, anticipación al riesgo y pedagogía aplicada desde una óptica práctica, alejada de lo comercial.
Este modelo ha sido además validado por terceros. Desde 2018 cuenta con el Sello Europeo de Calidad Formativa del Consejo Alemán de Seguridad Vial (DVR), con el respaldo de ACEM y la FIM, y recientemente ha obtenido también la certificación de la Dirección General de Tráfico (DGT), que permite a sus alumnos recuperar hasta dos puntos del carné.
De circuito propio a red certificada
La novedad no está tanto en el contenido como en la forma de escalarlo. Honda ha decidido abrir su metodología a terceros mediante la certificación "Honda Approved Centre", un sello que estandariza procesos, contenidos y exigencias de seguridad con el objetivo de multiplicar el alcance del HIS sin perder control sobre la calidad.
El primer paso se ha dado en Madrid con ASR (Actividades Sobre Ruedas), que se convierte en el primer centro homologado en España. La escuela ha superado el proceso de certificación y ya opera bajo los estándares de Honda, trasladando a la carretera -más allá del circuito- buena parte de la filosofía del HIS.
Sus cursos, disponibles en formatos de media jornada o jornada completa y apoyados por la red de concesionarios oficiales en Madrid, no son meras charlas comerciales, sino entrenamientos de alta intensidad técnica orientados a la toma de decisiones, la prevención del riesgo y la mejora de habilidades en entornos reales. La tecnología también juega su papel: el uso de grabaciones on-board permite analizar errores y aplicar correcciones en tiempo real, reforzando el componente pedagógico.
Para Honda, este movimiento supone un cambio relevante respecto a su tradicional modelo centralizado. "Finalmente hemos podido materializar nuestro proyecto de expansión del HIS acercando nuestros servicios de formación a otras comunidades", explicaba Albert Cavero, responsable de Safety Training en Honda Motor Europe. El objetivo es claro: trasladar más de 30 años de conocimiento a una red más amplia sin perder el nivel de exigencia.
Albert Cavero, responsable de Safety Training en Honda Motor Europe.La formación como eje de la seguridad
Este paso encaja en una visión más amplia. Honda lleva más de medio siglo incorporando la seguridad a su hoja de ruta, desde la creación en 1970 de su división específica hasta el desarrollo de tecnologías como el ABS, el airbag para motocicletas o las ayudas electrónicas a la conducción.
Pero la compañía insiste en que la innovación tecnológica, por sí sola, no basta. Si el grueso de los accidentes responde a errores humanos —con factores como la velocidad, las distracciones o el consumo de alcohol como principales causas—, la formación continua se convierte en la herramienta más eficaz para reducir la siniestralidad.
De ahí el peso creciente de estos programas dentro de sus objetivos a 2030 y 2050, que pasan por reducir a la mitad las víctimas mortales respecto a 2019 y, a largo plazo, alcanzar el objetivo de cero fallecidos en accidentes con vehículos de la marca implicados.
Al final, la estrategia no se mide solo en estadísticas, sino en cada gesto sobre la moto: corregir una mala postura, anticipar un riesgo o tomar una mejor decisión en décimas de segundo. Porque, más allá de la tecnología o la velocidad, el objetivo sigue siendo el mismo: llegar a casa.
La lógica detrás del movimiento es clara. Si el grueso de los accidentes responde a errores humanos, la certificados es, en ese sentido, un movimiento coherente: menos laboratorio y más capilaridad.
Ducati también entra en el juego de la formación
El movimiento de Honda no es aislado. Ducati ha presentado recientemente su propio programa en España, el Ducati Riding Camp, una iniciativa que arramca este segundo trimestre, sumándose a marcas como Suzuki, BMW, Yamaha o Kawasaki.
Desarrollado junto al expiloto mundialista Miguel Ángel Castilla, el programa, centrado en los circuitos, recorrerá trazados como Almería, Jerez, MotorLand Aragón, Albacete, Cartagena y Portimão. A diferencia del enfoque más orientado a carretera de ASR, Ducati apuesta por el entorno controlado del circuito, con jornadas que combinan teoría y seis tandas prácticas.
Los cursos están abiertos a motoristas de cualquier marca y se estructuran en tres niveles, desde iniciación hasta perfeccionamiento. "Tenemos una responsabilidad como marca frente al usuario", nos apunta Carlos López-Panisello, CEO de Ducati España, en relación con la necesidad de impulsar iniciativas que vayan más allá del producto y contribuyan a una conducción más segura.
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