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¿Desde cuándo nos gustan tanto los 'true crime'?

¿Desde cuándo nos gustan tanto los 'true crime'?
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Los estrenos de series y documentales sobre sucesos copan las plataformas: 'Abandonados', ' 33 días', 'El plan de las gemelas'... Dos libros analizan los orígenes y el impacto de este género
¿Desde cuándo nos gustan tanto los 'true crime'?

Los estrenos de series y documentales sobre sucesos copan las plataformas: 'Abandonados', ' 33 días', 'El plan de las gemelas'... Dos libros analizan los orígenes y el impacto de este género

Regala esta noticia Añádenos en Google Imagen de 'Abandonados' en Disney. (RC)

Mikel Labastida

22/06/2026 Actualizado a las 00:25h.

En apenas un mes Carles Porta ha repartido trabajos nuevos en las principales plataformas españolas. Esta omnipresencia es poco frecuente en la industria española. A ... finales de mayo debutaba en Disney con 'Abandonados', un documental de cuatro capítulos en el que se narra la historia de tres hermanos abandonados en la Estación de Francia de Barcelona en 1984. Un caso real, es importante subrayarlo. A principios de junio presentó en Atresmedia su primera serie de ficción, '33 días', sobre dos peligrosos presos que se fugaron del centro penitenciario de Lleida en 2001, lo que desencadenó una persecución policial que duró -lo habrán adivinado- 33 días. Se basa también en un caso real. Al igual que 'Peregrina', 'Mátalo ya' y 'El plan de las gemelas', títulos que Movistar ha incorporado recientemente en su catálogo dedicado a los crímenes. Los sucesos se han convertido en la seña de identidad de la carrera de Porta, cuyas investigaciones audiovisuales le han hecho un referente en el género.

podcast sobre él que se publicó en todas los diarios regionales de Vocento.

A menudo se habla del auge de género, pero cabría preguntarse si de verdad ha habido un periodo de más intensidad o es un tipo de formato que siempre ha concitado enorme interés entre los usuarios, no solo del cine y la televisión, sino también de la literatura. Ana Fernández Blázquez ha publicado 'Anatomía del true crime' (Alfabeto), un ensayo en el que examina cómo el crimen se transformó en relato público y el modo en el que víctimas y acusados pasaron a formar parte del entretenimiento global. Sus conclusiones desdicen que sea una moda reciente, aunque el hecho de que en la actualidad exista un mayor número de operadores audiovisuales propicia que se estrenen más producciones. Pero ha habido antecedentes anteriores que atraparon a otras generaciones con la misma pasión.

Los orígenes: literatura de cordel

Fernández Blázquez cita a la criminóloga Beatriz de Vicente para afirmar que los inicios del 'true crime' en España se corresponden con la literatura de cordel, que eran sujetos que iban de pueblo en pueblo relatando crímenes a través de viñetas y a medida de que les iban echando monedas. El término fue acuñado por Julio Caro Baroja en 1969. Afirmaba que los ciegos juglares se popularizaron en territorio ibérico durante la Edad Media. Estos intérpretes utilizaban ilustraciones tanto en carteles como en dispositivos ópticos, que les ayudaban a mostrar y exponer sus historias ante un público mayoritariamente analfabeto. En realidad no es muy distinto a lo que sucede hoy en día, aunque los medios han mejorado notablemente y el target es mucho más amplio. Según un informe de Edison Research en Estados Unidos el 'true crime' es el tercer género con más audiencia semanal, por delante de los deportes. Parrot Analytics detalla que en España las principales consumidoras son las mujeres de las generaciones X y millenial. De hecho es la opción favorita entre las mujeres menores de 30 años.

El libro de Fernández Blázquez echa la mirada atrás y explica que el siglo XIX ocupa un espacio privilegiado dentro del imaginario colectivo sobre el crimen. «Son los tiempos de los asesinatos imposibles, los detectives con pipa y los mayordomos que siempre acaban acusados en rocambolescas reuniones con la presencia de sospechosos», indica. «Existen dos grandes innovaciones en el siglo XIX. Por un lado, la novela de folletín se diferencia de los pliegos de cordel en su continuidad. Son entregas semanales de novelas que luego en su conjunto supondrían libros extensos. Por otro lado, tras la profesionalización de la prensa, los escritores también acudían a los periódicos o publicaciones en busca de un sustento recurrente», añade. Y pone como ejemplo el caso de Galdós, que relató y cubrió, como escritor y como periodista, para el periódico La Prensa de Buenos Aires el crimen del cura Galeote y el de la calle Fuencarral. Fueron dos sucesos muy famosos y que obtuvieron un enorme seguimiento en todo el país.

No se diferencia mucho de casos recientes como el crimen de la Guardia Urbana o el de la viuda de Patraix, que primero acapararon la atención de informativos y magacines de televisiones, de radios y de diarios y más tarde desembocaron en la pantalla en forma de documentales y series. Cambian los modos, las plataformas y los protagonistas, pero la reacción del público es muy similar.

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Imagen del caso Alcàsser. (RC)

Para seguir esta tesis recogemos lo que dice el libro 'Anatomía del true crime' sobre la incidencia de la televisión de masas en el fervor por este género. «El caso Alcàsser es el claro ejemplo de la complicada relación entre lo criminal y lo mediático en España», apunta y recuerda que la cobertura fue masiva desde el principio y que planteó dudas como hasta dónde se puede llegar o dónde debemos establecer el límite entre informar y ofrecer un espectáculo degradante. No hace falta rememorar a estas alturas lo que ocurrió en programas como '¿Quién sabe dónde?' o 'De tú a tú' y en emisoras como Canal 9, que han pasado a la historia audiovisual por sus excesos, pero también porque supieron canalizar el exorbitante interés que generan estas noticias. Sucedió lo mismo con el caso Wanninkhof-Carabantes o, fuera de España, con el juicio de O. J. Simpson.

De la reacción de la audiencia a estos relatos ha aprendido el 'true crime' actual. Fernández Blázquez lo resume así: «¿Cómo aparece lo que hoy conocemos como 'true crime'? Si en el siglo XIX fuimos reconstruyendo la existencia de una preocupación criminal, con la llegada de la televisión asistimos al surgimiento de algunas de las facetas más negativas asociadas al género. La televisión introdujo una aceleración decisiva: el crimen dejó de ser algo que se leía para convertirse en algo que se veía, se escuchaba y se compartía en tiempo real. La televisión no creó el interés por el crimen, pero sí modificó radicalmente su escala, su intensidad y su impacto emocional». El libro ahonda en ese camino entre los pliegos de cordel hasta el streaming.

La rentabilidad del producto

La publicación ahonda en otros temas, como la rentabilidad de estos productos. «Uno de los factores clave que explican la centralidad del 'true crime' en la industria cultural contemporánea es su capacidad para reducir el riesgo económico asociado a la producción narrativa», argumenta. ¿Qué quiere decir esto? Que como parten de hechos reales, muchos de ellos ya conocidos, estos relatos parten de un interés preexistente que disminuye la incertidumbre sobre su recepción. En resumen, son atractivos para las plataformas porque los costes son contenidos y la probabilidad de éxito elevada. Esto tampoco es nuevo. Los motivos económicos han sido motores en todas las épocas.

'Anatomía del true crime' deja para el final una pregunta: ¿qué porcentaje de las narrativas de este género tienen por víctimas a mujeres? No hay una respuesta certera pero sí una aproximación clara. El número es muy amplio. Esto tampoco responde a una lógica actual y ha sido así siempre. Lo que ocurre antes se asumía y ahora se analiza y se coloca en tela de juicios. Este ibro recoge algunas críticas, como la instrumentalización de la mujer, que no es protagonista de las historias, sino una víctima sin profundidad narrativa.

Otro libro reciente, 'True Crime. Una mirada al dolor de las demás', de Berta Comas Casas, se dedica de manera más pormenorizada a este tema, acusando a este fenómeno cultural de transformar la violencia machista en espectáculo y de despojar a las víctimas de contexto y complejidad. Acusa a algunos títulos de contribuir a reproducir el terror sexual en las mujeres y de pecar de amarillismo.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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