Los resultados revelaron que los especímenes examinados pertenecían a dos especies de pulpos con aletas: Nanaimoteuthis jeletzkyi y N. haggarti. Ambas se distinguen por su gran tamaño, aunque N. haggarti habría sido la de mayores dimensiones, con una longitud estimada de entre 7 y casi 19 metros.
En particular, los investigadores calcularon que, en ambos casos, la parte principal del cuerpo (conocida como manto) medía entre 67 y 443 centímetros de largo. Al considerar la extensión de los tentáculos, N. jeletzkyi pudo alcanzar entre 2.8 y 7.7 metros, mientras que N. haggarti habría oscilado entre 6.6 y 18.6 metros de longitud total.
Los científicos llegaron a estas estimaciones tras realizar un análisis comparativo basado en la relación entre el tamaño de las mandíbulas y el de los pulpos actuales. Este método ya se había utilizado previamente para inferir el tamaño de especies extintas. Sin embargo, a diferencia de estudios anteriores, el equipo japonés comparó las mandíbulas fosilizadas con una docena de especies modernas. Este enfoque permitió ampliar el rango de referencia y reducir posibles sesgos derivados del uso de una sola especie como referencia.
El estudio, publicado en la revista Science, no solo logró establecer el tamaño aproximado de estos pulpos antiguos, sino que también aportó evidencia sobre su posición en la cadena trófica. Los resultados indican que estas especies prehistóricas ocupaban un lugar destacado entre los depredadores del Cretácico.
El análisis mostró que las mandíbulas presentaban un desgaste considerable, con bordes astillados y arañazos, lo que podría haber reducido aproximadamente un 10% la longitud total de la mandíbula en los ejemplares de mayor tamaño. “Los patrones de desgaste sugieren que estos pulpos se alimentaban de grandes reptiles marinos de la época, incluidos plesiosaurios y mosasaurios, que podían alcanzar hasta 17 metros de longitud”, señalaron los autores.
Depredadores muy inteligentes
Los investigadores plantean que el gran tamaño y la capacidad depredadora de estos pulpos gigantes podrían ser el resultado de un proceso evolutivo convergente. Explican que, mientras los vertebrados marinos depredadores perdieron estructuras externas rígidas y redujeron sus escamas para desarrollar cuerpos más hidrodinámicos, los cefalópodos también minimizaron o eliminaron sus conchas externas, transformándose en organismos de cuerpo blando. En este contexto, el aumento de tamaño y la mejora en sus habilidades depredadoras habrían surgido como mecanismos para compensar las vulnerabilidades asociadas a esta anatomía.
Finalmente, el estudio sugiere que estos pulpos gigantes poseían características cognitivas avanzadas, comparables a las observadas en cefalópodos actuales. Esta hipótesis se basa en la detección de un desgaste asimétrico en las mandíbulas: el lado derecho presentaba mayor erosión que el izquierdo en ambas especies. Este patrón apunta a un comportamiento de lateralización, es decir, la tendencia a utilizar por elección un lado del cuerpo. Dicho rasgo se asocia en animales modernos con cerebros particularmente desarrollados y procesos cognitivos complejos.
“Nuestro descubrimiento de pulpos como superdepredadores subraya que la evolución convergente de mandíbulas robustas y la reducción de esqueletos superficiales, tanto en cefalópodos como en vertebrados, es clave para convertirse en un gran depredador marino inteligente”, concluyen los autores.