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Del 'peaje' por cruzar el estrecho de Ormuz a la entrega del uranio: las claves de la difícil negociación entre EEUU e Irán

Del 'peaje' por cruzar el estrecho de Ormuz a la entrega del uranio: las claves de la difícil negociación entre EEUU e Irán
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El plan de diez puntos de Irán pasó de ser "maximalista" el lunes a "significativo" el martes y, tras las frenéticas negociaciones con Pakistán, se ha convertido en el marco de negociación. Más información: Netanyahu descarta aplicar el alto el fuego en Líbano y ordena al Ejército israelí seguir con su ofensiva contra Hezbolá

Donald Trump habla con la prensa con el monumento a Washington de fondo. REUTERS/Nathan Howard

Oriente Próximo Del 'peaje' por cruzar el estrecho de Ormuz a la entrega del uranio: las claves de la difícil negociación entre EEUU e Irán

El plan de diez puntos de Irán pasó de ser "maximalista" el lunes a "significativo" el martes y, tras las frenéticas negociaciones con Pakistán, se ha convertido en el marco de negociación.

Más información:Netanyahu descarta aplicar el alto el fuego en Líbano y ordena al Ejército israelí seguir con su ofensiva contra Hezbolá

Publicada 8 abril 2026 11:16h Actualizada 8 abril 2026 11:17h

Las claves nuevo Generado con IA

El alto el fuego entre EEUU e Irán, acordado en la madrugada del martes al miércoles con la intermediación de Pakistán, dista mucho de las posiciones iniciales estadounidenses. Parece dejar de hecho en manos de los ayatolás el futuro estratégico y comercial de la región.

El vicepresidente de los Estados Unidos, J.D. Vance, será con casi toda seguridad el encargado de liderar la delegación de su país en las negociaciones previstas para el próximo viernes en Islamabad.

Vance, conocido por sus tesis aislacionistas y cuyo desagrado con la intervención militar en Oriente Próximo se ha filtrado repetidamente en las últimas semanas, tendrá ante sí la tarea más importante desde que tomó posesión del cargo: asegurarse de que el régimen iraní está dispuesto a cumplir lo acordado.

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Como artífice del acuerdo en negociación directa con el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, Vance tendrá que demostrar al presidente Trump que la vía diplomática aún puede dar los resultados que se pretenden obtener por la vía militar.

No lo tendrá fácil. A pesar del enorme alivio que ha supuesto para el mundo -y para los mercados- el anuncio de un alto el fuego de dos semanas, aún son muchas las incógnitas que se ciernen sobre la negociación.

De entrada, Estados Unidos necesita verificar que sus interlocutores tienen realmente la capacidad de cumplir sus promesas. En otras palabras, que la decisión de aceptar el alto el fuego viene directamente del líder supremo, Mojtaba Jamenei, como publica este miércoles la prensa norteamericana.

Durante semanas, ha reinado la sospecha de que el liderazgo en Irán estaba dividido entre la rama civil, encabezada por el ministro de asuntos exteriores, Abbas Araghchi, y la militar.

Mientras una parecía inclinada al acuerdo, la otra seguía bombardeando objetivos en países vecinos e impidiendo el paso por el estrecho de Ormuz a los cargueros que no cumplieran con sus condiciones.

Jamenei es el único con capacidad para poner orden en esa bicefalia, pese a su precaria salud y su necesidad de permanecer escondido. Ahora bien, eso supone a su vez otro problema: las comunicaciones son muy lentas, mucho más de lo que a Trump le gustaría.

Según las fuentes, Jamenei recibe la información y entrega las órdenes a través de una red de mensajeros que pretende desafiar la amenaza israelí de acabar con su vida.

La cuestión del uranio enriquecido

A continuación viene la cuestión de qué se va a negociar exactamente. Estados Unidos e Israel entraron en esta guerra con varios objetivos en mente. Los principales consistían en acabar con las instalaciones nucleares iraníes, recuperar o destruir el uranio ya enriquecido y dañar irreversiblemente la capacidad de construir más misiles balísticos.

Como consecuencia de los ataques, se confiaba en un posible cambio de régimen, fuera por rendición del actual o producto de una insurrección popular. Esto último ya parece descartado y nunca fue un objetivo realista para Washington, aunque sí para Jerusalén.

El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance. Reuters

Después de cinco semanas de guerra, lo único que sabemos es básicamente lo que ya sabíamos antes del 28 de febrero: el ejército estadounidense es muy superior al iraní… pero no tanto como para "borrar del mapa" al régimen o doblegar sus voluntades.

Si analizamos los objetivos fijados, nos encontramos con que sigue sin haber noticias del uranio enriquecido que podría, supuestamente, derivar en la construcción de una bomba nuclear en pocas semanas.

Trump afirmó esta madrugada que Irán se había comprometido a entregarlo o destruirlo, pero no hay confirmación por parte de Teherán al respecto.

Ni siquiera se sabe exactamente dónde está, pues se supone que los laboratorios subterráneos donde se guardaban las reservas fueron destruidos en los ataques de junio del año pasado y el Organismo Internacional de Energía Atómica duda que se pueda acceder físicamente a los mismos.

En ese sentido, estamos ante un contexto similar al de las negociaciones en Omán y en Ginebra del pasado mes de febrero, solo que Estados Unidos confía en que la demostración militar haya hecho más receptivos a los iraníes.

El miedo de Netanyahu y los países árabes

En cuanto a la producción armamentística, está claro que los daños son abundantes y que a Irán le costará volver a los ritmos y las cantidades anteriores. Ahora bien, con el apoyo garantizado de Rusia y de China y con el régimen teocrático en pie, tarde o temprano lo conseguirá.

La pelota vuelve a estar en el tejado iraní y depende de ellos llegar a un acuerdo al respecto. Un acuerdo, por otro lado, muy difícil de verificar y que puede obligar a nuevos bombardeos cada pocos meses.

Aunque el presidente Trump y sus asesores han insistido desde la primera semana en que se habían destruido las reservas de misiles y de drones del enemigo, lo cierto es que Irán ha seguido atacando objetivos en Israel y en Catar hasta este mismo martes.

No se sabe con exactitud cuál es la capacidad logística actual del régimen. El hecho de que hayan aceptado un alto el fuego, eso sí, invita a pensar en que no debe de ser muy alta.

Todo esto preocupa y mucho a los países árabes y a Israel. El miedo a que Trump llegue a un acuerdo parecido al de Barack Obama en 2015 y retire la presión sobre Irán es enorme.

Ya desde antes de los Acuerdos de Abraham de 2020, la colaboración entre los países árabes y el estado hebreo ha sido total respecto al enemigo común: el integrismo chiíta iraní. Dicho esto, necesitan la amenaza disuasoria de Estados Unidos para garantizar su seguridad.

Sabemos que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el príncipe heredero saudí, Mohamed Bin Salman, presionaron hasta el último momento a Trump para que mantuviera la amenaza militar y no cediera un alto el fuego.

El enviado especial de Trump, Steve Witkoff, habla durante una reunión de gabinete en la Casa Blanca. Evelyn Hockstein Reuters

De momento, Israel se ha comprometido a respetar la tregua y no atacar objetivos en Irán. Esto puede cambiar si se da la oportunidad. De hecho, continuará con su operación en el Líbano contra Hezbolá, la organización terrorista que depende directamente del país persa.

¿Quién controlará el estrecho de Ormuz?

Sin cambio de régimen, sin destrucción del uranio enriquecido y sin la eliminación total de las reservas de misiles balísticos que pueden llevar cabezas nucleares y cuyo rango les permite alcanzar Israel, la Casa Blanca cambia el foco mediático sobre Ormuz.

El cierre del Estrecho de Ormuz al comercio libre es una cuestión que, en el fondo, no es sino una consecuencia de los ataques y en ningún caso su causa. Irán parece haberse comprometido a la reapertura del paso… siempre que sus fuerzas armadas mantengan el control sobre el mismo.

Esa es una importante y peligrosa novedad. Igual que Estados Unidos ha demostrado su superioridad militar, Irán ha encontrado por el camino una palanca económica que hasta ahora no se había decidido a activar.

En Pakistán, Vance tendrá que convencer a sus interlocutores de que vuelvan a la situación anterior y se olviden de peajes que no harán sino llenar las arcas del régimen y servirán para financiar, irónicamente, el mismo terrorismo internacional que se pretendía diezmar con esta operación militar.

Decir que no va a ser sencillo es quedarse corto. Irán no va a renunciar, así como así, a tan importante ventaja estratégica. A cambio, exigirá garantías de seguridad que probablemente Israel y Estados Unidos no puedan satisfacer.

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Ni siquiera está claro que, a estas alturas, el régimen se fíe de ningún acuerdo con Trump, pues ya les ha atacado dos veces en medio de sendas negociaciones de paz.

La situación, en definitiva, sigue siendo confusa. El plan de diez puntos de Irán pasó de ser “maximalista” el lunes a “significativo” el martes y, tras las frenéticas negociaciones con Pakistán, se ha convertido en el marco de negociación.

En otras palabras, las condiciones no las impone ya Estados Unidos sino Irán, y la Casa Blanca tendrá que ver cuáles acepta y cuáles no. Todo esto, después de seis ultimátums y de unas amenazas como no ha conocido el mundo desde la II Guerra Mundial, deja de momento más dudas que certezas.

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