Tras una gran polémica por el despido de un reputado editor, las críticas al empresario Vincent Bolloré y las amenazas de su grupo (Canal+) de apartar a 600 profesionales han agitado el Festival de Cannes
Regala esta noticia Añádenos en Google Foto de familia de los ganadores de Cannes. (AFP)Enviado especial. Cannes.
25/05/2026 a las 19:32h.La última edición del Festival de Cannes, que se terminó este sábado, estuvo marcada por la sombra de las elecciones presidenciales en Francia del año ... que viene. El certamen celebró su última edición antes de una hipotética llegada al poder de la ultraderechista Agrupación Nacional de Marine Le Pen y Jordan Bardella. Esa perspectiva preocupa al sector del cine galo. Y eso no solo se debe a la ideología de ese partido, sino también a su propuesta de suprimir el Centro Nacional del Cine (CNC), organismo clave en la gestión y la financiación de la potente industria cinematográfica del país vecino.
Alguna polémica agita cada año el Festival de Cannes. La reciente edición se vio marcada por el manifiesto impulsado por 600 profesionales del sector, quienes criticaron el peso de Bolloré en la industria. Además de ser el máximo accionista de Canal+ —la empresa que más películas produce en Europa—, posee el 34% de las acciones de UGC. De hecho, está en camino de hacerse con el control de esa cadena de salas, la más importante en París y el resto del país.
Pulso con la editorial Grasset
«Detrás de su traje de empresario, ese multimillonario no se esconde de que lleva a cabo un 'proyecto civilizatorio' y reaccionario de extrema derecha a través de sus cadenas de televisión como CNews y sus editoriales», aseguraban los firmantes de esa tribuna. «A pesar de que la influencia sobre el contenido de las películas ha sido por ahora discreta, no nos hacemos ninguna ilusión. Eso no durará mucho tiempo», añadían en ese texto, en que alertaban del riesgo de que Bolloré disponga de un poder monopolístico.
Publicado el 12 de mayo en el diario progresista 'Libération', ese manifiesto no fue firmado por muchas estrellas, pero sí que había algunos nombres destacados: la actriz Juliette Binoche, el director Emmanuel Marre —autor de 'Notre salut', una de las sorpresas este año del certamen—, el actor Swann Arlaud o el realizador Arthur Harari, que ahora presentó 'L'inconnue', uno de esos filmes tan extraños como sugerentes que suelen mostrarse en Cannes.
Esos 600 profesionales, que bautizaron su colectivo 'Apagar a Bolloré', se inspiraron en una iniciativa parecida que más de 130 escritores impulsaron en abril. Entonces, el mundo de la cultura ya había vivido un terremoto con el despido del reputado editor Olivier Nora, al frente de la histórica Grasset (del grupo Hachette). El temido empresario prescindió de sus servicios a causa de las desavenencias entre ambos por la fecha de publicación del próximo libro del escritor franco-argelino Boualem Sansal, encarcelado durante un año en Argelia por sus opiniones políticas. El paso de ese literato de Gallimard a Grasset ya había alimentado una guerra de clanes en el sector editorial.
Pocas semanas después del pulso entre Bolloré y los 130 literatos —entre los cuales, había autores de ideologías diversas, desde Bernard-Henri Lévy hasta Virginie Despentes— que decidieron romper con Grasset debido al despido de Nora, el colectivo de los cineastas siguió su ejemplo. Pero con la diferencia, sin embargo, de que impulsaron el manifiesto sin que el propietario de Canal+ hubiera tomado alguna decisión en contra de sus intereses. A diferencia de su gestión férrea y con una marcada orientación ideológica de sus medios de comunicación, el empresario ha tenido la inteligencia suficiente de no interferir en la industria del cine, en la que Canal+ ocupa un rol fundamental al ser la principal fuente de financiación.
«No me proponen ningún papel»
Ese manifiesto, seguramente, hubiera tenido una repercusión menor sin la dura reacción de Maxime Saada, director general de Canal+. Durante una comida de los principales productores franceses el 17 de mayo, aseguró que iba a dejar de trabajar con todos los firmantes de la tribuna. «Si algunos quieren calificar a Canal+ de criptofascista, me parece algo inaceptable y no voy a trabajar con ellos», declaró Saada. Es decir, creó una lista negra de artistas vetados.
Esas declaraciones acentuaron aún más las tensiones políticas en un sector donde artistas y Canal+ se necesitan recíprocamente. A causa de ello, el número de firmantes del manifiesto prácticamente se ha multiplicado por seis desde el inicio del festival y ya cuenta con más de 3.400 apoyos. De hecho, se han sumado figuras de peso, como los actores Javier Bardem o Mark Ruffalo, así como el director británico Ken Loach.
A pesar de ello, la mayoría de las estrellas del séptimo arte en el país vecino han preferido ponerse de perfil. «No me gustan las listas negras, pero también soy consciente de que, sin Canal+, no habría cine en nuestro país», matizaba el actor y director Daniel Auteil en declaraciones a este medio desde el ático de un hotel en Cannes. Esta leyenda del séptimo arte en Francia, que ha presentado en Cannes su última película ('La troisième nuit'), asumía que «no me corresponde a mí buscar una alternativa a este sistema».
Toda la controversia en torno a Bolloré refleja que las guerras culturales —casi crónicas en Estados Unidos— también afectan la cultura francesa. La concesión a principios de año de la nacionalidad gala a George Clooney, así como el anuncio de Jim Jarmusch de que se iba a vivir a Francia, habían permitido a las autoridades presumir de su país como un lugar sinónimo de libertad artística.
No obstante, la situación en el país vecino dista de ser ideal. Antes de la reciente polémica por la lista negra, la actriz y humorista Blanche Gardin ya había denunciado que la habían dejado de proponerle contratos tras posicionarse a favor de la causa palestina. «Desde hace tres años, nadie me llama y no me ofrecen ningún papel», se quejaba en declaraciones a este medio la conocida intérprete y actriz Judith Godrèche. Desde que en 2023 denunció las agresiones sexuales que había sufrido cuando era una adolescente por los realizadores Jacques Doillon y Benoît Jacquot, han dejado de contar con ella como intérprete. La palabra veto se vuelve cada vez más recurrente en la cultura francesa.
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