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De los 'punks' a las 'clean girls': las tribus de usar y tirar que arrasan en redes

De los 'punks' a las 'clean girls': las tribus de usar y tirar que arrasan en redes
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Plataformas como TikTok dan paso a etiquetas efímeras como 'rat girl' o 'mob wife', que nacen, se viralizan y desaparecen a golpe de algoritmo
De los 'punks' a las 'clean girls': las tribus de usar y tirar que arrasan en redes

Plataformas como TikTok dan paso a etiquetas efímeras como 'rat girl' o 'mob wife', que nacen, se viralizan y desaparecen a golpe de algoritmo

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Ekaitz Vargas

26/09/2026 Actualizado a las 18:23h.

Eres de las que se levantan temprano, se ponen crema, desayunan algo con aguacate y salen de casa con el pelo perfectamente peinado? Entonces, según ... TikTok, probablemente seas una 'clean girl'. ¿O eres más de volver tarde a casa, comer cualquier cosa, salir despeinada y asumir que el verano está para hacer un poco el animal? En ese caso, quizá encajes mejor en la 'rat girl'.

Andrea Ferrer, autora de 'Subculturcide', un libro que documenta las tribus urbanas y movimientos de principios de la década de 2010, prefiere precisamente no llamar tribus urbanas a buena parte de estas tendencias. «Son otra cosa: agrupaciones estéticas, tendencias o categorías de consumo, pero sin necesariamente una comunidad, una ideología o una posición frente a la cultura dominante», explica.

La «chica perfecta»

La 'clean girl' es seguramente una de las etiquetas más reconocibles. Su uniforme es una especie de perfección relajada: moño o coleta tirante, piel luminosa, maquillaje que pretende no parecerlo, ropa sencilla, joyas discretas y una vida aparentemente ordenadísima. No se trata solo de cómo vistes, sino de qué comes, cómo entrenas, cómo decoras tu casa o, incluso, cómo organizas tu mañana. Hay que vivir como una persona que tiene la vida bajo control.

Y justo enfrente aparece la 'rat girl'. La etiqueta reivindica todo lo contrario: salir, improvisar, beber, comer mal, estar despeinada, dormir poco y disfrutar del caos. La gracia está precisamente en convertir el 'me da igual todo' en una estética reconocible. Sobre el papel parecen dos bandos enfrentados. Una parece sacada de un anuncio de sérum; la otra, de la mañana después de una noche demasiado larga.

Pero Ferrer cree que ambas funcionan exactamente igual. «Una te vende el control y la otra te vende el caos», resume. Y tiene una pega para la supuesta rebelión de la 'chica rata': «No veo una verdadera reivindicación del desorden porque incluso ese supuesto desorden está perfectamente codificado y estetizado. Es un poco 'Cayetana' jugando al 'urban'». Traducido para quienes peinan canas: pija jugando a ser rebelde.

¿No sabes qué eres? TikTok sí

Las opciones no paran de crecer. Está la 'brat', popularizada a partir del disco de Charli XCX, que convirtió en estética una actitud más descarada, fiestera, desordenada y poco preocupada por quedar bien. Frente a la chica perfecta, la 'brat' asume que puede ser un poco egoísta, un poco desastre y más gamberra.

La 'coastal grandmother' va por otro camino. Imagina una señora con una casa preciosa frente al mar, camisa de lino, pantalones blancos, limonada, flores recién cortadas y una novela encima de la mesa. Ni siquiera hace falta vivir cerca de la costa. Basta con vestir y decorar como si tu vida transcurriera permanentemente en una película de la directora Nancy Meyers, cuyos trabajos han transformado la comedia romántica en una experiencia aspiracional de estilo de vida y madurez.

«No veo una verdadera reivindicación en el desorden porque incluso eso está pensado»

Andrea Ferrer

Escritora

La 'mob wife', por su parte, recupera la estética de las mujeres de las películas y series de mafiosos: abrigos de piel, estampados de leopardo, grandes gafas, joyas llamativas y mucho más oro del que probablemente necesita una persona. Es la fantasía de vivir como si tuvieras un marido en la mafia y una cita para comer a las dos.

Y así podríamos seguir hasta mañana._'tomato girl', 'cottagecore', 'Y2K', 'indie sleaze'... Algunas recuperan épocas pasadas, otras inventan personajes, o simplemente cogen una combinación de ropa y hábitos y le ponen un nombre suficientemente pegadizo para que el algoritmo haga el resto. Lo curioso es que muchas de ellas no duran demasiado. «Son identidades de temporada», explica Ferrer. Funcionan casi «con la misma lógica que una colección de moda»: aparecen, se hacen visibles, se comercializan y son sustituidas por la siguiente. Puedes ser 'Clean Girl' en marzo, 'Brat' en julio y 'Mob Wife' seis meses después.

«TikTok está haciendo una especie de reproducción acelerada de los antiguos tablones de Pinterest: recoge referencias, las mezcla, las descontextualiza y genera un nuevo batiburrillo visual», explica Ferrer. La autora utiliza también el concepto 'tasteslop', que sirve para describir ese batido de referencias culturales que se mezclan y se preparan para el consumo rápido. Cogemos los 90, los 2000, el Y2K, el 'indie sleaze', una película de mafiosos o una casa de la costa francesa, lo trituramos todo y nos quedamos con las imágenes que funcionan. El contexto desaparece. Queda la estética. Y quizá por eso estas nuevas «tribus» sean tan fáciles de abandonar. No hay que dejar un grupo de amigos, cambiar de ciudad ni renunciar a una forma de entender el mundo. Solo hay que hacer 'scroll'.

Y casi todas son chicas

Hay otro detalle que llama especialmente la atención de estas nuevas etiquetas de TikTok. Muchas tienen nombre femenino. «Existe una obsesión por clasificar continuamente cómo debe ser una mujer», apunta la escritora Andrea Ferrer. Y ya no se trata solo de la ropa o el cuerpo. Se etiqueta el desayuno, la casa, las vacaciones, el ocio, el bienestar, la forma de salir de fiesta y hasta la personalidad. «Al final, bajo una aparente multiplicación de identidades, seguimos encontrándonos con una lógica bastante antigua: decirles a las mujeres cómo deberían ser», sostiene. Solo que ahora la revista no llega una vez al mes al buzón. «Lo hace un algoritmo cientos de veces al día». La próxima vez que TikTok te diga que eres tal o cual, pregúntate:«¿De verdad me gusta esto o simplemente llevo veinte vídeos viendo lo mismo?»

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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