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Del whisky y el opio de Shackleton al ibuprofeno y el termómetro: el botiquín del perfecto viajero

Del whisky y el opio de Shackleton al ibuprofeno y el termómetro: el botiquín del perfecto viajero
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Esto es lo que debes llevar cuando marchas de viaje para no acabar buscando un médico en el lugar más rocambolesco
Del whisky y el opio de Shackleton al ibuprofeno y el termómetro: el botiquín del perfecto viajero

Esto es lo que debes llevar cuando marchas de viaje para no acabar buscando un médico en el lugar más rocambolesco

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Javier F. Barrera

27/07/2026 a las 19:17h.

El anuncio del explorador Ernest Shackleton a principios del siglo XX en el diario británico 'The Times' buscando «hombres para un viaje peligroso» era demasiado ... bueno para ser cierto. Decía así: «Se buscan hombres para un viaje peligroso. Paga reducida. Frío intenso. Largos meses en la más completa oscuridad. Peligro constante. Es dudoso que puedan regresar a salvo. En caso de éxito, recibirán honores y reconocimiento».

La distancia a recorrer era de unos 2.900 kilómetros y la mitad del trayecto, entre el mar de Weddell y el Polo Sur, estaba sin explorar. La expedición no consiguió cumplir este propósito, pero es recordada como una historia épica de heroísmo y supervivencia… gracias al botiquín de Shackleton. Este estuche de cuero compacto es el más legendario del mundo. Fue diseñado por la farmacéutica Burroughs Wellcome & Co., y acompañó por primera vez al explorador en la expedición Nimrod hacia la Antártida en 1907-1909, la cual constituyó su primer intento de localizar el Polo Sur.

El botiquín contenía artículos estándar de la época. Había un apartado de suministros físicos: en el que se incluían vendas, gasas, imperdibles, tiritas y un termómetro. También otro de analgésicos, como pastillas de paregórico, elaboradas a partir de una preparación alcohólica de opio. Había otro apartado de digestivos y laxantes, en los que se incluían pastillas de soda, menta y bicarbonato para la acidez y tabletas de cáscara sagrada (laxantes). Por último, había suministros extraoficiales: la expedición también destacó por cargar de forma medicinal con abundantes cajas de whisky, brandy y oporto para mantener la moral y entrar en calor.

Medida preventiva

No hace falta programar estas vacaciones un viaje a la Antártida –aunque con estos calores no es una mala idea– para tener un botiquín de primeros auxilios que nos pueda ayudar en situaciones de emergencia. El Consejo General de Enfermería de España explica la importancia de llevar uno: «Contar con los elementos básicos que puedan curar una herida, quemadura o lesión puede ser clave, especialmente si estamos de viaje y nuestra capacidad de acceso a una consulta sanitaria se ve reducida».

«El botiquín nos permite almacenar medicinas y materiales que nos ayudan a resolver urgencias y emergencias. Uno de viaje adecuado nos facilita afrontar situaciones de desórdenes gastrointestinales, mareos, heridas, cortes e incluso quemaduras. Es importante que las enfermeras informemos a la población de las recomendaciones básicas para fomentar el autocuidado y asegurar un correcto estado de salud en época vacacional», resumen desde este órgano.

El botiquín de vacaciones tiene que servir para atender desde quemaduras a cortes, pasando por contusiones o cualquier emergencia que requiera de atención sanitaria. Con los elementos adecuados, podremos hacer frente a situaciones bastante habituales, desde diarreas y vómitos a problemas oculares, brechas, raspones... Todos esos pequeños imprevistos más molestos que graves. Pero también atajar otros antes de que realmente necesitemos asistencia de urgencia: fiebres altas, virus, infecciones...

En tres fases

¿Y qué debe contener el botiquín del perfecto viajero? Pues algo bastante parecido a lo que llevaba Shackleton, pero del siglo XXI. Lo más básico empieza por un termómetro –especialmente si se viaja con niños– y material de curas, entre el que se encuentra el suero fisiológico para lavado de heridas, nariz y ojos. También hay que llevar antisépticos, como clorhexidina acuosa, tijeras de punta redondeada, jeringas desechables para lavados de heridas y nasales, así como para las dosificaciones pediátricas, tiritas, gasas estériles, esparadrapo, vendas y bolsas para aplicar frío en caso de contusiones.

Si queremos dar un paso más, también estaría bien que incorporase sales de rehidratación oral, «que se usan en casos de diarrea o vómitos que no cesan o que puedan derivar en una deshidratación. Vienen ya preparadas y se presentan en sobres para preparar o de forma líquida con sabores», explican las enfermeras. Y son especialmente importantes si viajamos con niños o personas de edad avanzada.

Por último, están las pomadas y los medicamentos. Entre las primeras, que no se nos olviden las específicas para picaduras de insectos y alergias. Sobre los segundos, los más conocidos y que deben estar en todos los botiquines, son los analgésicos, como el paracetamol, antiinflamatorios, como el ibuprofeno, y antigripales.

Viajeros intrépidos

    • Agua. Si se viaja a naciones en vías de desarrollo donde el agua no sea apta para el consumo, el Consejo General de Enfermería recomienda incluir en el botiquín un potabilizador de agua y acudir previamente a un centro de vacunación internacional.

    • Mosquitos. Si estás en una zona de riesgo medio-alto de contraer enfermedades transmitidas por mosquitos, nuestro repelente debe llevar como ingrediente DEET al 50%.

    • Recetas. Si vas a salir de la Unión Europea, es buena idea llevar una receta médica válida y consultar, si es necesario, con el consulado o embajada del país de destino que se cumplen todas las normativas locales.

Los fármacos habituales, en otro sitio

Nuestro botiquín de viaje no solo se compone de lo que lleva, sino de lo que no debe llevar. Entre esto último, medicamentos caducados. Hay que revisarlo a menudo para sacarlos, precisan desde el Consejo General de Enfermería. Tampoco deberían estar ahí los tratamientos antiguos o que tomamos de manera habitual.«Estos últimos deben ir en otro sitio para evitar confusiones», añade el organismo. Por otro lado, hay que intentar que los fármacos «se guarden en sus envases originales con un etiquetado claro», y que el botiquín esté un lugar seco, fresco y limpio, evitando espacios con cambios bruscos de temperatura y humedad y, por supuesto, mantenerlo fuera del alcance de los niños.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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