El 27 de octubre se celebrarán en el país hebreo unas elecciones que reflejarán el trauma de la masacre de Hamás y tendrán impacto global
Regala esta noticia Añádenos en Google Netanyahu votó en las primarias de su partido, el Likud, el pasado día 17. (EFE) 22/08/2026 a las 19:46h.No existe respiro para Benjamín Netanyahu a poco más de dos meses para la celebración de las elecciones más singulares de Israel, las que decidirán ... cómo quiere ser la sociedad surgida del impacto trágico de la masacre del 7 de octubre de 2023. Las últimas encuestas publicadas el viernes asignan al partido gubernamental, el Likud, un total de 20 escaños mientras su principal rival, el reformista Yashar, encabezado por el exjefe del Estado Mayor Gadi Eisenkot, suma 26. De celebrarse hoy los comicios, el bloque gobernante –donde el primer ministro tiene como aliados a los nacionalistas y ultraderechistas Otzma Yehudit y Sionismo Religioso– alcanzaría 49 asientos en el Parlamento, pero la oposición en pleno tendría 60; solo uno menos de los necesarios para la mayoría.
6,2
millones de israelíes
están convocados para las elecciones de Israel del próximo 27 de octubre.
La primera cita electoral de los israelíes tras la matanza de Hamás determinará la configuración social y política de una nación que tiene la economía número 27 del mundo en PIB, un notable desarrollo, calidad de vida y que es puntera en la industria de la alta tecnología, pero ha sido golpeada en lo más profundo del alma. En las papeletas tendrán peso factores hasta ahora ausentes en otros comicios como el dolor, el miedo, el hastío, la búsqueda de la seguridad y los pros y contras de la gestión de un atentado que dejó casi 1.300 vidas masacradas y 245 rehenes, cuya suerte ha marcado profundamente el devenir de la legislatura.
Lo que se decidirá en otoño no es solo el rumbo del país, sino la trayectoria inmediata del jefe de Gobierno. Existe una acusada impresión de que el 27 de octubre tendrá lugar subsidiariamente un plebiscito sobre Netanyahu. «Si en Rusia se celebraran elecciones democráticas ahora, ¿cuál sería el tema principal de debate? La continuación de la guerra con Ucrania y Putin. En el Estado de Israel, que también ha tenido un líder muy fuerte durante 17 años, el tema central de las elecciones es Netanyahu», explica el exportavoz del primer ministro, Nir Hefetz, en 'The Jerusalem Post'.
Al gubernamental Likud le ha salido un fuerte rival en Gadi Eisenkot, que lo desbanca en las encuestas
Hay dos sombras que pesan sobre Bibi, el apodo con el que se conoce al jefe de Gobierno. Su perfil resulta cada vez más autoritario y la gravedad de la ultraderecha tira de él hacia decisiones radicalizadas. La otra sombra, al alza, se llama Gadi Eisenkot. Neófito de la política, el militar ha fundado el partido Yashar con la idea de sembrar nuevos parámetros en la polarizada política hebrea. De carácter centrista, sus fundamentos consisten en garantizar la seguridad del país por encima de todo y poner en marcha una reforma basada en pautas como la democracia directa, la transparencia de la gestión y la designación de líderes moderados.
Eisenkot, de 66 años, es una figura de contrastes que se ha ganado una elevada popularidad ciudadana y es el preferido por los reservistas, lo que supone una fuerza notable de votos. Son 300.000 efectivos en un país de diez millones de habitantes, de los cuales algo más de seis están en condiciones de votar. En 2008, el antiguo jefe el ejército se erigió en uno de los impulsores de la doctrina Dahiya, consistente en represaliar a la población civil del adversario con enorme fuerza militar para conseguir la capitulación o el derrocamiento de su gobierno. Pero al mismo tiempo es un veterano pragmático que apoya la desmilitarización y el desarme completo en Gaza, así como la solución de los dos Estados aunque bajo estricto control de seguridad hebreo. Eisenkot perdió a un hijo a finales de 2023 cuando Hamás hizo explotar el túnel que inspeccionaba junto a su patrulla. Es un hombre que concita la simpatía nacional, cuyo discurso sobre la necesidad de «recuperar la dignidad» atrae al israelí moderado y de clase media.
La figura de Netanyahu, por el contrario, se ha nublado paulatinamente y en nada le ayudan noticias como la de que quiere incluir a su hijo Yair en la lista electoral como candidato designado libremente por él. Las primarias celebradas en el Likud no le han importado a nadie. No es determinante quién va detrás de Bibi, sino Bibi en sí mismo.
La reforma judicial
Al jefe del Ejecutivo se le escruta hoy con mayor intensidad que en 2022 y que a finales de 2023, en plena respuesta militar contra Hamás. La cuestión palestina o la guerra de Gaza siguen siendo muy importantes. Llenan las conversaciones y han sido asuntos troncales del Gobierno en estos tres últimos años, pero ya no acaparan la política. Los asuntos internos han cobrado fuerza a medida que la población gana sosiego. La polarización ha aumentado. Y a medida que la niebla de la guerra se disipa, permite entrever otros aspectos cruciales de la realidad israelí, como la situación judicial de Bibi –procesado por distintos casos de corrupción–, la erosión de la democracia y las tensiones entre esta y una deriva hacia el autoritarismo que se ha manifestado en leyes restrictivas, concesiones a los colonos o una mayor asunción de postulados ultraortodoxos.
La producción legislativa del gabinete roza, para muchos, con los límites democráticos. La justificación de la crisis militar ha vuelto más inmune al Ejecutivo.A mediados de julio, justo antes de su disolución por las elecciones, la Knesset aprobó una batería de medidas para reducir el poder de la Fiscalía General y, en consecuencia, del control jurídico al Ejecutivo. Suena a la misma injerencia gubernamental sobre el poder judicial que ya asomó con las reformas anteriores, que incluso llevaron a decenas de miles de reservistas a negarse en su día a prestar servicio.
Las modificaciones entrarán en vigor el 1 de enero de 2027, lo que sube las apuestas de cara a los comicios de octubre. El Instituto Israelí para la Democracia advierte del riesgo de «fortalecer al Gobierno y eliminar los controles sobre su poder de una manera que desestabilizaría la democracia y su protección del Estado de Derecho y los derechos humanos». El malestar popular aumenta con los rumores de que el gabinete quiere incrementar también el control sobre la radiodifusión. Ninguna de estas medidas parece tener una fácil admisión por parte del votante medio, sobre todo cuando su primer ministro está acusado de fraude y aceptación de sobornos y ha dilatado su procesamiento con la excusa de la guerra.
La situación bélica ha generado, por otra parte, disensos inéditos. Ha hecho que se contemple como un indecoroso privilegio la exención del servicio militar obligatorio que disfrutan los haredíes, dedicados al estudio de la Torá, mientras miles de reclutas, militares profesionales y reservistas han pasado –y pasan– largos periodos en Gaza o en el frente de Líbano, sumidos en la incertidumbre. Netanyahu no ha sabido responder tampoco a esta demanda de una sociedad en proceso de cambio.
Sorprende el interés del máximo dirigente hebreo por incendiar la política internacional
Al contrario. La postgestión de la guerra sigue siendo un tropiezo en su camino. Consolidar la bula de los ultraortodoxos es un ejemplo. Pero hay más. El dirigente que se autodenominó «garante» de la seguridad de Israel se ha zafado hasta ahora de asumir responsabilidades por la brecha de seguridad del 7 de octubre de 2023, tiene pendientes tres conflictos enquistados (Gaza, Irán y Líbano) y ha sumido al país en un aislamiento internacional rampante. El próximo gabinete deberá lidiar con todo ello y los sondeos apuntan a que los hebreos consideran mejor a Eisenkot para una misión que necesita un político de consensos y un nuevo protector interno.
Netanyahu impresiona por su empeño en jugar al límite. La última polémica consiste en un cartel electoral del Likud donde equipara como «hostiles» al Líder Supremo de Irán, Mojtaba Jamenei; al jefe de Hezbolá, Naim Qassem; al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y al alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani. Un 'totum revolutum' que a los diplomáticos les suena a exceso. A un interés electoral en incendiar la escena internacional. A aplicar el aserto de cuanto peor, mejor. Y la cosa funciona. El líder otomano acaba de pedir a Interpol el arresto de Netanyahu por crímenes de guerra mientras este le ha calificado de «dictador antisemita».
Bibi ha roto también con el antiguo plan de paz de Donald Trump en un giro sorprendente. La fisura entre los dos mandatarios y antiguos amigos resulta manifiestamente ancha y el presidente de EE UU ha asegurado que no sabe a quién apoyará en octubre. Alarma, alarma. Es evidente el recado al primer ministro para que sea prudente y de que su amistad ha caído al mínimo. También es un mensaje al electorado de que su próximo Ejecutivo deberá esmerarse para recomponer la antigua alianza entre Washington y Tel Aviv.
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