Un mural que representa a César Chávez en Los Ángeles. Reuters
EEUU EEUU cancela a César Chávez, su gran mito del sindicalismo, tras las denuncias de violación y abuso de menoresVarias asociaciones se retiran del 31 de marzo, 'Día de César Chávez', tras decenas de denuncias, entre ellas la de su excolaboradora Dolores Huerta.
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Itziar Nodal Corresponsal en EEUU Publicada 20 marzo 2026 02:57hLas claves nuevo Generado con IA
Un nombre. Un mito. Y ahora, una caída. César Chávez, icono del sindicalismo latino en Estados Unidos, se enfrenta a una crisis sin precedentes tras las acusaciones de abusos sexuales que sacuden su legado y abren una revisión incómoda de su trayectoria.
Su presencia va mucho más allá de la historia. Su nombre está en calles, colegios, parques y edificios públicos de todo el país. En California, el 31 de marzo, día de su cumpleaños, es festivo estatal. Su imagen aparece en murales, libros de texto y actos políticos. Su busto estuvo, hasta la llegada de Trump, en el despacho oval.
Ganó la mayor condecoración civil de Estados Unidos. Y durante décadas ha funcionado como referencia moral dentro del relato progresista y como símbolo de la lucha de los trabajadores agrícolas.
Auge y caída de Cilia Flores: de primera combatiente chavista y colocadora de 40 familiares a presa por 'narco' en Nueva YorkEse equilibrio ahora se rompe. Las denuncias no solo cuestionan su comportamiento. También afectan a la forma en que se construyó su figura y obligan a revisar un legado que durante años se sostuvo sin apenas fisuras.
Menores, poder y un patrón
Ana Murguia tenía 13 años cuando recibió la primera llamada. El líder al que admiraba la citó en su despacho. Caminó hasta el edificio, cruzó la oficina y entró. Él cerró la puerta.
A partir de ahí, según su testimonio, los encuentros se repitieron durante años. Siempre en el mismo espacio. Chávez le hablaba de soledad, la llevaba a una esterilla de yoga que utilizaba en su despacho, la besaba, le bajaba los pantalones y le pedía silencio después. “No se lo digas a nadie. Se pueden poner celosas”, le decía.
Murguia sitúa estos episodios entre los 13 y los 17 años. Él tenía 45 y ya era la figura central del movimiento campesino, con proyección nacional, rodeado de seguidores y protegido por una estructura que dependía directamente de su liderazgo.
Su historia se cruza hoy con otra imagen. Una calle en Bakersfield, la ciudad donde creció Ana, a punto de llevar el nombre de quien abusó de ella durante años.
Debra Rojas describe un patrón similar. Tenía 12 años cuando comenzaron los encuentros. Primero eran solo tocamientos. A los 15, durante una marcha del sindicato, mantuvieron relaciones sexuales en un motel. Por su edad, ese encuentro se considera legalmente una violación.
Ella relata que Chávez le prometió un futuro juntos en México, le pedía que no quedase con ningún otro chico. Incluso le mandaba canciones de amor.
Dolores Huerta frente al mural que la representa en su Fundación. REUTERS/Mike Blake
Los testimonios coinciden en la dinámica. Contacto directo del líder. Relación construida desde la admiración. Un proceso en el que la cercanía se convierte en control. Una herida que no desaparecería nunca. Ambas intentaron quitarse la vida en varias ocasiones antes de cumplir la mayoría de edad.
El escenario siempre es el mismo: La Paz, el complejo del sindicato en las montañas de Tehachapi (California), donde convivían organizadores, familias y el propio Chávez. Y el patrón no se limita solo a menores. Sesenta mujeres adultas vinculadas al sindicato describen situaciones similares.
Entre ellas, Dolores Huerta, cofundadora del movimiento, que señala una agresión en los años sesenta. Ella tenía 36 cuando Chávez la llevó en coche a un viñedo y la forzó sexualmente, explica.
Terminó siendo la mujer de su hermano y madre de sus sobrinos. En ese momento decidió no denunciar. Tenía miedo a que eso destrozara el movimiento por el que tanto había luchado. Pensó que nadie la creería.
Las acusaciones no se sostienen solo en relatos recientes. Existen elementos que las respaldan con el paso del tiempo: testimonios compartidos hace décadas, correspondencia, documentos internos y registros que muestran la cercanía del líder con mujeres y niñas dentro del entorno del movimiento.
Incluso correos electrónicos en los que se detalla que, cuando alguien hablaba a Chávez del tema, él se limitaba a carraspear. Parte de ese material se conserva en archivos creados precisamente para preservar su legado.
Nunca antes había salido a la luz. Cada intento de las afectadas de hacerlo público, incluso en grupos de redes sociales, terminaba con mensajes eliminados.
Una revisión que nadie quería abrir
Las respuestas han sido inmediatas, pero limitadas. La Unión de Campesinos canceló las celebraciones del Día de César Chávez antes incluso de que se conocieran todos los detalles de la investigación que el Times ha sacado a la luz.
El sindicato calificó las acusaciones de "impactantes" y optó por marcar distancia. A partir de ahí, la respuesta se vuelve más prudente.
California ha integrado la figura de Chávez en su identidad política e institucional. Los líderes del estado expresan apoyo a las víctimas y reconocen la gravedad de las acusaciones, pero no anuncian cambios inmediatos. Se abre una fase de evaluación.
"Necesitamos tiempo para hacer esto bien, incluyendo garantizar que quienes lo necesiten tengan acceso a servicios psicológicos enfocados en el tratamiento de traumas", declaran.
Estatua conmemorativa de César Chávez en Los Ángeles. EFE/EPA Chris Torres
La familia del líder adopta una posición cauta. Reconoce el impacto de las denuncias, pero evita pronunciarse sobre su veracidad. “Como familia arraigada en los valores de equidad y justicia, honramos las voces de quienes se sienten ignorados y denuncian conductas sexuales inapropiadas”, han expresado en un comunicado.
Del sobrino médico de Vladimir Padrino a la hermana cónsul de Diosdado Cabello: radiografía de la élite chavista en EspañaUn legado atravesado por el silencio
Todo esto irrumpe en un momento en el que la figura de César Chávez había recuperado peso político en Estados Unidos. En plena etapa de endurecimiento del discurso migratorio, su legado había vuelto a utilizarse como referencia. Como símbolo de resistencia. Como prueba de que los avances de la comunidad latina no habían sido concesiones, sino conquistas.
Lo que se plantea ahora no es solo una revisión del pasado. Es una discusión sobre el presente. Sobre qué hacer con un hombre que sigue en calles, colegios y discursos institucionales. Sobre si ese legado puede mantenerse tal y como está o si necesita ser reescrito.
También obliga a plantearse lo que una comunidad está dispuesta a callar o tapar por proteger una causa.