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«Decir siempre verdad requiere licencia de armas»

«Decir siempre verdad requiere licencia de armas»
Artículo Completo 1,384 palabras
«El silencio es el objetivo del terror y matar su forma extrema», dice el autor donostiarra, que vuelve con 'Maite' al universo de 'Patria'

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Fernando Aramburu. José Ramón Ladra

Fernando Aramburu

Escritor «Decir siempre verdad requiere licencia de armas»

«El silencio es el objetivo del terror y matar su forma extrema», dice el autor donostiarra, que vuelve con 'Maite' al universo de 'Patria'

Miguel Lorenci

Madrid

Domingo, 8 de marzo 2026, 00:24

... concejal del PP con su efecto en las vidas de tres mujeres. Dos hermanas y su madre que no se dicen la verdad. 'Maite' (Tusquets) se titula una novela que, como 'Patria' es puro Aramburu

–Aquí con el asesinato de Miguel Ángel Blanco.

–Este hecho cruel no aparece como un adorno. Los personajes interactúan con él, se informan, están en vilo. Surge en sus conversaciones y en las reflexiones de la protagonista, Es el marco temporal de toda la novela.

–¿Le interesa más la onda expansiva que genera que el hecho en sí?

–Siempre me ha interesado la repercusión de la historia colectiva en un pequeño grupo de personajes. Mis novelas de tema vasco no cuentan tanto lo que ocurrió como cómo se comportó la gente en un momento determinado. Cómo afectó a sus vidas privadas..

–¿Recuerda dónde estaba en aquellos cuatro días?

–Sí. En Alemania. No tenía internet. Me informé por la radio.

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Portada del libro. Tusquets

–¿Aquel asesinato de ETA marca un antes y un después?

–La historiografía ha considerado que sí, y quizá lo mantenga por el carácter simbólico que adquirió. Es humano simbolizar los acontecimientos para comprenderlos. Hubo otros asesinatos, por desgracia muchos, pero este adquirió un valor especial. Coincidió con una resistencia popular al terrorismo, que venía de antes, y alcanzó su apogeo. La gente salió en masa a la calle y eso le dio relevancia entre de una larga serie de crímenes.

–¿La sociedad vasca pierde entonces el miedo?

– No creo que el miedo desapareciera, pero muchos comprendieron que no estaban solos, que una muchedumbre que rechazaba el terrorismo..

–Las protagonistas se mienten entre ellas. ¿De qué nos protege la mentira?

–La mentira cumple diversas funciones. Surge muy pronto en la vida. Con tres años sabemos mentir. Puede procurar ventajas, protegernos, darnos beneficios. Y no termina en la infancia. A menudo la mentira se combinada con la inteligencia, lo cual para la literatura resulta muy provechoso.

–¿Es necesaria?

–Totalmente. Decir siempre la verdad requeriría licencia de armas, escribí en un aforismo.

«La historiografía considera que el asesinato de Miguel Ángel Blanco cambió la historia»

–¿Por qué la voces femeninas en 'Maite'?

–Tengo bastantes novelas protagonizadas por mujeres. El mundo femenino nunca me fue ajeno. Me permite expresar sutilezas psicológicas que quizá no suelo apreciar en el varón. Pero no dividiré la humanidad en hombres y mujeres: simplificar es peligroso en el terreno creativo. Desde el principio quise que Maite fuera una novela de mujeres, todas atadas a hombres ausentes.

Fernando Aramburu. José Ramón Ladra

–¿La literatura debe incomodar siempre?

–Puede incomodar, pero también agradar y consolar. El escritor no publica sus libros con un prospecto de contraindicaciones. Los lectores deciden cómo repercute en ellos la lectura.

–Narra los episodios más duros de la novela a través de sueños. ¿Por qué?

–Todos llevamos una novela a cuestas, decía Galdós. Si indagas en alguien hallarás ritos, manías, costumbres. Maite imagina escenarios que resuelven los problemas del mundo; le basta la oscuridad para hacelo. Hay en ella un fondo de bondad y una enorme empatía por el dolor ajeno. Tiende a evitar conflictos y a valorar intensamente los gestos de cariño.

–Se remonta treinta años. ¿Nunca aborda hechos en caliente?

–No tengo alma de periodista. No informo ni me siento atado a la actualidad. Mis libros son fruto de un trabajo largo y minucioso. Necesito claridad y reflexión. Esa distancia es consustancial a mi método.

–Es muy metódico escribiendo. ¿Maniático?

–Maniático tiene un matiz negativo. Soy metódico y proclive a los ritos, pero mis hábitos no están por encima de mi voluntad. Los gobierno. Un maniático no domina ciertos comportamientos.

–¿Hay una amnesia colectiva sobre los años de plomo?

–No juzgo a los demás. Cada cual gestiona su memoria. Una víctima no olvida; no es la misma perspectiva que la de quien vivió aquello de lejos. Soy escritor. Me siento interpelado por aquella época de atentados, sufrimiento y terror. Considero que aún tengo algo que decir.

–Una época marcada por densos silencios.

–El silencio es el objetivo del terror: silenciar al disidente, al que estorba, al enemigo. Hay muchas formas de hacerlo; matarlo es la forma extrema. El miedo induce a conductas de supervivencia, y el silencio es una de ellas. Otra puede ser la complicidad.

–Las víctimas ¿tienen una casa en su literatura?

–Es el compromiso que he adquirido. Conozco personalmente a algunas víctimas y mi motivación es solidaria y compasiva. Me apena y me conmueve lo que han sufrido. Mi aproximación es humana, no exactamente política, aunque entiendo que genere lecturas políticas. Me preocupa que las víctimas desaparezcan del debate. Por eso pienso: voy a contar un caso en el que participen.

–¿Está siendo deliberado el olvido?

–El olvido es inevitable. Siempre triunfa. No podemos detener la historia y obligar a una sociedad a reflexionar indefinidamente sobre lo mismo. Pero hay distintos tipos de olvido: algunos deliberados, otros gestionados de manera interesada, lo cual me resulta éticamente decepcionante.

–¿Habría escrito estos libros de haber seguido en Euskadi?

–Las condiciones en que vives determinan tu punto de vista. Si hubiera permanecido en mi ciudad natal quizá habría escrito otros libros. Llevo cuatro décadas en contacto estrecho con la literatura centroeuropea, sobre todo la alemana; algo se me habrá quedado.

–¿Se ha arrepentido de haber logrado el éxito?

–No. Pero hay que saber gestionarlo y darle esquinazo. No acomodarse. El éxito te colma de halagos y puede volverte bobo. Proceder de una familia humilde me ayuda a no perder contacto con el suelo.

«Hay que saber darle esquinazo al éxito. Te colma de halagos y puede volver muy bobo»

–¿Hay un estilo aramburiano?

–Aaramburiano suena fatal. A grano, a pústula gorda. No escribo pensando en la etiqueta ni en la repercusión. Si no gustara a nadie lo que hago, me lo pensaría. Pero no me obsesiona.

–¿Es un oficinista o un picapedrero de la palabra?

–Soy cocinero. Combino ingredientes y disfruto. No soy esclavo de mi trabajo; soy mi jefe.

–Defínase como escritor.

–Laborioso y exigente. Escribo para lectores concretos que invierten tiempo y dinero. Quiero estar a la altura de sus expectativas.

–¿Cómo se hizo escritor en una casa sin libros?

–Mis padres eran humildes y no se leía en casa, pero tenían gran respeto por la cultura. Nos exigían disciplina y buenas notas. Estoy agradecido. Me dediqué a la literatura porque fracasé en el fútbol y algo tenía que hacer.

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Fernando Aramburu. José Ramón Ladra

–¿Ha tirado a la papelera alguna novela?

–Ninguna terminada. Desecho material, pero si supero la página cincuenta, no hay vuelta atrás.

–¿La familia es infierno o un bálsamo?

–Solo puedo hablar bien de la mía: honradez, humor y afecto. No éramos perfectos, pero era un refugio.

–¿Cómo definiría su humor?

–No es evidente. No busco la carcajada, sino la sonrisa y la complicidad en lo malvado, lo sucio, en lo paradójico. A veces debo frenarlo por respeto a quienes han sufrido. Pero también necesito escribir obras en las que me decojone y desmelene.

–¿Es importante no tomarse demasiado en serio?

–Es elegante.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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