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Del yihadismo a la magia negra del 'juju': así usan las mafias la religión para controlar, matar y traficar con órganos en Nigeria

Del yihadismo a la magia negra del 'juju': así usan las mafias la religión para controlar, matar y traficar con órganos en Nigeria
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Los grupos terroristas y las mafias reconocen el peso de las creencias en la población y lo utilizan para dominar y, al final, conseguir dinero. Más información: Francia empuja a Nigeria a abortar un golpe de Estado en Benín por la creciente influencia de Rusia en la región

Bailarines actúan durante una fiesta anual en un barrio marginal de Oworonshoki, Lagos, Nigeria.

África Del yihadismo a la magia negra del 'juju': así usan las mafias la religión para controlar, matar y traficar con órganos en Nigeria

Los grupos terroristas y las mafias reconocen el peso de las creencias en la población y lo utilizan para dominar y, al final, conseguir dinero.

Más información: Francia empuja a Nigeria a abortar un golpe de Estado en Benín por la creciente influencia de Rusia en la región

Lagos Publicada 5 abril 2026 02:36h

Las claves nuevo Generado con IA

En el barrio de Lekki, en Lagos (Nigeria), no es recomendable discutir con conductores de vehículos con los cristales tintados y sin matrícula. Puede que sí, puede que no, pero es posible que la discusión acabe contigo muerto. Troceado. Destripado.

La rumorología asegura que los dueños de los coches con cristales tintados y sin matrícula que circulan por el barrio de Lekki son todos "ritualistas", es decir, sujetos que practican macabros rituales con cuerpos humanos a los que sacrifican a alguna deidad extrema. Puede que sí, puede que no, pero no hay nadie dispuesto a comprobarlo.

El caso de los ritualistas es solo uno más en Nigeria, donde el crimen y la religión sostienen gruesos vínculos que merece la pena desmenuzar.

No importa el credo específico: religiones tradicionales, islam y cristianismo encuentran en el país africano una vertiente oscurecida por el afán de las riquezas y la sed de las pasiones. En ocasiones, Dios presenta una excusa válida para matar. Que no se pronuncie, también ayuda.

Alá y el negocio del secuestro

El vínculo entre religión y crimen más conocido fuera de las fronteras nigerianas es el que conecta al islam con el terrorismo del norte del país. Boko Haram y el Estado Islámico, entre otros, arrasan el territorio desde hace décadas, igual que hacen sus primos hermanos en el Sahel, Somalia, República Democrática del Congo, etc.

Sus fechorías son de sobra conocidas: atacan localidades inocentes y masacran a sus habitantes, bombardean mezquitas e iglesias, secuestran a cientos de niños cada vez y exigen cuantiosos rescates a cambio de liberarlos. Participan en dinámicas de contrabando de drogas, armas y tabaco, entre otras mercancías.

Soldados nigerianos alzan una bandera de Boko Haram que habían confiscado en la ciudad de Damasak, Nigeria, recientemente recuperada, el 18 de marzo de 2015. Reuters

También suponen un nodo fundamental en las redes de tráfico de personas.

En definitiva, puede asegurarse que estos grupos, ocultos tras el barniz religioso, participan de forma activa en la economía criminal que caracteriza su área de influencia.

Recolección de impuestos en las zonas ocupadas, explotaciones mineras artesanales. El 22 de agosto de 2025, en las afueras de la localidad de Maiduguri, en el estado de Borno, 49 mujeres fueron secuestradas por militantes de Boko Haram.

El grupo exigía un pago de tres millones de nairas (1.900 euros) por su liberación, aproximadamente el doble de la renta per cápita nigeriana. Fuentes locales anunciaron que el pago final fue de un millón de nairas.

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Otras 42 mujeres fueron secuestradas en agosto de 2023, y los terroristas exigían 50.000 nairas (30 euros) por cada una. Cifras irrisorias donde el rapto tiene un componente económico, pero sobre todo funciona como control social. El miedo se extiende. La sumisión de la población local se vuelve más sencilla.

En definitiva, el terrorismo islámico es el primer ejemplo a la hora de unir la religión con actos delictivos. Sirve como prueba para comprender que, en Nigeria, el salafismo radical es un motor que impulsa a los grupos mencionados… pero que se alimenta inevitablemente del combustible del dinero que concede un negocio criminal.

La negativa a volver la otra mejilla

El islam sirve además como factor identitario entre los pastores de la etnia fulani que hace décadas que comenzaron a desplazarse del norte al centro del país; donde los choques con los agricultores, cristianos y pertenecientes a las etnias berom y tiv, han generado un tipo de violencia intercomunitaria de difícil definición.

Lo que originalmente se constituyó como un conflicto por la tierra entre pastores y agricultores, quedó recubierto por el tinte étnico y religioso.

Primero, los fulani son acusados de forma habitual de estar relacionados con los grupos terroristas del norte del país.

Aunque no existen pruebas que lo demuestren, este periodista ha entrevistado a comunidades fulani y tiv en el estado de Benue, para conocer que ambos culpan a "fulani extranjeros", es decir, miembros de esta etnia venidos de Chad y Níger, y no puramente nigerianos.

Ciudadanos nigerianos celebrando la Semana Santa. Reuters

Los líderes tradicionales de la localidad de Yelewata, donde alrededor de 200 personas fueron asesinadas por pastores fulani en septiembre de 2025, añadieron que los atacantes incluso gritaban Allahu Akbar (Alá es grande) mientras perpetraban la masacre.

Nadie niega aquí que el quid de la cuestión se encuentra en el dominio de la tierra, recursos inclusive. Tampoco se niega que los fulani atacan a musulmanes agricultores, o que los berom (cristianos) se organizan en milicias armadas que ocasionalmente ejecutan a niños pastores al refugio de los bosques.

En esta compleja realidad, la religión también es un arma: sirve para cantar alabanzas a Dios mientras se derrama la sangre de los inocentes; y se utiliza como marca identitaria de la víctima que, en ocasiones, se coloca la máscara del agresor.

Cristo como herramienta 

El cristianismo y la violencia armada pueden hallarse también en el grupo secesionista conocido como el Pueblo Indígena de Biafra (IPOB), una organización designada como terrorista por el Gobierno nigeriano y que hace décadas que lucha por la independencia de Biafra, es decir, la zona de Nigeria poblada por una mayoría igbo.

Desde finales de 2025, IPOB ha intentado ensanchar su causa (tradicionalmente etnonacionalista) con un ropaje más exportable: el de "defensa del cristianismo" frente a un supuesto genocidio cristiano en Nigeria.

A finales de 2025, el grupo difundió comunicados en los que aseguraba que su líder, Nnamdi Kanu, fue el primero en alertar al mundo de una exterminación yihadista contra poblaciones "judeocristianas", y llegó a presentarse como aliado útil de la agenda de Washington, prometiendo apoyar iniciativas de Donald Trump para "poner fin al genocidio etnorreligioso".

A la vez, un análisis publicado por TheCable en octubre de 2025 describió cómo ecosistemas digitales vinculados a redes pro-Biafra han amplificado la narrativa del "genocidio cristiano" hacia audiencias internacionales. La operación es sencilla.Si la secesión no conmueve, la persecución religiosa sí.

Tras bombardear Estados Unidos posiciones del ISIS en el estado de Sokoto, el 25 de diciembre de 2025, Trump escribió en sus redes que "esta noche, bajo mi dirección como comandante en jefe, Estados Unidos lanzó un ataque poderoso y letal contra la escoria terrorista de ISIS en el noroeste de Nigeria, que ha estado atacando y asesinando brutalmente, principalmente, a cristianos inocentes, a niveles nunca vistos en muchos años, ¡e incluso siglos!".

Según la narrativa de Trump, el motivo principal del ataque no se debía a que se trataban de elementos del ISIS. Ni siquiera señaló que el 90% de las víctimas del terrorismo norteño son musulmanas.

Se les bombardeó por atacar a cristianos, para defender a los cristianos, casi se diría que se trató de una acción bélica con base cristiana.

Y la religión vuelve a ocupar un puesto protagonista en la violencia nigeriana. Incluso cuando esta violencia viene de fuera.

El juju

Es evidente que los vínculos entre la violencia, el crimen y la religión no se limitan a las corrientes monoteístas. Las creencias tradicionales también ocupan espacio. Al comienzo de este artículo se mencionaba la existencia de aquellos "ritualistas" que participan en el tráfico de órganos bajo una excusa religiosa, y los casos registrados son abundantes.

En mayo de 2024, la policía de Lagos anunció la detención de diez sospechosos descritos como una banda dedicada a "matar y obtener partes humanas para venta".

Lo interesante en este caso es que, según la policía, entre los detenidos había una sacerdotisa de Osun (deidad yoruba de la fertilidad), un jefe comunitario, un sacerdote Ifá (rama religiosa yoruba destinada a la adivinación), un clérigo islámico y un practicante de medicina tradicional.

Antes eran rumores. Se decía que algunos hoteles del sur del país estaban asociados con redes criminales destinadas al tráfico de órganos. Que los asesinos entraban en las habitaciones de viajeros solitarios, los asesinaban, robaban sus órganos y luego dejaban la escena del crimen de manera que pareciera un ritual religioso.

Un niño sostiene un cartel para protestar contra lo que dijeron un maestro, un concejal local y sus padres: el secuestro de cientos de alumnos por hombres armados después de la oración del viernes en Kaduna, Nigeria. Reuters

Pero fue el 8 de diciembre del pasado año cuando la policía del estado de Imo selló un hotel y una morgue privada tras una redada en la que hallaron más de 100 cadáveres en condiciones que levantaron sospechas de operaciones ilegales de extracción de órganos, y declararon buscado al propietario del hotel, según el portavoz policial.

Rumores que se confirman.

Nadie quiere molestar a los ritualistas. No sólo por la posibilidad de acabar destripado, muerto. Y lo explicaba Mohammed, un vendedor ambulante de Lagos: "Nosotros no sabemos cómo funcionan sus ritos. Pero tienen poder y dinero. ¿Cómo iban a conseguir algo así sin la ayuda de algún espíritu que esté satisfecho con los sacrificios?".

Los ritualistas saben cosas que el resto de los mortales ignoran. Hacen pactos con deidades, se benefician de sus bondades. ¿Qué puede hacer un hombre corriente contra los aliados con los dioses?

Este temor sustentado en la religión es en extremo útil para las redes criminales nigerianas. Más allá de los ritualistas, son conocidos los "cultos", mafias de un estilo más tradicional y generalmente vinculadas en origen a fraternidades universitarias.

Sus actividades son conocidas: tráfico de personas, trata de blancas, contrabando de droga, etc. Aunque se tratan de organizaciones "laicas", sus rituales de iniciación secretos se consideran estrechamente vinculados a las creencias tradicionales.

Un miembro de la Eiye Confraternity cuyo nombre permanecerá en el anonimato explicó a este periodista en Lagos que "nos hacen un corte aquí, en el costado, para marcarnos. Este corte tiene una parte buena y otra mala. La buena es que sólo tengo que levantarme un poco la camiseta para que cualquiera haga lo que digo. La mala es que este corte nunca desaparecerá. Este corte me obliga a pertenecer a la fraternidad hasta que muera. No puedo escapar".

Aunque se negó a explicar el ritual de iniciación al que fue sometido, este hombre aseguró que los rituales "crean una sensación de pertenencia" imposible de derrocar en vida.

Radiografía de los peul, "los judíos de África" a los que se acusa de yihadismo

Si abandonas y no terminas asesinado por tus antiguos compañeros, la traición al plano espiritual también trae consecuencias catastróficas.

Diversas prostitutas nigerianas entrevistadas por este periodista en Gambia y Senegal también señalaron el plano espiritual como pegamento para su esclavitud sexual.

Las "madame" que las sacaron de sus pueblos de origen con la promesa de llevarlas a Europa, como ángeles salvadores, súbitamente metamorfoseaban en demonios, aplicando sobre las jóvenes el "juju", un tipo de embrujo (en términos que pueda comprender un europeo) que obliga a las prostitutas a cumplir con el oficio.

No hace falta en muchas ocasiones quitarles el pasaporte, ni encerrarlas. Basta con prometerles que la ira de las deidades caerá sobre ellas si se atreven a escapar.

Este temor es suficiente. Y la religión se convierte así en Nigeria en protagonista de preciosas realidades donde priman la bondad y la solidaridad entre vecinos, no importa qué credo sigan.

Pero también sirve de excusa para los malvados, que reconocen el peso de las creencias en la población nigeriana y que utilizan esta característica para imponer un tipo de dominación que se traduce en una palabra codiciada por todos: dinero. El Dios que realmente les guía.

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