La rotonda
Dos escaños Regala esta noticia Añádenos en Google 04/07/2026 a las 01:06h.Hay críticas que resultan difíciles de entender. El acuerdo alcanzado entre PP y Vox para garantizar la estabilidad del Gobierno andaluz ha despertado una cascada ... de reproches por parte de las fuerzas de la oposición de izquierdas. Están en su perfecto derecho. Lo que cuesta comprender es que quienes hoy censuran ese pacto fueran los mismos que, hace apenas unas horas, no estaban dispuestos ni siquiera a contemplar una abstención que facilitara la investidura de Juanma Moreno. La política tiene estas paradojas. Se cierran todas las puertas y, cuando alguien encuentra una abierta, también se le reprocha haber entrado por ella.
Quizá el verdadero debate no sea con quién pacta cada uno, sino por qué en España hemos desterrado casi por completo la cultura del consenso. Parece que el adversario político ha dejado de ser un rival para convertirse en un enemigo al que no puede concedérsele ni un milímetro de terreno, aunque el interés general aconseje otra cosa.
Nadie pide gobiernos de concentración ni renuncias ideológicas. Sería tan imposible como indeseable. Pero sí sería saludable recuperar la idea de que, en determinados momentos, los grandes partidos que han capitaneado este país en los últimos 50 años puedan y deban ser capaces de entenderse. Gobernar no consiste únicamente en ganar elecciones; también en construir mayorías. Y hacer oposición no debería significar convertir el «no» permanente en la única propuesta política.
Andalucía tendrá un Gobierno porque alguien ha decidido pactar. Esa es la noticia. La otra, mucho más preocupante, es comprobar que seguimos viviendo en un país donde el consenso parece haberse convertido en una palabra sospechosa. Y eso, gobierne quien gobierne, nunca es una buena noticia para la democracia. Ni aquí, ni en ningún otro sitio.
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