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Distinguida corrida de La Palmosilla

Distinguida corrida de La Palmosilla
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Un quinto toro de categoría dentro de un conjunto castigado por los malos apoyos y muchos puyazos. Adrián se entrega en una faena cumplidora y Navalón firma los muletazos de mayor relieve
Distinguida corrida de La Palmosilla

Un quinto toro de categoría dentro de un conjunto castigado por los malos apoyos y muchos puyazos. Adrián se entrega en una faena cumplidora y Navalón firma los muletazos de mayor relieve

Regala esta noticia Añádenos en Google El torero Fernando Adrián durante la lidia a su primer toro. (EFE)

Barquerito

Pamplona

12/07/2026 a las 23:41h.

Los dos últimos toros de La Palmosilla, cinqueños los dos, fueron más toros de Pamplona que los cuatro primeros, cuatreños todos. Más grandes, más todo. ... Fueron como el huevo y la castaña de la corrida. No parecían de la misma casa. El quinto, 555 kilos, castaño lombardo, playero, corto de manos, cuajadito, fue el de menos peso de lo que va de semana. Por lo que fuera -la edad, el peso, la reata- ganó con ventaja a cualquiera de los treinta y cinco toros vistos por delante en la feria.

El quinto, que salió como casi todos con muchos pies, se dice «alegría», tomó engaño ya descolgado -una revolera de remate de Fernando Adrián, magnífica-, empujó en el caballo -dos excelentes y medidos puyazos de Pedro Iturrralde- y en un quite por tafalleras de Navalón se cantó del todo. Se llamaba Cantarillo y regaló por derecho y con compás del bueno no menos de cincuenta embestidas, todas por abajo y hasta el final, pero descontando las tres banderas de apertura, una breve tanda de no se sabe si bernadinas y, desde luego, los rutilantes pases de pecho con que Adrián remató cada una de las siete, ocho tandas de una profusa faena más brillante en el comienzo ´-el toro vino en distancia fijo y entregado- que en su complejo final, una tanda de rodillas gateando y las dichosas bernadinas, y antes, perdiendo pasos, toreo al natural de buen trazo ligero.

Viento inesperado

El toro repitió y repitió. Y también escarbó un poquito cuando se vio a solas y libre. Casi toda la corrida acusó un alarmante problema de pezuñas delanteras. ¿Los diluvios de invierno en Tarifa? No tan fino de cañas como los cuatreños, el problema fue en su caso menor. La manera de componerse Adrián, arqueada la figura, vencida para atrás, rígida apariencia- restó naturalidad y soltura al trabajo, que llegó a las peñas sin filtros. Un pinchazo, una estocada sin puntilla, una oreja. La ovación en el arrastre fue de gala.

Todo lo que tuvo el primer toro de codicioso, bravo son, lo tuvo de frágil también. La lesión de pezuñas se tradujo en embestidas claudicantes. Un viento inesperado descubrió a Fortes tanto que fue casi imposible sacar un muletazo limpio. Al perder las manos, el toro, además, se quedaba debajo. De la viveza de la primera mitad de corrida fue ejemplo claro un segundo que en permanente agitación no paró de moverse, de ir y venir y volver. Ni dos puyazos traseros ni un volatín a la salida de uno de ellos, mermaron el celo del toro, que se puso pegajoso. El tercero acusó la lesión de pezuñas como el primero, pero no tanto. Muy seguro con él Navalón, embraguetado y firme, muletazos cabales, templados, vertical. Una estocada al segundo empeño. Tragó sangre el toro que tardó en doblar.

El cuarto empujó de bravo en el caballo, los puyazos traseros que son plaga lo dejaron casi fundido. Empujó y quiso, no le dio el aliento. Con su proverbial frialdad, desmayo inerte, Fortes resolvió. Un trasteo demasiado largo. Una tarde con muchas largas de rodillas afaroladas. Tantas que ya parecen una suerte banal. No cuenta.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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