Los dos países comienzan un nuevo pulso de resistencia con la economía y el precio del petróleo como armas
Regala esta noticia Añádenos en Google Una mujer iraní cruza delante de un mural en Teherán que simboliza la derrota de EE UU. (EFE) 18/08/2026 Actualizado a las 20:00h.Superados los 60 días del acuerdo de alto el fuego alcanzado por Estados Unidos e Irán, Donald Trump recurrió a su plataforma Truth Social para ... compartir una imagen del mapa del estrecho de Ormuz con el texto «Nuevo territorio de Estados Unidos». El presidente afirmó que Ormuz «está abierto y operativo» y que «todas las minas navales han sido removidas o detonadas», pero sus palabras están muy alejadas de la realidad de un estrecho al que ayer regresó la violencia con el ataque a un barco y las alarmas en Emiratos Árabes Unidos tras detectar la amenaza de un misil. La incertidumbre tras el final del plazo de dos meses de alto el fuego disparó los precios y el crudo Brent superó los 90 dólares por barril por primera vez desde el 30 de julio.
Después de varias semanas sin incidentes, un buque no identificado fue alcanzado por «un proyectil desconocido» cuando atravesaba aguas omaníes, causando «una baja entre la tripulación», según la agencia británica United Kingdom Maritime Trade Operations. La agencia aseguró que la sala de máquinas resultó dañada y que los restantes miembros de la tripulación fueron asistidos por la Guardia Costera de Omán. Irán no hizo comentarios sobre el ataque, pero todas las miradas apuntaron en su dirección. En el pasado ha demostrado su capacidad de cerrar el estrecho a base de ataques de este tipo.
El presidente estadounidense clama victoria en Ormuz, pero la media de barcos que cruzó el estrecho durante la última semana fue de unos 12 al día, frente a más de 130 diarios antes de la guerra lanzada por estadounidenses e israelíes contra la república islámica a finales de febrero. El desplome del tráfico por este punto por el que circulaba una quinta parte del suministro mundial de petróleo ha elevado los precios hasta niveles no vistos desde finales de julio.
La guerra se ha transformado para iraníes y estadounidenses en una especie de prueba de resistencia económica cuyo final no se vislumbra. Los primeros sufren desde hace años unas sanciones devastadoras que hicieron que las calles explotaran en enero con las mayores revueltas de la historia de la república islámica, que el régimen silenció de forma brutal. Los segundos ven cómo la inestabilidad de Ormuz eleva el precio de la energía, aumenta el descontento entre los ciudadanos de su país y hunde los niveles de popularidad de Trump a las puertas de las elecciones de medio mandato de noviembre.
Tras ver el mensaje de Trump en redes sociales, Kazem Gharibabadi, viceministro de Exteriores, señaló que, «pronto, el delirio de Trump respecto al estrecho de Ormuz será corregido, o nosotros corregiremos los delirios de este hombre delirante». Gharibabadi pidió a la Casa Blanca que «acepte la realidad de una vez por todas» porque el estrecho «ha sido iraní, es iraní y seguirá siendo iraní».
La guerra ha descubierto a los persas que Ormuz es un arma poderosa y no aceptan volver a la situación prebélica, cuando los barcos cruzaban con toda libertad por el estrecho. El presidente del Parlamento y jefe negociador, Mohammad Bagher Ghalibaf, adelantó ayer que esta vía marítima «permanecerá cerrada hasta que EE UU cumpla las condiciones del acuerdo provisional, entre ellas levantar el bloqueo marítimo y las sanciones, así como liberar los activos iraníes congelados».
Diálogo clave
A pesar de que inicialmente afirmó que la guerra pretendía derrocar al régimen islámico, degradar gravemente su capacidad de misiles e impedir que consiguiera un arma nuclear, la reapertura de Ormuz se ha convertido en la prioridad para Trump. La diplomacia trabaja de manera intensa para intentar reconducir la situación y Qatar afirmó ayer que los mediadores esperan a un acuerdo bilateral entre Irán y Omán antes de retomar las conversaciones más amplias entre la república islámica y Estados Unidos.
El diálogo entre Teherán y Mascate es clave para fijar las nuevas normas de circulación, pero preocupa a Washington porque, si sale adelante, supondría una solución regional por la que los países del Golfo podrían presionar para levantar el bloqueo. Esto inquieta al presidente y por eso no dudó a la hora de amenazar con bombardear Omán si no se aviene a aceptar sus exigencias.
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