Miércoles 4 de febrero, 08.45 horas. Decenas de cuentas de agrupaciones de izquierdas comienzan a publicar en X (antiguo Twitter) y en el resto de redes sociales mensajes de ayuda para intentar frenar el desahucio del Centro Social Okupado (CSO) Diskordia. Pero ya era tarde. Más de medio centenar de uniformados de la Policía Municipal de Madrid acababa de acceder a este espacio, conocido como La Gatonera, no sin antes atravesar una especie de barricada con la que intentaban bloquear, por dentro, el único acceso.
La sorpresa, tan de buena mañana, hizo que los S.O.S. lanzados por redes tuvieran poco efecto. Algunos encapuchados se personaron en esta guarida okupa de Carabanchel (Calle Antoñita Jiménez, 60), pero sólo para ver cómo los agentes -48 miembros de la Unidades Centrales de Seguridad (UCS), dos guías caninos, con sus perros, y tres drones- desalojaban a sus compañeros.
La Gatonera llevaba operativa desde finales de octubre de 2019. Sus moradores, anarquistas de profesión, la conquistaron escasos 10 días después de que les cerraran La Dragona, uno de los edificios okupados más emblemáticos de la capital durante 11 años.
Los grupúsculos que se dejaban caer por este centro, tienen unas fuertes convicciones anticapitalistas y antisistema. "No hay negociación con los propietarios, ni con el Estado y sus representantes: solo acción directa. Resistiremos a los matones de las empresas de seguridad y a los desalojos. Puño cerrado al enemigo, mano abierta al compañero", decían algunas de sus proclamas.
El desalojo, cuentan fuentes policiales a este diario, fue tranquilo. Aunque, eso sí, no se libraron de gritos ("Fuera de aquí, policías de mierda") y alguna que otra "mirada desafiante". La peor parte se la llevó el cerrajero que cambió el bombín para evitar una nueva okupación, profesional que también fue increpado por los presentes embozados.
Rogelio Gómez, presidente de la empresa OPS2 y responsable de la recuperación de La Gatonera, explica a este diario que llevaba tres meses intentando devolvérselo a sus legítimos propietarios, un fondo de inversión. Asimismo, supervisó el inicio de los trabajos de demolición, que comenzaron en la tarde del miércoles, y que convertirán este espacio en un solar durante los próximos días. Acto seguido, se planificará la construcción de nuevas viviendas.
Por si acaso volvían a intentar reokupar el edificio, Gómez ha optado por dejar a seis de sus hombres vigilando estas noches el inmueble por dentro. "Además, hemos tenido que reforzar la entrada de acceso, no queremos que se vuelva a repetir. Los vecinos nos lo están agradeciendo. Aseguran que no aguantaban su música... que no se sentían seguros con ellos cerca al considerarlos conflictivos", incide el presidente de OPS2, que continúa: "Esto era un nido de personas muy violentas... Al entrar alucinamos, era como un museo antipolicías, lleno de pintadas y pancartas contra ellos. Parecía una escuela donde se impartían talleres sobre cómo agredir a la Policía o cómo okupar viviendas... También había sido punto de partida de muchas manifestaciones propalestinas, como las que se llevaron a cabo durante la Vuelta Ciclista a España". Ahora, estos mismos moradores ya avisan: "Un desalojo, otra okupación".