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Eclipses

Eclipses
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El bloc del cartero

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Lorenzo Silva

28/08/2026 a las 12:50h.

Algo cabe celebrar del reciente eclipse vivido en buena parte del territorio español el pasado 12 de agosto: quienes lo presenciamos, con carácter general, sentimos ... que no sólo no defraudaba, sino que superaba nuestras expectativas. En una época de cinismo y de gente que está de vuelta de todo antes de salir, es una saludable y reconfortante novedad que las ilusiones se cumplan, e incluso se vean desbordadas. Haber tenido un minuto y medio para apreciar que la vida nos ofrece maravillas que compensan sus miserias es un regalo que al menos algunos recordaremos con gratitud. Menos ilusión suscitan otro tipo de eclipses, como el que nos hace notar un lector: la falta de personalidades realmente luminosas, reemplazadas por ídolos de dudosa consistencia. O quizá es que las buscamos donde hoy no están.

OTRAS CARTAS DE NUESTROS LECTORES

Ya no hay Cicerones

Tras disfrutar de la trilogía de Robert Harris sobre Cicerón no pude no pensar sobre la notoria ausencia de personalidades fascinantes en la actualidad, personas cuyas vidas y acciones sean provechosas para todos. Cicerón es un claro ejemplo: orador, abogado, político y filósofo, disfrutó de gran reconocimiento, pero también padeció a tiranos y antidemócratas. Hoy, las autoridades políticas, poderosos multimillonarios, famosos del mundo deportivo y cultural o los supuestos referentes éticos no representan un atractivo para profundizar y prender sobre sus vidas. Por ello, acudimos una y otra vez a la vida de históricos sujetos notorios: nos sirven como guía ante los retos actuales. Puede que en el tiempo convulso que vivimos lo más interesante sean las acciones y vivencias de la gente ordinaria que, como los notables personajes de antaño, logran hacer cosas extraordinarias. Pero de esas personas no se escriben historias y sus hitos desaparecen como lágrimas bajo la lluvia. | Santiago Alenza Carro. Madrid

Milagros

¡Cuánto se habló del eclpse! Extraordinario, sin duda. Un autor del siglo pasado, gran filósofo, teólogo y moralista, escribió que él creía en los milagros que se producen cada día. Tan milagro es que un día amanezca y el sol se pare en el cenit y permanezca ahí (decía) como que salga cada día y complete su recorrido. Ojalá nunca perdamos la capacidad de asombro de la que hemos dado muestra estos días, aunque no estaría de más que, de vez en cuando, nos parásemos a pensar en la armonía del cosmos, el silencio sereno con el que se mueven las galaxias suspendidas en el infinito, el estado de equilibrio y paz del universo. ¿No es acaso esto tan portentoso como el eclipse? | Fernando Fuentenebro. Pamplona

Esto es lo que hay

Nueve y media de la noche. En un pequeño y precioso pueblo del Pirineo aragonés. Un saltamontes verde, grande. Un abuelo apoyado en la pared de piedra. Intento coger el insecto y me dice el abuelo: «Ojo, que estos muerden». Ahí comienza una pequeña conversación. Le comento, ya que iba con los nietos, si podríamos ver algunas luciérnagas, esas pequeñas linternas que alucinan a los niños. «Pues no sé qué decirte –responde–: llevo tiempo notando que han disminuido los insectos y las especies de pájaros. Ya no se les oye cantar como antes». Le respondo: «Pues estoy triste y preocupado: es la primera vez en los 38 que llevo viniendo por aquí que veo árboles quemados por el sol en plena selva de Conques». «Yo tengo 80 y también es el primero», me dice. Hace unos años no creía en el cambio climático; ahora, lo tengo ante mis ojos. Nos despedimos tristes con una palmada en el hombro. Esto es lo que hay y nosotros trotando por el mundo como si no hubiera un mañana. | J.L.  Gipuzkoa

Acierto vergonzante

Acierta el gobierno al aprobar un real decreto-ley restringiendo los derechos de extranjeros y demandantes de asilo a fin de solucionar la crisis de Ceuta. El decreto-ley y su posterior convalidación por el congreso de los diputados es la herramienta oportuna para atajar una situación de emergencia y dar un marco legal que permita que las autoridades ceutíes, la policía y el ejército procedan a expulsar, en breve espacio de tiempo, la avalancha humana que irrumpió en Ceuta ante la pasividad, cuando no jaleo, de las autoridades marroquíes. No olvidemos que, aunque nuestra Constitución remite en su artículo 10 a los tratados internacionales en materia de derechos fundamentales, también delega en el legislador la regulación de los derechos de extranjeros y demandantes de asilo en España; sin garantizar unos derechos «plenos» como los que reconoce a los españoles, sino «de configuración legal». Es una medida tardía, pero acertada. Tardía porque debió adoptarse al poco de la avalancha interesada de inmigrantes en Ceuta, con la misma inmediatez que debió desplegarse el ejército en la frontera. Desde que se empezó a aplicar la «doctrina Trump» de las relaciones internacionales, éstas vuelven a fundarse en la violencia y la intimidación, que sólo pueden atajarse con firmeza ejemplarizante y con contundencia fulminante. Pero también son unas medidas vergonzantes, porque ha tenido que ser la ministra de Defensa, y en sede parlamentaria, la que ha pedido perdón a los ceutíes por la tardanza y el desamparo sufrido durante estas semanas; perdón que debió pronunciarse por los labios del presidente del gobierno y del jefe del Estado, renuentes a cumplir con sus deberes no ya jurídicos o políticos para con los españoles, sino morales para con los desamparados; porque no hay mayor desamparo que quedarse sin patria —como bien saben los vascos expatriados—, sin los recuerdos y el cariño a la tierra y a los vecinos que nos acompaña cuando partimos a tierras extrañas. Muy especialmente cuando el desamparo se produce en la frontera misma de la patria que retrató Miguel de Cervantes en el Quijote, y en la que sufrió cautiverio y la otra gran causa de desamparo, la pérdida de la libertad. | Ángel Argüelles López de Maturana. Bilbao

'La Odisea' y el cine

Entre el séptimo arte y la palabra, mis inclinaciones no tienen otra disyuntiva que la amorosa entrega a los poemas homéricos. Quien no ha conocido La Ilíada y La Odisea, no puede considerarse un auténtico lector –Ulises, fértil en ardides, fue uno de los héroes protagonistas en la Ilíada y estrella en la Odisea como Odiseo—, en sus cánticos épicos aprendimos oratoria, declamación, historia, estrategia y astucia, filosofía y teología, respeto y compromiso, infierno y olimpo, humanidad y crueldad, guerras ganadas y perdidas a la vez, derrotas trastocadas en victorias, amor y traición, familia y linaje, amistad y lealtad, soberbia y humildad, ambición y desastre, castigo y gloria, imaginación y realidad, sueños paralelos, la vejez como final y, lo más importante, la lucha entre los mortales y los dioses, los primeros queriendo ser divinos y los segundos pareciendo envidiar a los hombres torciendo su destino, mil riquezas y mil posibilidades surgieron. Ahora tal espinosa y sencilla comprensión se la tienen que presentar a nuestros contemporáneos a través de la gran pantalla del cine o la pequeña del móvil. Leed los textos de Homero nacidos de la tradición oral, posibilitando un universo mejor, aunque sólo sea el referido al mundo del arte (poesía es lo que explicado no tiene sentido). Seguro que seré defraudado en mi lealtad porque tengo la absoluta certeza de que ahora más que nunca cualquier curioso sin paciencia se cansa y se aburre al primer intento, prefiriendo el triunfo de la imagen rindiendo la palabra. Pero texto e imagen en esta modernidad deberían ser una simbiosis imprescindible, y si la película sobre Odiseo conduce a la lectura, estoy de nuevo dispuesto a traicionar mis lealtades.  | Miguel Angel Quintela Prieto.  Culleredo

Nuestro eclipse

Múnich. Media mañana. 11 de agosto de 1999. Un sol intenso, casi mediterráneo, ilumina la Marienplatz. De repente, el cielo se oscurece y un viento frío nos obliga a acelerar el paso, cogernos de la mano y refugiarnos. No sabemos qué está pasando. ¿Tormenta súbita de verano?, ¿nubes negras camino de la selva del mismo nombre? ¡El eclipse!, ¡el eclipse!, exclaman los turistas españoles. ¡Finsternis, finsternis!, manifiestan los muniqueses. En pocos minutos desaparecen las nubes y regresa el sol a iluminar la mañana. Seguimos caminando cogidos de la mano. Nos miramos indulgentes. «Sabes que me tienes a tu lado a pesar de los reproches», «creo que no eres tan esquivo y falto de sentimientos como me parece», «a pesar de todo, me quiere», «haré un esfuerzo por reconciliarnos de nuevo». El eclipse se ha convertido en involuntario terapeuta natural, ha quebrado el hielo que nos tenía distantes. ¡Bienvenido seas!, ¡No eclipses por siempre nuestro amor en ciernes! Sigue cegando, sin previo aviso, nuestros desencuentros. Pero sé breve, emocional, benigno y generoso con este amor tormentoso y apasionado. Aunque, presiento y me temo que, no siendo tus visitas frecuentes, nuestro amor se eclipsará irremisiblemente. España. Atardecer. 12 de agosto de 2026. Un eclipse total muy anunciado y esperado. Llegas tarde. Diez años hace que se perdieron nuestras manos. | Víctor Calvo Luna.  Valencia

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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