LA TRIBUNA
Dilemas éticos de la IA: el (ex)autor ante el espejoQuien se decante por la IA se perderá algunos beneficios inherentes a la utilización exclusiva de medios personales
Regala esta noticia Añádenos en GoogleJOSÉ M. DOMÍNGUEZ MARTÍNEZ
CATEDRÁTICO DE HACIENDA PÚBLICA DE LA UNIVERSIDAD DE MÁLAGA
31/05/2026 a las 02:00h.Enfrente, solamente un folio en blanco, desafiante. Se vuelve acuciante a medida que avanza el reloj sin que en él vayan apareciendo las palabras aspirantes ... a ocupar su espacio. No se sabe si es peor tener un objetivo temático marcado exógenamente o uno de libre elección. Casi inevitablemente, vienen los recuerdos de aquellas clases en el Instituto, cuando la exigente profesora de Literatura, improvisadamente, encargaba una redacción in situ, a completar con escaso margen. Para quien no ejerce el elevado oficio de escritor, elaborar un artículo, pongamos por caso, de unas 800 palabras, requiere cubrir una serie de fases: la selección de un tema, su contextualización, la exposición de la tesis central o de las ideas básicas que se pretende transmitir, la ilustración de aspectos concretos, o la alusión a cuestiones relacionadas o contrapuestas, y algún tipo de recapitulación o de planteamiento de líneas de reflexión o análisis.
El historiador Niall Kishtainy plantea que si, a raíz del despliegue de la Inteligencia Artificial (IA), podemos estar ante una nueva revolución industrial, si bien advierte de que, a tenor de la historia, cabe pensar que pasará tiempo antes de que se manifieste todo su impacto económico. Se vierten ríos de tinta sobre las repercusiones de la IA en ámbitos como la industria, la informática, la organización empresarial, la educación, el empleo o la distribución de la renta. Sus aplicaciones son ilimitadas. Dado su potencial para sustituir la creatividad humana, afecta de manera muy singular a quienes se dedican a la investigación, la docencia o la literatura, en sus distintas variantes. Ahora bien, mucho antes de la irrupción de la IA, la originalidad hacía acto de presencia (o de ausencia) en distintos grados: desde reproducciones literales de textos de otros autores -con o sin cita expresa- hasta composiciones completamente novedosas o inéditas, pasando por casos mixtos. Dando por hecho que quien firma el trabajo es el autor declarado. El supuesto de los escritores fantasma es otro asunto. En algunas posiciones, es una práctica admitida o casi obligada, que lleva incluso a conocer la identidad de los redactores. A título de ejemplo, existe el puesto de director de la oficina de redacción de discursos de la Casa Blanca, y en todas las grandes organizaciones, de manera formal o informal, esa función está atribuida a especialistas.
Nos hemos adentrado en una nueva etapa en la que se desafían abiertamente los antiguos esquemas artesanales
Sin embargo, ahora hemos entrado en una nueva era en la que los frutos del árbol del conocimiento del bien y el mal muestran un irresistible atractivo. Según cuentan quienes ya los han degustado, con unas adecuadas instrucciones, y aun mejor con el suministro de materiales de referencia, las herramientas de IA, de manera inmediata, proporcionan composiciones altamente satisfactorias, algo que es fácil de comprobar en su faceta más elemental. La máquina bate, en toda regla, en productividad, cuando no también en resultados, a cualquier amanuense literario.
Si la IA hace lo que el autor, según el estilo que este le dicte, con igual o mayor destreza, y supone un ahorro de tiempo y de esfuerzo tan patentes, ¿por qué no optar ya por ese procedimiento tan eficiente? No hacerlo puede parecer indicativo de que se comete un auténtico despilfarro. Pero, si se acepta la manzana de ese prodigioso árbol del conocimiento, surge un problema no menor, el de las implicaciones éticas, algo lógicamente circunscrito a quienes valoren esta vertiente. Así, al publicar un artículo basado en la IA, ¿debe explicitarse que se ha hecho uso de esta, indicando el correspondiente porcentaje?, ¿debe señalarse simplemente que se ha utilizado como elemento auxiliar?, ¿debe ocultarse su uso?
Quien se decante por la IA para preparar una clase, elaborar un artículo o redactar un discurso se volverá, aparentemente, mucho más productivo, pero también se perderá algunos beneficios inherentes a la utilización exclusiva de medios personales: los asociados al esfuerzo realizado, a la aventura de navegar por el conocimiento, y a la asunción de todas las fases del proceso creativo, aunque sea a una escala modesta. Se trata de aspectos intangibles, pero no por ello de escaso valor. Puede que alguien los considere costes improductivos que impiden otras actividades. Todo depende de cómo cada cual estime la importancia de unas y otras. La opción no IA tiene ventajas interesantes Permite evitar completamente el mencionado dilema ético, aunque estrictamente en la esfera individual, pues no es fácil detectar la mano de la tecnología. También posibilita disfrutar de una estimulante experiencia personal dentro de las lindes del conocimiento, lo que no tiene parangón.
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