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Economía a prueba de guerra

Economía a prueba de guerra
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El precio del conflicto (al margen de lo macro) ya lo estamos notando todos. Nunca mejor dicho, porque es una cuestión de precio, principalmente del de los carburantes y su imparable escalada

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Una persona reposta en una gasolinera. EP Newsletter 'Claves económicas' Economía a prueba de guerra

El precio del conflicto (al margen de lo macro) ya lo estamos notando todos. Nunca mejor dicho, porque es una cuestión de precio, principalmente del de los carburantes y su imparable escalada

Lucía Palacios

Madrid

Viernes, 20 de marzo 2026, 09:56 | Actualizado 10:12h.

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Desgraciadamente, no se está viviendo una guerra relámpago, tal y como confiaba Donald Trump. Mañana se cumplen ya tres semanas del ataque a Irán y, a día de hoy, no hay certezas sino tan solo deseos de que termine con prontitud. Pese a esta incertidumbre geopolítica, los bombardeos aún no resuenan con fuerza en la economía española, que, según diferentes organismos y estudios de análisis, tiene capacidad para resistir al haber hecho los deberes.

¿Cuánto tiempo? Eso ya no se puede responder, pero si, tal y como se espera, el conflicto se resuelve en unas dos o tres semanas, España puede sortear los efectos de la guerra en su actividad económica y empresarial y continuar navegando, con su velocidad de crucero, casi como si no se hubiera producido este oleaje.

Es un chute de optimismo, no cabe duda. Y no viene mal de cuando en cuando, pues parece que autoflagelarnos -y los dramas- es nuestro deporte nacional. Si no hay giros de guion y la guerra no se alarga durante meses -entonces ya sí que debemos preocuparnos-, nuestra actividad económica seguirá creciendo con fuerza, un 2,4% este año, según previsiones de Funcas y BBVA Research. La factura que dejará Irán será un recorte de dos décimas que apenas se notará, sino que supone no elevar al alza. Es decir, la secuela que provocará el conflicto es una congelación de la previsión de crecimiento, que ya es muy sólido.

El diésel se dispara más de un 30%

Pero tampoco pasemos de un extremo a otro (de las tragedias a las comedias) y lancemos ahora las campanas al vuelo. El precio de la guerra (al margen de lo macro) ya lo estamos notando todos. Nunca mejor dicho, porque es una cuestión de precio, principalmente del precio de los carburantes y su imparable escalada.

Desde el pasado 28 de febrero, cuando Israel e Irán comenzaron a bombardear Irán, el diésel se ha disparado ya un 31% -44,8 céntimos por litro- y la gasolina, un 19% -28,2 céntimos por litro-. Es más, el precio del diésel le ha dado el 'sorpasso' a la gasolina y ya supera los dos euros en algunas grandes cadenas. La velocidad con la que se han encarecido los combustibles en esta guerra ha sido mayor que durante la invasión rusa a Ucrania, aunque aún no hemos llegado al máximo que se registró en 2022.

España es el segundo país de la Unión Europea donde más han subido los carburantes, solo por detrás de Chequia, pese a ser el país que menos dependencia tiene del gasóleo proveniente de esa zona de conflicto. Esta inusitada rapidez con la que las petroleras han trasladado la subida del barril del petróleo -que ayer volvió a superar la barrera de los 110 dólares- al surtidor está bajo la lupa del Gobierno y Competencia, que investiga si se están cometiendo incrementos injustificados, puesto que aún están tirando de las reservas previas a la guerra.

400 euros más para el taxista

Y esta escalada de precios, evidentemente, deja ya su huella. En las familias pero, principalmente, en los profesionales del transporte. Ayer mismo un taxista se me quejaba de Trump y «sus ideas de bombero»: «Antes echaba cada día en el coche 9 euros, ahora 22». «¿Y a mí quién me paga esos 13 euros de más que me cuesta llenar el depósito?», se lamentaba. Casi 400 euros al mes, esa es la factura directa y cotidiana de la guerra para el taxista. Imagínense lo que le supondrá al camionero. Al agricultor, que además está pagando cerca de un 50% más por los fertilizantes.

Por muy preparada que esté ahora España para afrontar este tipo de 'shocks', por mucha renovable que esté actuando como escudo de contención en la subida del precio de la electricidad, también la factura de la luz subirá el próximo mes. Y el siguiente. Un sobrecoste que será elevado principalmente para la industria más intensiva en el consumo de energía. El Gobierno centrará las ayudas que aprobará hoy en el Consejo de Ministros en aliviar a estos sectores más afectados, pero finalmente también incluirá rebajas fiscales que afectarán a todos los hogares, como reducir el IVA de los carburantes, la luz y el gas del 21% al 10%.

El impacto final y definitivo de la guerra va a depender de la duración del conflicto, de conseguir que esta subida de la inflación, que se situará ya en marzo en un 3,5% y llegará al 4% en abril, sea momentánea y no se traslade un efecto de segunda ronda, en cadena, al resto de productos de la cesta de la compra, lo cual ya volvería a provocar una fuerte erosión en el poder adquisitivo de los hogares españoles que aún no han logrado remontar los recortes de anteriores crisis.

Los ojos, una vez más, están puestos sobre Trump, al que tampoco le interesa una guerra larga y necesita que la economía y el empleo de EE UU reviva antes de someterse en noviembre a las elecciones de medio mandato.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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