Estos indicios impulsaron excavaciones más detalladas y la apertura de pozos de sondeo con apoyo de técnicas de ortofotografía para obtener registros más precisos. Este método permitió identificar los desplantes de antiguos muros y determinar que seguían el patrón característico de conjuntos residenciales conectados por patios centrales y laterales que funcionaban como acceso a viviendas orientadas en los ejes norte-sur y este-oeste.
En un comunicado, el INAH explicó que el complejo no fue ocupado en una sola etapa. Los especialistas detectaron evidencias de reocupaciones durante el Posclásico Tardío. No obstante, la mayoría de los vestigios corresponden a las fases cronológicas Tlamimilolpan y Xolalpan de la época teotihuacana, identificadas entre los años 225 y 550 d.C.
El uso prolongado del terreno, combinado con el paso de cerca de 1,800 años, provocó el desgaste de las edificaciones, por lo que actualmente solo permanecen las bases de las antiguas construcciones. A pesar del deterioro, las excavaciones permitieron localizar espacios destinados a rituales funerarios practicados por los habitantes originales del asentamiento.
Dentro de las habitaciones, los arqueólogos hallaron pequeñas estructuras funerarias elaboradas con piedras colocadas a manera de caja o compartimento, conocidas como cistas superficiales. Además, el equipo identificó cinco tumbas de tiro, caracterizadas por pozos verticales excavados en profundidad que conducen a cámaras mortuorias laterales.
Hasta el momento, de acuerdo con Laura Magallón Sandoval, arqueóloga responsable de campo, se han registrado al menos una decena de enterramientos individuales y colectivos, de los cuales se han recuperado osamentas completas y diversos fragmentos óseos que, en su mayoría, corresponden a huesos largos de las extremidades superiores e inferiores. Aunque algunos restos pertenecen a infantes y adolescentes, los especialistas precisan que la mayoría corresponde a individuos en edad adulta.
Los expertos del INAH destacan la existencia de dos tumbas de tiro ubicadas dentro de una misma habitación. La primera, localizada en la zona norte del complejo, posee un acceso vertical circular de cerca de 80 centímetros de circunferencia y una profundidad de 1.69 metros. Esta entrada conecta con dos pequeñas cámaras funerarias orientadas de este a oeste, cada una de aproximadamente 60 centímetros de tamaño promedio. En conjunto, la estructura alcanza cerca de 2 metros de longitud.
edificios de Teotihuacan, ubicada a unos 90 kilómetros de distancia.El especialista consideró que los nuevos hallazgos no deben analizarse de manera aislada, ya que el área norte de Tula presenta múltiples asentamientos del periodo Clásico (200-650 d.C.), entre ellos Chingú, considerado centro regional de la expansión teotihuacana, además de El Tesoro, Acoculco, donde se encontraron tumbas de tradición zapoteca y teotihuacana, así como entierros extendidos y flexionados—, El Llano y La Malinche.
Por su parte, Claudia Curiel de Icaza, titular de la Secretaría de Cultura, aseguró que los recientes hallazgos en Tula demuestran “la importancia del salvamento arqueológico para conocer, preservar y estudiar la memoria profunda de los territorios. Cada entierro, cada ofrenda y cada contexto recuperado por el INAH aporta información sobre las formas de vida, las creencias y la organización social de quienes habitaron esta región hace más de mil años, y confirma que el desarrollo de infraestructura puede ir acompañado de investigación rigurosa y cuidado del patrimonio”.