La sala del 091 comisionó con urgencia a varias patrullas policiales a las 14:18 horas tras recibir un aviso de amenazas graves: una mujer en un estado de gran nerviosismo estaba alterando el orden. La paciente había quemado una papelera tras amenazar con un arma blanca de grandes dimensiones a una sanitaria. Estaba desquiciada por la tensión y el convencimiento de que su pareja podía aparecer en cualquier momento para matarla, y por este motivo llevaba un cuchillo cuando salía a la calle para defenderse si fuera necesario.
Poco antes, la joven había encendido un cigarrillo en el interior de las instalaciones sanitarias. Cuando una enfermera se aproximó para recriminarle su conducta y exigirle que apagara el tabaco, la mujer esgrimió un cuchillo de submarinismo de 11 centímetros de hoja.
En una actitud de descontrol alimentada, al parecer, por el delirio del miedo, blandió el puñal hasta en tres ocasiones y gritó a la sanitaria que se apartara. La enfermera retrocedió y se puso a salvo. Acto seguido, la novia del parricida corrió hacia la calle y arrojó el arma al suelo para intentar desprenderse del arma ante la inminente llegada de los coches patrulla.
Amenazas nacidas del pánico
El episodio no concluyó ahí. Mientras permanecía sentada en un banco junto al centro de salud, una facultativa se acercó a ella con la intención de convencerla para que volviera a entrar y completar su tratamiento. Al evaluar sus antecedentes y el cuadro de extrema alteración que presentaba, la doctora le comunicó su intención de gestionar un traslado de urgencia al hospital para una valoración psiquiátrica. La respuesta de la joven, acorralada por la angustia y la negativa a ser ingresada, fue tajante: «Como me mandes al hospital, cuando salga te voy a matar».
Los agentes de la Policía Local y la Policía Nacional tardaron muy poco tiempo en llegar, detuvieron a la mujer y se incautaron del cuchillo. Tras ser trasladada al Hospital General para que recibiera asistencia médica y luego a la Inspección Central de Guardia (ICG) en el complejo de Zapadores, la detenida no hallaba consuelo. No entendía de leyes ni de arrestos: su único pensamiento seguía anclado en la peligrosidad de su novio.
El cuchillo no parecía un instrumento de agresión premeditada, sino un arma defensiva por si el joven ruso venía a por ella. Sin embargo, ante la gravedad del incidente y la amenaza de muerte, la Conselleria de Sanidad activó el protocolo establecido frente a agresiones y amenazas al personal sanitario, el cual incluye asesoramiento jurídico a las víctimas.
El final de la pesadilla
El desenlace de la angustia llegó sobre las seis de la tarde. En dependencias policiales, mientras se instruían las diligencias por amenazas graves y tenencia ilícita de armas, los agentes le comunicaron la noticia que adelantó este medio: Danil acababa de ser localizado y arrestado por la Policía Nacional cerca del Hospital Ascires en la avenida de Tres Cruces.
Solo en ese instante, sabiendo que el parricida de San Isidro estaba ya desarmado y detenido, la joven comenzó a tranquilizarse. La pesadilla de diez días de asedio invisible había terminado, aunque había dejado tras de sí una estela de caos, unos momentos de tensión en el centro de salud y un cuchillo tirado sobre el asfalto.
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