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Después de Ormuz, el mar Rojo: los hutíes llegan al estrecho de Bab el-Mandeb y amenazan con estrangular el comercio global

Después de Ormuz, el mar Rojo: los hutíes llegan al estrecho de Bab el-Mandeb y amenazan con estrangular el comercio global
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Los rebeldes yemeníes aliados con Irán están en condiciones de cerrar otro de los puntos clave de la economía mundial. Con Ormuz aún estrangulado, Washington afronta un segundo cuello de botella y advierte que la guerra puede llegar a enero de 2029. Más información: 25 años del 11-S, el día que cambió el mundo: el yihadismo ha causado desde entonces 240.000 muertos en más de 60.000 atentados

Un vehículo del ejército de Yemen apoyado por los saudíes destruido por los hutíes. Al Masirah/ Reuters

Oriente Próximo Después de Ormuz, el mar Rojo: los hutíes llegan al estrecho de Bab el-Mandeb y amenazan con estrangular el comercio global

Los rebeldes yemeníes aliados con Irán están en condiciones de cerrar otro de los puntos clave de la economía mundial.

Con Ormuz aún estrangulado, Washington afronta un segundo cuello de botella y advierte que la guerra puede llegar a enero de 2029.

Más información:25 años del 11-S, el día que cambió el mundo: el yihadismo ha causado desde entonces 240.000 muertos en más de 60.000 atentados

Publicada 12 septiembre 2026 06:00h Las claves Síguenos Las claves Generado con IA

Los rebeldes hutíes aliados de Irán han tomado el puerto de Moca, en la costa yemení del mar Rojo, según confirmaron a Reuters cuatro fuentes militares del gobierno reconocido internacionalmente. La ciudad cayó pocas horas después de que la milicia completara el control de toda la provincia de Al Hudeida, inmediatamente al norte.

Moca llevaba bajo asedio desde primeros de agosto, cuando más de veinticinco misiles impactaron en la localidad en cuestión de días y obligaron a paralizar las operaciones del puerto. Junto con Moca, los hutíes se hicieron con la isla de Zuqar tras varios ataques con cohetes lanzados desde los alrededores de Al Jauja -a unos treinta y tres kilómetros- y un desembarco anfibio con botes cargados de combatientes.

Según Reuters, citando de nuevo fuentes gubernamentales, la milicia habría alcanzado ya las islas Hanish. Los siguientes objetivos son la localidad costera de Dhubab, cuarenta y seis kilómetros al sur de Moca y asomada directamente al estrecho, y la isla de Perim, el peñón volcánico que parte Bab el-Mandeb en dos rutas de navegación. Combatientes hutíes podrían haber desembarcado ya en Perim al anochecer del jueves.

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El general de división Sadeq Duwaid, portavoz de las Fuerzas de Resistencia Nacional, había advertido a mediados de agosto de que el asedio de Moca buscaba "transformar la zona en un segundo estrecho de Ormuz".

Esas fuerzas son el núcleo de lo que se llama "ejército yemení en la costa occidental", un conglomerado que incluye a las Brigadas de los Gigantes, al Escudo de la Nación y a unidades de Taiz, bajo el paraguas del Consejo de Liderazgo Presidencial y del mando de la coalición árabe.

Los malentendidos con Emiratos Árabes Unidos

La cosa se complica más cuando ampliamos el mapa: Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos entraron juntos en Yemen en 2015, pero cada uno se fue construyendo allí su propia clientela. Buena parte del dispositivo que hoy defiende la costa occidental es de origen emiratí.

Tanto las Brigadas de los Gigantes como las propias Fuerzas de Resistencia Nacional de Tareq Saleh nacieron con dinero y mando de Abu Dabi, que además respaldaba al Consejo de Transición del Sur, la formación secesionista que gobernaba Adén desde 2018 y que tenía asiento en el Consejo de Liderazgo Presidencial junto al gobierno reconocido.

Esa sociedad saltó por los aires el pasado enero. Después de que los secesionistas se hicieran durante 2025 con buena parte del sur y del este del país, Riad respaldó con su aviación la contraofensiva del gobierno yemení, que recuperó Hadramaut y Al Mahra y se plantó a las puertas de Adén.

El 7 de enero, los cazas saudíes bombardearon las posiciones del Consejo de Transición dentro de la ciudad y las tropas gubernamentales tomaron ese mismo día el aeropuerto y el palacio presidencial de Al Maashiq. Dos días después, el secretario general de la formación secesionista anunció la disolución del propio Consejo.

Rebeldes hutíes. REUTERS/Khaled Abdullah

Su líder, Aidarús al Zubaidi, acusado de alta traición, salió en barco hacia Somalilandia y de allí voló a Emiratos con ayuda de Abu Dabi, según denunció la coalición saudí. De aquella tutela emiratí no queda mucho más que el origen de las tropas.

El propio Tareq Saleh anunció este jueves que reagrupaba sus fuerzas en consulta con el mando de la coalición árabe, y la aportación de Abu Dabi a la crisis de esta semana se ha limitado a un comunicado de condena por los ataques hutíes contra el sur del reino. Las milicias que levantó Emiratos combaten en la costa occidental bajo mando exclusivamente saudí. Un mando, todo hay que decirlo, en ocasiones demasiado dubitativo.

Cuando los hutíes iniciaron el avance sobre Moca, el gobierno yemení pidió a los saudíes una campaña aérea contra el núcleo territorial de la milicia, Saná incluida, y contra activos estratégicos como los depósitos de petróleo, según dos altos funcionarios yemeníes citados por Reuters.

El reino se limitó a aportar logística, armamento e inteligencia, con bombardeos acotados a los frentes del norte, en Jauf y Marib, que el propio gobierno consideraba menos importantes. Dichos funcionarios atribuyen la cautela al temor de Riad a provocar oleadas mayores de drones sobre su territorio.

Un peaje llamado Puerta de las Lágrimas

Por Bab el-Mandeb pasa aproximadamente una cuarta parte de los envíos diarios de petróleo del mundo y cerca de un tercio del comercio marítimo global. El estrecho separa Yemen de Yibuti y Eritrea y mide veintinueve kilómetros en su punto más angosto, lo que deja a los buques al alcance de cualquier lanzamisiles instalado en la orilla.

Para Arabia Saudí, ha dejado de ser una ruta secundaria: con Ormuz bloqueado desde marzo, el reino carga millones de barriles diarios en Yanbu, en el mar Rojo, y los saca por el sur. Un cierre completo del estrecho dejaría sin salida esas exportaciones y obligaría al reino a retomar sus operaciones bélicas en un Ormuz que sigue estrangulado. Al norte, ese mismo corredor alimenta el canal de Suez.

Los hutíes ya demostraron entre 2023 y 2025 que no necesitan cerrar el paso para vaciarlo. Los datos de Lloyd’s List que recoge el Baker Institute de la Universidad Rice sitúan los tránsitos semanales desde entonces por Bab el-Mandeb en torno a los doscientos, frente a los más de quinientos previos a la guerra de Gaza.

BREAKING: Saudi-backed Yemeni government forces have officially withdrawn from Perim Island in the Bab el-Mandeb Strait, leaving the island at the strait's narrowest point to Yemen's Houthis, per two Yemeni government sources to Reuters.

In just 24 hours the Houthis have taken… pic.twitter.com/QxlhRcH7aR

— The Hormuz Letter (@HormuzLetter) September 11, 2026

El 20 de julio, declararon un bloqueo naval contra los puertos saudíes y empezaron a atacar petroleros del reino; el 11 de agosto, un ataque contra el mercante Tihamah en el propio estrecho mató a tres tripulantes paquistaníes y a uno indonesio. Las primas de guerra para cruzarlo se dispararon ese mes hasta el 0,5% del valor del casco, cinco veces lo que se pagaba en el tramo norte del mar Rojo.

Las reacciones oficiales de cada bando muestran una cierta confusión sobre el terreno. El general de división Turki al Maliki, portavoz de la coalición, cifró en setenta y tres los civiles heridos por los ataques hutíes del miércoles contra Abha, Jamis Musheit, Yazán y Nayrán, y anunció que Riad responderá conforme al principio de legítima defensa.

La defensa civil saudí emitió alertas de emergencia en Jamis Musheit cuatro veces en veinticuatro horas. Alemania condenó los ataques contra las infraestructuras del reino, y el enviado especial de la ONU, Hans Grundberg, calificó el lunes la escalada de “extremadamente alarmante”.

Los hutíes, entretanto, se defienden negando la realidad. Su portavoz, Mohammed Abdulsalam, escribió el jueves en X que la navegación y el comercio internacional en el mar Rojo y en Bab el-Mandeb siguen siendo seguros y regulares y que las operaciones en curso son defensivas.

Caravana atacada por los hutíes en la frontera entre Arabia Saudí y Yemen. Houthi Media Centre/ Reuters.

El grupo terrorista se comprometió a "no amenazar" a la navegación y se declaró dispuesto a integrarse en el marco de seguridad regional en lo relativo a la protección de la navegación. Arabia Saudí hizo llegar el martes a Teherán, a través de Pakistán, un aviso para que frenara a la milicia.

El problema de Ormuz sigue abierto

La ofensiva de la costa habría contado con la orientación directa de la Guardia Revolucionaria iraní, según fuentes regionales, iraníes y del gobierno yemení consultadas por Reuters. Teherán habría ordenado a la milicia escalar la semana pasada sus ataques contra Arabia Saudí y le habría prometido más financiación, armas y oficiales de alto rango. Varios mandos de la Guardia habrían viajado ya a Yemen para supervisarlos.

Irán describe a los hutíes como aliados, niega darles dirección militar y sostiene que “no son un actor subordinado”. Un tercer funcionario iraní matiza que la toma de Moca fue decisión de los hutíes, aunque reconoce que benefició a Teherán al empujar al alza el crudo.

En cualquier caso, lo que queda claro es que en ambos extremos de la península se ensaya la misma fórmula, consistente en administrar el paso en lugar de cerrarlo. Teherán creó una Autoridad del Golfo Pérsico que expide garantías de tránsito seguro y fija rutas obligatorias.

El 6 de septiembre, el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, Mohsen Rezaei, anunció una zona prohibida exterior a Ormuz que no ha llegado a formalizarse ni ha tenido efecto medible sobre los tránsitos. Los hutíes habrían consultado a Teherán durante el verano la posibilidad de cobrar un peaje por paso seguro en Bab el-Mandeb.

Pese a los continuos mensajes optimistas desde Washington, los datos desmienten la impresión de que Ormuz se esté tranquilizando. Tras el memorando de entendimiento de junio, el Centro Conjunto de Información Marítima contabilizó el cruce de tan solo 883 buques por el estrecho entre el 18 de junio y el 5 de septiembre.

BREAKING: Yemen's Houthis seized Perim (Mayyun) Island and completed control of the Bab-el-Mandeb Strait.

Reuters separately reports they've reached Dhubab, the coastal city directly on the strait.

The Houthis now control nearly the entire Yemeni Red Sea coast.

This is… pic.twitter.com/NLDq9fyX2N

— Clash Report (@clashreport) September 11, 2026

Los tránsitos escoltados por fuerzas estadounidenses pasaron de un mínimo de 4,5 diarios en julio a una media cercana a veinte en el último mes: muy lejos, en todo caso, de los 138 buques diarios anteriores a la guerra. Claudio Galimberti, de Rystad Energy, sitúa ahora los flujos por Ormuz por debajo de los dos millones de barriles diarios, frente a los ocho o nueve millones de días antes.

Los mercados llevan cuarenta y ocho horas ajustando el precio a esa doble presión. El Brent cerró el miércoles en 101,21 dólares, su primer cierre por encima de los cien desde julio y el más alto desde el 22 de mayo, y el jueves se acercó a los 110, cifras que nos remiten a los peores momentos de la crisis.

En Estados Unidos, la gasolina subió 7,3 céntimos por galón (unos cuatro litros) en un solo día hasta una media de 4,22 dólares. El Banco Central Europeo subió este jueves la facilidad de depósito del 2,25% al 2,5% tras escalar la inflación de la eurozona al 3,3% en agosto, máximo desde 2023: casi todo el aumento procede de la energía, que pasó del 10,3% al 14,3%. En España, el dato fue del 4,5%, frente al 2,9% alemán.

Trump contradice a sus expertos

Mientras tanto, según reveló el miércoles el diario The Wall Street Journal citando a funcionarios estadounidenses, los principales asesores de Donald Trump le han advertido en privado de que la guerra con Irán puede prolongarse hasta el final de su mandato.

El vicepresidente JD Vance, el secretario de Estado Marco Rubio, y otros altos cargos han planteado en el Despacho Oval y en la Sala de Situación la posibilidad de que Teherán aguante la presión militar y económica más allá del 20 de enero de 2029, fecha en la que el millonario neoyorquino acabará su segundo y último mandato.

Sin embargo, Trump, inmerso en su realidad paralela, insiste en sostener en público lo contrario: "Creo que la guerra terminará inmediatamente después de las elecciones", dijo el miércoles a los periodistas antes de viajar a Dallas, donde intervino en la convención republicana de cara a las elecciones legislativas de noviembre.

Un tanque del ejército yemení apoyado por Arabia Saudí abre fuego contra los hutíes. Media Centre Of The Yemeni Armed Forces/ Reuters

Los iraníes, añadió, no pueden aguantar mucho más y se agarran a la esperanza de que ganen los demócratas. En el mismo acto, amenazó una vez más con atacar Pickaxe Mountain, la instalación de ensamblaje de centrifugadoras que quedó fuera de la primera oleada de bombardeos.

El calendario no acompaña al presidente: las elecciones de medio mandato se celebran el 3 de noviembre y hasta el relevo en la Casa Blanca quedan después algo más de veintiséis meses, el horizonte con el que ya trabaja su gabinete. Vance, que la semana pasada evitó llamar “guerra” a la confrontación, rechazó fijar plazos artificiales.

La caída de Moca añade un frente que no se resuelve con portaaviones: la costa del mar Rojo la disputan un ejército yemení en repliegue y una aviación saudí que bombardea a cuarenta salidas por jornada. Sin ayuda decisiva, el coste lo pagará todo el planeta.

Una guerra que atraviesa mandatos y fronteras

Y esa ayuda, como es habitual, se espera que llegue de Estados Unidos, que, efectivamente, está poniendo su granito de arena, pero midiendo en exceso riesgos y consecuencias. Según informa el portal Axios, el propio heredero al trono y primer ministro del país, Mohamed Bin Salmán, llamó personalmente este jueves hasta dos veces al presidente Trump para solicitarle que bombardeara las posiciones hutíes, a lo que el presidente estadounidense se negó en redondo.

Una decisión que puede acercar más a Arabia Saudí a sus compañeros estratégicos Pakistán y Turquía y alejarla de Washington, algo que puede suponer un problema geopolítico de primera magnitud a corto o medio plazo.

Por eso mismo, pese a no atender las exigencias de MBS, Estados Unidos mantiene más de un centenar de asesores militares -unos doscientos efectivos contando el conjunto del dispositivo, según un funcionario norteamericano- para prestar apoyo de inteligencia y de designación de objetivos a Riad en su campaña contra los hutíes, según revelaron a la CNN cinco fuentes conocedoras de la operación.

El despliegue se encuadra en un mando conjunto creado hace unas semanas, cuando Washington detectó que Teherán intensificaba su ayuda a los ataques de la milicia contra Arabia Saudí. Entre lo facilitado figura una herramienta que permite seguir el campo de batalla en tiempo real, comparable al sistema Maven que emplea el Pentágono, y apoyo "geoespacial" para fijar blancos.

Dicho esto, ese respaldo tiene límites estrictos. Las mismas fuentes precisan que el ejército estadounidense no participa en los bombardeos, no reabastece en vuelo a la aviación saudí y no aporta el apoyo operativo que sí prestó en campañas anteriores contra los hutíes.

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Pesan los años de asistencia a Riad durante las administraciones de Barack Obama y el primer mandato de Trump, a los que se atribuyó un elevado número de víctimas civiles, y el recelo a quedar asociados a un ataque que salga mal. Un responsable del departamento de Defensa se limitó a responder que no comenta "asuntos relacionados con la inteligencia".

Lo que empezó como una campaña militar para evitar que Irán consiguiera desarrollar armas nucleares y, de paso, intentar un cambio de régimen -de lo contrario, los ataques no habrían comenzado con el asesinato del ayatolá Alí Jamenei-, se ha convertido en una especie de todos contra todos en la región.

Obviamente, alguien calculó muy mal las consecuencias de remover un avispero que ya existía antes que Trump, pero que Trump no ha sabido ni querido calmar. Su manía de quedarse siempre en un término medio, que se puede resumir en el acrónimo TACO, ha dejado todo empantanado: ni hubo valor para enviar tropas y culminar la operación, ni hay firmeza para detener la guerra híbrida que Irán lleva a cabo en Oriente Próximo.

Todo, mientras se elogia una y otra vez a Rusia y a Putin, los grandes amigos de Irán en Occidente. Un disparate absoluto.

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