Seis décadas de trabajo, desde Roma a París y Hollywood, consolidaron al italiano como un referente indiscutible de la alta costura cuya influencia atraviesa generaciones.
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Elena Pérez Publicada 19 enero 2026 21:13h Actualizada 19 enero 2026 21:14hLa muerte de Valentino Garavani, fallecido este lunes en Roma a los 93 años, cierra uno de los capítulos fundamentales de la historia de la moda contemporánea. Durante más de seis décadas, su nombre estuvo asociado a una idea muy concreta de elegancia, disciplina y permanencia, en un sector marcado por el cambio constante y la fugacidad de las tendencias.
Valentino fue una figura clave en la consolidación de la alta costura italiana y un diseñador capaz de construir un lenguaje propio reconocible en cualquier contexto. Desde Roma, convirtió su casa en un referente global y reforzó el papel de la capital italiana en el mapa creativo junto a París. No se limitó a vestir cuerpos: creó símbolos, códigos estéticos y una forma de entender el lujo basada en el oficio, la proporción y el control.
En el día en que se confirma su fallecimiento, esta fotogalería revisa algunos de los hitos que explican su influencia. La V convertida en emblema de lujo discreto, el rojo elevado a identidad cromática o los vestidos que acompañaron a figuras clave del siglo XX son parte de un legado que trasciende la industria y se inscribe en la cultura visual de su tiempo.
Valentino vistió a actrices, primeras damas y referentes sociales en momentos históricos, reforzando el vínculo entre moda, poder y representación pública. Su obra ayudó a definir cómo debía verse la elegancia durante décadas y estableció un estándar que aún hoy sigue siendo referencia. Revisar ahora sus imágenes más icónicas es una forma de recordar el alcance de una figura que contribuyó a dar forma a la moda tal y como hoy la entendemos.
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Obsesión por la silueta femenina
En 1959, Valentino Garavani abrió su primer taller en Roma, en la Via Condotti. Nacido en Voghera en 1932, su vocación por el arte y la moda se manifestó desde muy joven. Con solo 17 años se trasladó a París para formarse en la École de la Chambre Syndicale de la Couture Parisienne, una experiencia decisiva que le permitió absorber el rigor técnico y la disciplina de la tradición francesa.
Ese mismo año presentó su primera colección de Alta Costura, titulada Ibis, un debut que reveló ya una visión clara y ambiciosa del vestir femenino. Las prendas mostraban una atención extrema al corte, a los materiales y a la construcción de la forma, anticipando muchos de los rasgos que definirían su trabajo posterior. Aquella primera presentación marcó el inicio de un proyecto creativo que reforzaría a Roma como gran escenario de la moda internacional.
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Dueño de un color: el rojo
El 'rosso Valentino' apareció también en 1959 y se convirtió desde entonces en uno de los signos más reconocibles de su firma. El diseñador lo fijó como parte esencial de su lenguaje estético tras presentar el vestido La Fiesta, un diseño de tul sin tirantes que condensaba su idea de feminidad, elegancia y presencia escénica. A partir de ese momento, el rojo dejó de ser un simple color para transformarse en una identidad visual asociada a su nombre.
Lejos de responder a una tendencia concreta, fue concebido como un elemento permanente, capaz de atravesar décadas sin perder vigencia. Su intensidad funcionó como contrapunto a las líneas depuradas y a la precisión del corte, reforzando el carácter escultórico de sus diseños. Con el tiempo, este tono se consolidó como una de las grandes aportaciones simbólicas del creador italiano, un recurso que trascendió la pasarela y pasó a formar parte del imaginario colectivo de la moda.
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La propuesta que lo cambió todo
En 1968, presentó la Colección Blanca, uno de los hitos más decisivos de su trayectoria y una de las propuestas más influyentes de la alta costura del siglo XX. En un momento marcado por la explosión de color, la estética psicodélica y el auge de una moda juvenil ligada a la contracultura, optó por una propuesta radicalmente opuesta: una colección construida exclusivamente a partir del blanco, explorado en distintas texturas, bordados y volúmenes.
La apuesta reforzó la identidad de la casa y consolidó a Valentino como un creador con un lenguaje propio, ajeno a las tendencias dominantes. El blanco se convirtió así en un elemento central de su universo creativo, asociado a una elegancia depurada, rigurosa y atemporal. Aquella colección no solo marcó un punto de inflexión en su carrera, sino que contribuyó a redefinir el papel de la alta costura en un momento en que muchos daban por agotado ese modelo, demostrando que la tradición seguía siendo un espacio de innovación.
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La icónica V
La letra se incorporó de manera gradual al lenguaje visual de la maison como signo de identidad, especialmente a través de los complementos. Su presencia en calzado, cinturones, bolsos, etc., no respondió a una voluntad explícita de protagonismo del logotipo, sino al objetivo de identificar las piezas mediante un código reconocible y coherente con la estética de la casa.
A partir de los años setenta, comenzó a aparecer en elementos metálicos y detalles estructurales de los accesorios y, desde 1978, también en el diseño de frascos y packaging con la entrada de la firma en el mundo de la perfumería. Así, lejos de responder a una moda puntual, la V terminó por convertirse en uno de los códigos estables de Valentino, asociado a una idea de lujo sobrio y duradero.
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Una primera dama como musa
El vínculo entre Valentino Garavani y Jackie Kennedy se consolidó a finales de los años sesenta y fue determinante para la proyección internacional del diseñador. La exprimera dama recurrió a él en algunos de los momentos más expuestos y simbólicos de su vida pública, convirtiendo sus elecciones de vestuario en gestos cargados de significado y situando a la firma romana en el centro de la escena internacional.
La que fuera primera dama de Estados Unidos entre 1961 y 1963 vistió uno de sus diseños en el funeral de John F. Kennedy y volvió a hacerlo en su boda con Aristóteles Onassis en 1968, cuando eligió un vestido perteneciente a la Colección Blanca. Poco después de la cita, el modisto recibió 60 pedidos de vestidos idénticos, lo que hizo que la pieza se convirtiese en uno de los grandes hitos de la maison y le acercó al mercado estadounidense.
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De Roma al mundo
En 1975, Valentino Garavani dio un paso decisivo en la proyección internacional de su casa con su primer desfile en París, donde presentó la colección prêt-à-porter Otoño-Invierno 1975-76 de la Boutique Valentino en el Hôtel George V. La elección de la capital francesa no fue casual: París seguía siendo el centro simbólico de la moda y el escenario en el que se medía la legitimidad internacional de una firma. A partir de ese momento, mantuvo una presencia estable en la ciudad, presentando allí sus colecciones de prêt-à-porter y de Alta Costura.
Ese desembarco marcó el inicio de una etapa de expansión sostenida, que se consolidó a comienzos de los 80. En 1982, fue invitado a Tokio para participar en The Best Five’s '83, junto a nombres clave de la moda internacional como Sonia Rykiel, Norma Kamali, Kansai Yamamoto y Hanae Mori, confirmando el alcance global de su propuesta. Ese mismo año, presentó su colección de Alta Costura Otoño-Invierno 1982-1983 en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, en un desfile organizado por Diana Vreeland que reforzó su estatus cultural.
El evento del Met, enriquecido con referencias operísticas y la participación de figuras del mundo de la danza, reunió a una audiencia que trascendía el ámbito estrictamente fashion. Entre los invitados se encontraban personalidades como Liza Minnelli, Rudolf Nureyev, Richard Gere, Plácido Domingo, Muhammad Ali o Brooke Shields. Aquella cita simbolizó la plena integración de Valentino en el circuito internacional del lujo y la cultura, confirmando que su moda había dejado de ser solo italiana para convertirse en un referente global.
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La moda y el cine se funden
El vínculo con Hollywood fue uno de los pilares de su consagración internacional. Desde los 60, sus diseños comenzaron a ocupar un lugar central en la alfombra roja, asociados a una idea de elegancia clásica que contrastaba con la espectacularidad cambiante del cine. Valentino entendió pronto que el cine no era solo un escaparate, sino un espacio simbólico desde el que fijar una imagen de marca duradera y reconocible a escala global.
A lo largo de su carrera, vistió a algunas de las grandes actrices del siglo XX y comienzos del XXI, muchas de ellas convertidas en musas habituales de la maison. Elizabeth Taylor, Sophia Loren, Audrey Hepburn, Grace Kelly, Jane Fonda o Claudia Schiffer encontraron en sus vestidos una forma de sofisticación sobria, alejada del exceso. Más tarde, nuevas generaciones como Julia Roberts, Cate Blanchett o Gwyneth Paltrow consolidaron esa relación, demostrando la capacidad del diseñador para adaptarse a distintas épocas sin perder identidad.
Seis actrices recogieron un Oscar vestidas de Valentino, un dato que resume mejor que ningún otro su peso en la historia de la alfombra roja. En todos los casos, la elección de la firma respondía a la misma lógica: una elegancia precisa, pensada para perdurar más allá de la fotografía. Sus vestidos no competían con quienes los lucían sino que las acompañaban. Con esa idea, el italiano construyó en Hollywood una reputación basada en la confianza y la coherencia estética.
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Ciao, Monsieur Valentino
En 2007, celebró el 45º aniversario de su maison con un gran homenaje en Roma que funcionó también como cierre simbólico de su carrera. El Museo del Ara Pacis acogió una exposición retrospectiva con más de 350 creaciones y piezas de archivo que recorrían seis décadas de trabajo y subrayaban el peso histórico de la firma y su vínculo con la ciudad. Ese mismo año, anunció su retirada definitiva de la moda activa, poniendo fin a su implicación directa en el diseño y en la gestión creativa de la casa que llevaba su nombre.
La despedida se materializó en enero de 2008, con su último desfile de Alta Costura en París, concebido como un resumen consciente de su trayectoria. La colección reunió los códigos que habían definido su lenguaje desde los inicios: la precisión del corte, el protagonismo del trabajo artesanal y una elegancia ajena a la urgencia de las tendencias. Con aquel desfile, Valentino cerró su etapa como creador y se desvinculó del calendario de la Alta Costura.
A partir de entonces, su papel cambió. Tras su retirada pasó a ejercer únicamente como fundador histórico. Su actividad se centró en la Fondazione Valentino Garavani e Giancarlo Giammetti, creada junto a su pareja y socio para preservar y difundir su legado. Desde Roma, la entidad se convirtió en la depositaria de su archivo y en el motor de proyectos que situaron su obra en diálogo con el arte y el patrimonio, consolidando una última etapa marcada no por la creación de nuevas colecciones, sino por la proyección de una herencia histórica.
Página oficial de Valentino